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Creían que la rata gigante lanuda era un mito, pero un descubrimiento comprobó su existencia

Los cazadores de Nueva Guinea relataban historias sobre una rata peluda gigante, pero ningún científico confirmó su existencia hasta este descubrimiento

Editado por Francisco Pérez Osán
perez.francisco@diariouno.com.ar

Los relatos de los pueblos locales en las montañas de Nueva Guinea hablaban de una criatura extraordinaria: una rata peluda tan grande como un gato y tan pesada como un bebé recién nacido. Este descubrimiento acabó con décadas de incertidumbre cuando un equipo de investigadores consiguió las primeras fotografías de la Mallomys istapantap en su hábitat natural.

Las cámaras trampa instaladas entre los 3,200 y 3,700 metros de altitud capturaron imágenes nocturnas del roedor subalpino mientras caminaba por troncos cubiertos de musgo. Durante el día, los investigadores encontraron marcas de garras en los árboles y madrigueras ocultas bajo las raíces. Después de tanto tiempo de espera, la leyenda resultó ser completamente real.

Vida arborícola en las alturas

Las tierras altas de Nueva Guinea forman una isla en el cielo donde las temperaturas bajan drásticamente y los árboles gigantes del bosque se convierten en ejemplares enanos cubiertos de líquenes. En este ambiente extremo, los mamíferos desarrollaron adaptaciones únicas para sobrevivir.

Esta rata gigante adoptó el papel de herbívoro miniatura con un pelaje de tamaño extra grande. Mientras que la mayoría de los roedores pierden calor rápidamente, este animal posee un pelaje denso que conserva el calor tan eficientemente como una parka. Esta característica le permite explorar las cimas frías alrededor de los 3,700 metros sin perder velocidad.

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El animal es verdaderamente enorme.

La evolución también le proporcionó patas de casi ocho centímetros de largo, similares a raquetas de nieve que distribuyen su peso sobre el suelo blando. Estas adaptaciones físicas demuestran cómo la naturaleza encuentra soluciones creativas para los ambientes más extremos.

Los investigadores documentaron que estos animales pueden escalar ramas horizontales hasta dos metros del suelo, lo que contradice la suposición previa de que permanecían en tierra firme. Esta habilidad arborícola probablemente los protege de los depredadores del valle.

Un descubrimiento con mucha tradición

El trabajo de campo en el Monte Wilhelm, de 4,509 metros de altura, requirió la cooperación con varias tribus indígenas cuyos territorios abarcan desde la base hasta la cumbre de la montaña. Los guías locales señalaron sitios de alimentación, compartieron nombres tradicionales y aconsejaron cuándo las condiciones climáticas hacían peligrosas ciertas quebradas.

"Si no fuera por los cazadores indígenas que me acompañaron en las montañas y me ayudaron a localizar los animales, nunca habría podido recopilar estos datos", explicó el líder de la expedición, un candidato doctoral del Centro de Biología de la Academia Checa de Ciencias y la Universidad de Bohemia del Sur.

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Los guías ayudaron a llegar al impresionante descubrimiento.

Sus esfuerzos conjuntos permitieron documentar e identificar genéticamente 61 especies de mamíferos no voladores a lo largo de la montaña. Este inventario servirá como guía para futuras iniciativas de conservación en la región. La combinación de conocimiento tradicional y métodos científicos modernos resultó clave para el éxito del proyecto.

František Vejmlka, el científico responsable del descubrimiento, pasó seis meses en un terreno tan empinado que los escaladores bromean diciendo que el suelo se inclina hacia atrás. Las cámaras de movimiento vigilaron senderos estrechos mientras los guías locales interpretaron señales sutiles que los forasteros habrían pasado por alto. El estudio completo fue publicado en la revista Mammalia.

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