Descubrimiento cerca de un volcán redefine lo que sabemos de la vida en temperaturas calcinantes

Un descubrimiento en Estados Unidos desafía las altas temperaturas. El hallazgo redefine las fronteras conocidas sobre la vida compleja

Nuevo descubrimiento

La biología clasifica a los seres vivos en procariotas o eucariotas. Las procariotas incluyen bacterias o arqueas acostumbradas a ambientes hostiles. Las eucariotas presentan mayor complejidad celular.

Los expertos creían que las membranas de las células eucariotas colapsaban al superar los 62 grados Celsius. Las pruebas recientes demostraron lo contrario al someter a la ameba de fuego a distintas temperaturas extremas.

"Preparamos cultivos a distintas temperaturas; la más cálida fue de 57 grados Celsius porque es la máxima descrita anteriormente para una ameba", detalló Beryl Rappaport, microbióloga de la Universidad de Syracuse.

El organismo continuó reproduciéndose a los 62,7 grados Celsius. Al superar la barrera térmica dejó de replicarse, pero mantuvo su movilidad hasta alcanzar los 63,8 grados. El récord anterior era de 60 grados para ciertos hongos.

"Estaba muy sorprendida. Definitivamente tuvimos que regresar para asegurarnos de que nuestras incubadoras estuvieran calibradas correctamente, realmente fue asombroso", agregó Rappaport sobre el resultado obtenido en el laboratorio.

Avance en ciencia

El equipo analizó las instrucciones genéticas de la ameba para identificar los mecanismos activados bajo calor extremo. Los resultados mostraron genes encargados de proteger el ADN o mantener el plegamiento adecuado de las proteínas.

Comparar el código genético recolectado en el entorno termal con otras bases de datos sugiere la existencia de parientes en lugares como Nueva Zelanda. "Creo que las implicaciones más significativas de la investigación es que desafía nuestra comprensión de cómo o dónde puede persistir la vida eucariota", explicó la coautora Angela Oliverio.

El hallazgo amplía la búsqueda de organismos biológicos en la Tierra o en el universo. "Al buscar en un lugar inusual, el equipo encontró organismos inusuales; hay mucho más por encontrar a medida que descubrimos nuevas formas de acceder o estudiar ambientes extremos", concluyó la microbióloga Adrienne Kish del Museo Nacional de Historia Natural de París.

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