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Coronavirus: "Ahora estoy con Naturales", la lección de Valentina desde Perú mientras espera volver

Editado por José Luis Verderico
verderico.joseluis@diariouno.com.ar

En las redacciones no solo escribimos noticias: también somos testigos privilegiados del crecimiento de los hijos de nuestros compañeros de trabajo, así como estos ven crecer a nuestros pequeños. Como en un sinfín. Esto me ocurrió en Diario UNO con Valentina Albornoz, hija de mis colegas periodistas Juan Carlos y Carolina Baroffio, familia que está en cuarentena en Máncora (Perú), con toque de queda incluido, a casi 5.000 kilómetros de Mendoza, mientras esperan ser repatriados.

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Mientras se protegen todo lo humanamente posible del virus y de cualquier otra problemática sanitaria.

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¿Cómo se sentirá esa niña de apenas 10 años, que ya es alumna de un quinto grado?, nos preguntábamos en casa esta semana. Y afortundamente la respuesta llegó pronto.

Fue a través de fotos, que dieron pie para hacer una reconstrucción que motiva un gran orgullo: aunque está tan lejos, Valentina está estudiando a la par de sus compañeros, porque para ella y sus padres este tiempo de espera y de incertidumbre "no son vacaciones".

Quiero saber. Pregunto qué temas está viendo ahora Valentina y ella me contesta a través de un audio de Whatsapp.

"En Naturales...", comienza, "...estamos viendo las plantas y el proceso para hacer su propio alimento". Y sigue relatando. Con voz pausada. Con voz de niña. Suelta en el decir. Con ganas de contar. Escuchémosla.

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La tecnología se ha convertido en la gran aliada de Valentina para seguir aprendiendo mientras dure esta emergencia. Como les pasa a millones de chicos en edad escolar. Aunque no en la misma proporción.

Seamos justos y precisos en la comparación: una cosa es tomar clases y hacer tareas en el aula virtual del colegio cómodamente sentados en el living de la casa o en la privacidad de la habitación, y a unos pocos pasos de la heladera.

Otra cosa muy distinta es aprender en el patio de un alojamiento, a casi 5.000 kiómetros de casa, sentado a una mesa circular y de vidrio, de esas que se usan en los jardines y que tiene una sombrilla incorporada al centro.

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Y todo esto, mientras los padres de la niña hacen todo lo posible para volver a casa, con toda la carga emocional que eso implica.

¡Nadie lleva consigo los cuadernos escolares cuando se va de vacaciones! Claro está. Pero si ahora mismo Valentina está haciendo las tareas de Naturales, de Matemática o de Lengua y puede copiarlas en un cuaderno es gracias a la generosidad de la dueña de un mercadito de Máncora, adonde Carolina fue en plan de compra.

"No tenemos útiles escolares para vender porque ya no es época, así que le regalo un cuaderno de mi hijo, que no lo usa porque acá las clases fueron suspendidas", fue la hermosa e inesperada respuesta y solución a la vez que Carolina recibió de la mujer del mercadito.

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Y para escribir, ¿qué? Porque más allá de una que otra lapicera infaltable entre las pertenencias de un par de periodistas, la canopla de Valentina repleta de colores y biromes sigue esperando acá, en Mendoza, tan lejos suyo y de sus ganas de aprender.

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"Las lapiceras, fibras, fibrones y lápices de colores que ahora usa Valentina fueron cedidas por Judith y Manuel, los dueños del hotel Puerto Bambú; un matrimonio mayor que nos cuida, nos atiende y nos protege como si fuéramos sus propios hijos" "Las lapiceras, fibras, fibrones y lápices de colores que ahora usa Valentina fueron cedidas por Judith y Manuel, los dueños del hotel Puerto Bambú; un matrimonio mayor que nos cuida, nos atiende y nos protege como si fuéramos sus propios hijos"

Carolina, la mamá de Valentina

Yo hago, tú haces...

Valentina acaba de contarme que está estudiando los verbos y me quedo pensando en el verbo hacer y me pregunto cómo es que decidió hacer las tareas escolares en medio del drama familiar, que es como el de varios miles de argentinos que quieren volver al país y no pueden.

La respuesta la da la madre: "Los directivos del colegio me dijeron que entendían la situación y que le permitían no hacer las tareas".

¿Y entonces?

Es Valentina la que quiere hacer las tareas virtuales porque haciéndolas está más entusiasmada y entretenida durante el día. Esto le permite estar conectada con sus compañeros; a través del videochat se hacen preguntas y se ayudan. Y se divierten hablando de sus cosas y se ríen... Y así van pasando los días y también esta espera tan larga y difícil por volver a casa.

Un pendiente

Repaso el final del audio y escucho que Valentina me habla de Plástica y de Paul Klee, el pintor.

Me salgo de la vaina por saber qué opina de los cuadros del alemán pero decido que no, que será mejor preguntárselo cara a cara, acá, en Mendoza, cuando toda esta pesadilla del coronavirus haya pasado y ella su familia estén de vuelta.

Cuando mirándola a los ojos pueda decirle que haberla reencontrado a la distancia, tan entusiasta y ocupada en aprender e interactuar con los suyos, fue una de las cosas más bonitas que me ocurrieron en la pandemia.


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