Como el Rambler del '64 que tiene estacionado al fondo de la playa, el motor interno de Juan Carlos Rodríguez (59) sigue sonando. Es más: canta. Los conductores que ingresan todos los días oyen sus melodías, mientras sin soltar el micrófono él hace señas para marcarles dónde hay un lugar libre. “Algunos hasta se emocionan”, cuenta en diálogo con Diario UNO.
Convirtió la playa de estacionamiento en un templo del rock y las baladas fulminantes
Juan Carlos Rodríguez (59) pasa horas acomodando vehículos en una playa de estacionamiento. Pero su verdadero motor es la música. Fotos y video

Juan Carlos y su IKA Rambler de 1964. Una dupla que resiste.
La playa de estacionamiento queda sobre calle Corrientes, a metros de la Alameda, y parece un recoveco alejado del arte y la poesía. No para Juan Carlos, que le mete 12 horas diarias ahí adentro y, aunque podría estar desquiciado como la mayoría de nosotros, encontró en las canciones un tablón que lo salva del naufragio general.
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Corazón cantante
Entro al lugar con la moto y él se acerca para indicarme dónde guardarla.
-Buenas ¿Usted canta?
-Sí. Un gusto. Mi nombre es Juan Carlos. ¿Cómo te enteraste?
-Porque un amigo lo grabó haciendo un tema de Scorpions.
Scorpions es una banda alemana de los ochenta que consiguió que millones de tipos con campera de cuero, melena indomable y dificultades para expresar sus sentimientos confesaran sus penas a los gritos. Su éxito “Still Loving You” -“Todavía te amo”- es una balada llena de dramatismo donde sobrevuela la idea de que ningún amor está perdido.
Es lo que cantaba Juan Carlos en el video que me habían enviado unos días antes y que dio origen a esta nota. Cuando lo escuché, me dije: “A este tipo lo tengo que entrevistar”:
Lentos infalibles o rock and roll
La tarde transcurre sobre el playón semivacío a la hora de la siesta, y aprovechamos el poco movimiento para charlar. Juan Carlos me cuenta que no empezó a cantar de chico: todo comenzó en una fiesta, un 25 de diciembre, hace unos 15 años. Le alcanzaron un micrófono y se animó.
“Nunca había cantado en público. Pero encaré con una de Ricky Martin y todos se quedaron helados”, recapitula.
La experiencia le gustó y lo llevó a comprar un parlante y un micrófono. “Afino muy bien. Tengo buen oído musical -considera-. Por eso la gente pasa por la playa, me escucha cantar y me graba. Me habrán filmado como 15.000 veces”.
Dice que algunas personas le dejaron propinas de hasta $15.000 después de oír sus covers. Lo que realmente lo moviliza, de todos modos, son quienes conectan hasta el fondo con una canción. Y lo explica con un pequeño relato:
“Un flaco, el otro día, entra rápido y pregunta: ‘¿Dónde lo estaciono? Estoy apurado’. Le digo: ‘Allá, en el 21’ -señala el puesto-. Y me pongo a cantar un tema de Gianluca Grignani, ese que dice: ‘Yo pienso que/ no son tan inútiles/ las noches que te di’. Y veo que el vago estaciona y no baja del auto. Entonces sigo cantando. Termina el tema y lo veo abrir la puerta y salir llorando. El tipo se emocionó. Se había quedado en el asiento, escuchando”.
Canta rock argentino, música melódica y rock internacional. La cumbia no le va. Pero el pop sí, y bajo el sol distante del invierno empieza a tocar en un bidón de agua como si se tratara de una tumbadora. Luego, ya en onda, cruza el tinglado, enciende el parlante y arremete con una versión de "Tirá para arriba", de Miguel Mateos.
Cada tanto ingresa un auto. Los que manejan lo miran esperando instrucciones, y él les indica con señas sin pausar el concierto. Toda la onda.
Once hermanos, un cantante y un Rambler del '64
Juan Carlos nació y creció en la misma casa de calle Colón, en Godoy Cruz, donde vive hoy. Su Rambler del '64 que está al fondo de la playa es de primera mano: el mismo de toda la vida; una reliquia que “duerme en la vereda” y acusa algunos golpes, pero conserva la entereza. Y -como su dueño- suena todavía.
“Lo arreglé en la pandemia. Justo me había separado y estaba bajoneado, así que me puse a cantar y a arreglar el auto”, recuerda.
Después habla de su familia: “Somos 11 hermanos: 7 varones y 4 mujeres. Ahora somos tres los que vivimos en la casa de siempre. Mi papá, mi hermano más chico, que es baterista, y yo. Mi viejo tiene 91 años”.
Cuando enfrenta problemas y cuando no; si pasa algo o si no pasa nada, Juan Carlos conecta con la música.
“Es algo que me ha hecho vivir de forma particular. Oigo las canciones, veo las luces, los escalones de los boliches, los tragos y me vuelvo loco. Ojo: no es inmadurez. Soy abuelo y todo. Es la música. Por eso esta es una playa con show incluido”.
Al rato me manda por WhatsApp la foto de acá arriba, tirando facha.
En pocas palabras
- Juan Carlos Rodríguez: el playero de 59 años que conmueve al estacionar autos cantando rock y baladas.
- Inesperado: comenzó a cantar hace 15 años en una fiesta. Ahora se lleva el micrófono al laburo.
- Pasión y vida: utiliza la música para sobrellevar el día a día y su Rambler del '64 es su fiel compañero.