Durante la Guerra de Malvinas, una pequeña imagen de la Virgen de Luján acompañó a los soldados argentinos en las islas. Su historia, marcada por la fe, el dolor y la esperanza, la convirtió en un símbolo profundo para los excombatientes y para todo el país.
Una presencia silenciosa en medio de la guerra
En 1982, mientras se desarrollaba la Guerra de Malvinas, miles de soldados argentinos enfrentaban condiciones extremas: frío, hambre, miedo e incertidumbre. En ese contexto, el 9 de abril de ese año llegó al centro del combate una imagen pequeña y humilde de la Virgen de Luján, patrona de la Argentina, quien se transformó en un refugio espiritual para muchos de ellos.
Con el paso del tiempo, esa virgen sería conocida como “la Virgen malvinera”, un símbolo de fe que acompañó a casi 24 mil combatientes y regresó 37 años después.
La Virgen malvinera es una imagen de la Virgen de Luján que estuvo presente en las Islas Malvinas durante la guerra. No se trataba de una gran escultura ni de una imagen ceremonial, sino de una figura sencilla, cercana, que los soldados sentían como protección y compañía en los momentos más difíciles.
Para muchos combatientes, rezar frente a esa imagen era una forma de encontrar consuelo, mantener la esperanza y sobre todo, sentirse unidos a sus familias y a su patria siendo protegidos.
La Virgen de Luján y su vínculo con los soldados
La Virgen de Luján es desde hace siglos un símbolo profundamente arraigado en la identidad argentina. Su figura ha estado históricamente ligada al pueblo, a los caminos, a los más humildes y a quienes atraviesan situaciones límite.
Durante la guerra, su presencia adquirió un significado aún más fuerte representando el hogar lejano donde encarnaba la protección maternal y daba fuerza espiritual en un contexto de extrema vulnerabilidad.
Muchos soldados recordaron luego que, aún quienes no eran creyentes, encontraban en la imagen un punto de calma en medio del caos.
Tras el final del conflicto, la imagen de la Virgen de Luján que estuvo en Malvinas fue retirada de las islas. Durante mucho tiempo permaneció fuera del país, lo que reforzó su carga simbólica. Pues no solo había acompañado a los soldados, sino que también compartió el destino de la derrota, la distancia y el silencio.
Con el tiempo, su historia comenzó a conocerse más ampliamente, especialmente gracias al testimonio de excombatientes que relataron lo que significó para ellos durante la guerra.




