En medio del desierto del Sahara existe una construcción que puede parecer imposible de imaginar desde un mapa. Se trata de una barrera de unos 2.700 kilómetros que atraviesa el Sahara Occidental y divide el territorio en dos.
No es un muro convencional de cemento. Es una enorme infraestructura de arena, tierra, piedras, zanjas, alambradas y puestos militares conocida como el Muro de la Arena.
El insólito muro de 2.700 km que Marruecos levantó en el desierto
La construcción comenzó en la década de 1980, durante el conflicto entre Marruecos y el Frente Polisario. Marruecos buscaba proteger las zonas que controlaba en el Sahara Occidental, mientras el Polisario reclamaba la independencia del territorio. La barrera fue levantada por etapas y terminó extendiéndose desde el sur de Marruecos hasta zonas cercanas a Mauritania.
En algunos sectores, la arena del desierto prácticamente se confunde con la estructura, pero detrás de esa apariencia existe un sistema militar diseñado para impedir el paso. El muro no tiene la forma de una pared continua. Está compuesto principalmente por terraplenes de arena y tierra que pueden alcanzar varios metros de altura.
¿Cómo es el muro de arena que lo divide en dos?
A su alrededor existen campos minados, alambradas, radares, puestos de vigilancia y unidades militares. El resultado es una división territorial extraordinaria. Al oeste de la barrera se encuentran las zonas controladas por Marruecos, mientras que al este se extiende el territorio bajo control del Frente Polisario, conocido como la zona liberada.
La infraestructura también tiene un enorme impacto sobre las personas que viven y se desplazan por la región. Familias saharauis quedaron separadas por el conflicto y el acceso entre distintos sectores del territorio continúa condicionado por controles y restricciones.
Además, el muro atraviesa un ecosistema extremadamente frágil. El desierto parece vacío, pero allí sobreviven especies adaptadas a condiciones extremas. La presencia de minas y otras infraestructuras militares representa un riesgo tanto para las personas como para la fauna.
Aunque el conflicto armado entre Marruecos y el Frente Polisario tuvo un alto el fuego en 1991, la disputa por el futuro del Sahara Occidental todavía no está resuelta. Naciones Unidas considera al territorio como no autónomo y sostiene desde hace décadas un proceso destinado a encontrar una solución política.






