Quienes tenemos hijos pequeños, lo sabemos: los niños ya están mostrando síntomas de angustia por los días que llevan separados de sus amigos y amigas, de sus rutinas, de sus familiares, en definitiva, de todo lo que forma parte de su mundo más allá del hogar.
Los adultos les trasmitimos sin darnos cuenta, nuestros propios miedos e inseguridades ante una crisis sin precedentes. Estamos atentos a cómo afrontar la incertidumbre y nos olvidamos que los chicos están pasando por la misma situación, pero sin la capacidad de procesarla del todo.
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Especialistas en psicología y psicopedagogía infantil explicaron cuáles son los indicadores a los que hay que estar atentos y cómo afrontar la problemática.
El miedo como berrinche
Los adultos solemos pensar que un berrinche es siempre sinónimo de capricho, de falta de límites, y tendemos a ignorarlo, o acudimos al reto. Otras veces intentamos desatar ese nudo de reclamos, gritos y llantos con paciencia. En algunos momentos recurrimos a la negociación. Pero, no tan frecuentemente "leemos" el berrinche. En el caso de los efectos colaterales de la pandemia y el aislamiento, un berrinche puede estar diciendo que el niño tiene miedo, está estresado, se siente deprimido o ansioso.
"Tenemos que observarlos muy bien, porque en los niños, la ansiedad y la depresión, no siempre se manifiestan como llanto. A veces son estados de irascibilidad. Para ellos, todas las emociones son masivas. Un adulto que se siente deprimido, trata de razonar sobre los motivos y trabaja sobre ello. A los niños les cuesta especificar estos sentimientos" "Tenemos que observarlos muy bien, porque en los niños, la ansiedad y la depresión, no siempre se manifiestan como llanto. A veces son estados de irascibilidad. Para ellos, todas las emociones son masivas. Un adulto que se siente deprimido, trata de razonar sobre los motivos y trabaja sobre ello. A los niños les cuesta especificar estos sentimientos"
Nancy CaballeroPsicóloga y psicopedagoga, especialista en mediación de conflictos
Explicó la psicóloga y psicopedagoga Nancy Caballero, especialista en mediación de conflictos.
Para la profesional, el punto es que en este tema de la enfermedad y la muerte, confluyen muchos de los temores naturales de un niño pequeño: miedo a ser abandonado, miedo a quedarse solo, a las pérdidas, a que pase algo malo, miedo a lo desconocido.
Por lo tanto, es más difícil discriminar si lo que le ocurre son temores propios de la edad, o está pasando también por una crisis, producto de la coyuntura.
Sobre el mismo punto, la psicopedagoga Mónica Coronado, explicó que en el aislamiento, los chicos tienen que lidiar con tres factores emocionales que los angustian: la ansiedad, el estrés y la incertidumbre.
Su manera de manifestarlo puede ser el llanto espontáneo, pero también, como ya se dijo anteriormente, el enojo y la hipersensibilidad.
"Lo que ocurre es que un niño pequeño, aún no cuenta con la posibilidad de abstraer, no tienen las herramientas emocionales para poder consolarse, tranquilizarse y proyectarse a futuro" "Lo que ocurre es que un niño pequeño, aún no cuenta con la posibilidad de abstraer, no tienen las herramientas emocionales para poder consolarse, tranquilizarse y proyectarse a futuro"
Mónica CoronadoPsicopedagoga
Lo que explicó esta profesional, es que es muy importante que los adultos puedan trasmitirles un mensaje esperanzador, animarlos a que piensen que esto va a pasar y va a mejorar, que es transitorio.
Ayudarlos a poner en palabras lo que les está ocurriendo es tarea de un adulto, si ellos no pueden hacerlo con sus propios recursos.
Los tres indicadores
Según explicó Coronado, para los padres y madres es útil tener en cuenta tres indicadores en los que se pone de manifiesto que un niño o niña puede estar pasando por una crisis de ansiedad: el sueño, el juego y la alimentación.
Si hay cambios o alteraciones en estas conductas, debe servir como llamado de atención y saber que es tiempo de afrontar la situación.
"En estos desbordes los chicos manifiestan sus miedos, por eso es importante que los papás estén preparados para los momentos de quiebre en donde fluyen esas emociones" "En estos desbordes los chicos manifiestan sus miedos, por eso es importante que los papás estén preparados para los momentos de quiebre en donde fluyen esas emociones"
Qué hacer
Nancy Caballero manifestó que somos los adultos los que tenemos que intentar procesar primero lo que sucede, porque no estamos preparados para tanta información, de temas tan duros.
"No les podemos decir que no pasa nada, siempre ir con la verdad, pero con un mensaje esperanzador y explicándoles que si tomamos tantos recaudos es para cuidarnos, y para no enfermarnos" "No les podemos decir que no pasa nada, siempre ir con la verdad, pero con un mensaje esperanzador y explicándoles que si tomamos tantos recaudos es para cuidarnos, y para no enfermarnos"
Lo que produce esta sinceridad positiva, es que los chicos tengan contacto con la realidad, pero no desde un punto de vista apocalíptico.
Intentar que conserven algunas rutinas, también es positivo y por sobre todo, que tengan, en el día, algún contacto con el aire y el sol: ya sea desde una ventana, un balcón, un jardín o una terraza. La claridad y la luz solar evitan la depresión.
"Pero por sobre todo, tener en claro que somos los adultos los que tenemos que mediar la información que le damos a los niños y bajar los decibeles es una tarea que tenemos por delante. Si gritamos, o nos enojamos, antes de dormir tenemos que abrazarlos, y desearles buenas noches. Es importante conservar el buen ánimo familiar" "Pero por sobre todo, tener en claro que somos los adultos los que tenemos que mediar la información que le damos a los niños y bajar los decibeles es una tarea que tenemos por delante. Si gritamos, o nos enojamos, antes de dormir tenemos que abrazarlos, y desearles buenas noches. Es importante conservar el buen ánimo familiar"