Por Enrique [email protected]
“Me hice este bastoncito con la rama de un limonero que tengo en casa. Es flexible, igual al de Carlitos Chaplín. Está engarzado en oro ¿ves? (y muestra una moneda de 50 guitas que salió de circulación en los 70). Te lo vendo en $80”. El cliente, un norteño que dice que anda “buscando un bastoncito, yo, para mi mamá”, regatea y ofrece $75. Armando Beningazza se mantiene firme: “No, $80. Lo hice para mí porque ando mal de las bisagras, pero no importa, te lo vendo y me hago otro”.
Don Armando tiene “83 años y medio” y un puesto ambulante, montado sobre un Fiat 125 modelo 77, repleto de juguetes de madera. “Los hago yo desde que me hicieron cuatro bay pass. Desde ese día ando regalado. Decidí dejarles todo a mis hijos y dedicarme a esto. Fue un 11 de agosto, un Día del Niño”. Su autito está casi tapado de camioncitos, aviones, sillas y mesas pequeñas, baúles… que vende armados o desarmados. “Yo prefiero venderlos desarmados. Les doy todas las piezas, con todo lo necesario para ensamblarlos. Hasta los clavitos y el plano, para que el chico arme el juguete, que aprenda y así también lo valore”. Otro curioso se para y pregunta por el precio de un camioncito. “Se lo dejo en $150, para que usted lo arme en su casa o a $160 así, pintadito y todo”. Armando nació a las 15 del 18 de diciembre de 1930, “el mejor año que ha existido”. Es hijo de inmigrantes italianos que apenas llegados a San Martín pusieron una ferretería “vende tutti”, especialmente de materiales de carpintería. Todavía está hoy, sobre la calle Avellaneda. Se casó hace 54 años con Elba Santilli, con la que tiene tres hijos varones y siete nietos. El mayor de esos nietos, Gabino Beningazza, la tarde del sábado 4 de diciembre de 2010 sufrió un absurdo y gravísimo accidente. Ese día se realizada una nueva edición del General Rock en el parque Agnesi. Había un stand que promocionaba una marca de cigarrillos. Ofrecían tirarse desde escasos 50 centímetros de altura sobre una colchoneta inflable, les sacaban una foto, cambiaban el fondo a la imagen y ponían otra y así el fotografiado parecía estar tirándose sobre una multitud de fans. Gabino se tiró, cayó de espaldas y quedó inmóvil. Se daño la quinta vértebra cervical y quedó cuadripléjico. “Ahora mi nieto está haciendo un tratamiento de rehabilitación en Buenos Aires. Es un tratamiento lento. Mi mujer, por la tristeza, desde ese día del accidente comenzó a tener problemas de salud”, cuenta Armando. Tiene 83 años lúcidos, enérgicos. Dice que sus secretos son “comer bien y andar en bicicleta. La gran perdición es el automóvil. Y dejar de preocuparse por lo material. Cuando vamos para ‘allá’ no vamos a llevarnos ni el vuelto”, y ejemplifica: los que viven en Sicilia, al pie del volcán Etna, se gastan todo lo que han ganado durante el día. Cuando se van a dormir dan vuelta los pantalones, porque puede ser que no despierten al día siguiente”. Armando tiene una estrecha relación con la tierra de sus padres. “En el 47, después de la guerra, nos trajimos a cinco primos. Eran carpinteros y venían muertos de hambre”. Los Beningazza los ayudaron a rearmar su vida en la Argentina. La charla se interrumpe constantemente. Los curiosos se paran a ver el puesto ambulante, preguntan y se quedan conversando. A Armando no le preocupa mucho la venta pero no regala su trabajo y se mantiene firme en los precios que ha fijado. Está orgulloso de ser “el único juguetero que tiene permiso para ingresar al parque General San Martín”. Cuenta que en cada viaje de ida y vuelta “me paran por el camino y antes de llegar seguro que ya he vendido algún camioncito”. Dice que ahora quiere vender también su noble 125 y comprase “un weekend, para poder cargar todo y también que sea un poco más moderno, “porque quiero ir a las termas, para ver si se nos pasa el dolor de huesos”. Don Armando sigue atendiendo. Les vende un juguete y de yapa les da una charla y algún consejo, que también forman una montaña.
►Ida y vuelta. Un personaje que no pasa desapercibido. Cuenta que es el único juguetero que tiene permiso para ingresar al parque General San Martín” y antes de llegar durante el camino ya ha vendido varios de los juguetes que lleva en su auto.



