Como un fin de semana después de fecha de cobro, pero aún más. Primero fueron los supermercados y ahora también los almacenes de barrio. La psicosis parece ser más contagiosa que la peste. Al menos eso es lo que ha ocurrido en Mendoza en las últimas 48 horas durante el coronavirus.
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Pese a que el presidente de la Nación aseguró el domingo que no habrá desabastecimiento y pidió calma, la gente se agolpó en los comercios procurando aprovisionarse de artículos de limpieza y alimentos.
La gran mayoría de los almacenes abrieron sus puertas normalmente. Algunos apenas tomaron la precaución de regular el ingreso por tandas, colocarse guantes o tener un frasco de alcohol en gel para limpiarse las manos, entre cliente y cliente.
La ansiedad de la clientela sorprendió a los comerciantes medianos y pequeños. “Se llevan más de lo normal, mucho más. Produce cierta angustia verlos”, dijo uno de ellos, al ser consultado por este medio.
Las sucursales bancarias también regularon el ingreso de la clientela, pero no pudieron evitar que afuera se formaran colas, rompiendo así con la prevención.
Algunos vecinos ofrecieron a los adultos mayores que viven solos, realizarles las compras y los trámites, tratando de evitar que corran riesgo, ya que son la franja etàrea más vulnerable. Pero muchos ancianos no tuvieron otra opción que ganar la calle y continuar con su rutina.
Mientras tanto, las escuelas estuvieron sin niños, pero aún hay confusión y polémica sobre el alcance de la suspensión de clases, referida a qué docentes y cuántos deben concurrir a los establecimientos.



