En el extremo norte del desierto del Néguev, en Israel, existe un bosque que parece desafiar las condiciones del lugar. El bosque de Yatir fue plantado hace más de seis décadas sobre un territorio semiárido y se convirtió en uno de los experimentos ecológicos más estudiados del mundo.
Crearon el bosque artificial más grande del mundo en el desierto: 65 años después, varios científicos se arrepienten
El bosque artificial más grande del mundo, creado en Israel para combatir el desierto, hoy divide a la comunidad científica por sus resultados y su futuro ante la sequía.

Con millones de árboles extendidos sobre casi 31 kilómetros cuadrados, el proyecto busca demostrar hasta qué punto los bosques pueden sobrevivir en condiciones extremas y contribuir a absorber dióxido de carbono.
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El bosque plantado en pleno desierto que divide a los científicos
La forestación comenzó en la década de 1960 y estuvo impulsada principalmente por el Fondo Nacional Judío, una organización dedicada al desarrollo territorial. En las colinas donde hoy se encuentra Yatir, originalmente predominaban matorrales y pastizales adaptados al clima seco. En su lugar se plantaron alrededor de cuatro millones de árboles, de los cuales cerca del 90% son pinos de Alepo, una especie capaz de soportar condiciones de sequía.
Una de las características que convirtió a Yatir en un laboratorio natural es que los árboles sobreviven sin riego ni fertilización artificial. Durante décadas, investigadores de distintas partes del mundo estudiaron cómo el bosque captura carbono, utiliza el agua y responde a las condiciones extremas del desierto. Entre ellos se encuentran científicos del Instituto Weizmann de Ciencias, que utilizaron el bosque para analizar la relación entre forestación, clima y disponibilidad de agua.
¿Un ejemplo para el mundo o un problema por solucionar?
Al crecer, los árboles capturan dióxido de carbono de la atmósfera y almacenan parte de ese carbono en su biomasa y en el suelo. Por eso, el bosque de Yatir puede parecer a primera vista una demostración de que incluso los territorios áridos pueden transformarse en grandes reservorios de carbono. Pero esa conclusión no es compartida por todos.
Algunos ecologistas israelíes cuestionan la decisión de reemplazar la vegetación natural por un bosque de pinos. Los matorrales y pastizales originales son el hábitat de aves, reptiles y pequeños mamíferos que evolucionaron en esas condiciones. Desde esta perspectiva, plantar árboles no necesariamente significa restaurar un ecosistema: también puede significar sustituir uno existente por otro.
Además, el cambio climático plantea una nueva amenaza para el propio bosque. Las sequías extremas de los últimos años han provocado la muerte de una proporción significativa de los árboles en determinadas zonas. La regeneración natural también es limitada: la falta de agua dificulta el crecimiento de los ejemplares jóvenes y el pastoreo de ovejas y cabras puede eliminar los nuevos brotes antes de que lleguen a desarrollarse.
Existe además una paradoja climática. Un bosque oscuro absorbe más radiación solar que una superficie cubierta por vegetación baja y clara. Este cambio en el albedo puede aumentar el calentamiento de la superficie y compensar parcialmente el beneficio climático del carbono almacenado por los árboles. Por eso, el balance climático de plantar árboles en regiones semiáridas no depende únicamente de cuánto carbono capturan.
En pocas palabras
- Bosque artificial: Se creó el bosque artificial más grande del mundo en el desierto del Néguev, Israel, hace 65 años.
- Debate científico: El proyecto, que planta millones de árboles para capturar carbono, genera arrepentimiento en algunos científicos por el impacto ecológico.
- Impacto y riesgos: El bosque enfrenta amenazas del cambio climático y cuestionamientos por reemplazar la vegetación nativa y alterar el balance térmico.