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Con un kiosco y vendiendo sanguchitos: así lograron sus buzos los chicos de Uspallata

Alumnos de una escuela rural de Uspallata juntaron peso por peso con un kiosco escolar y ventas en la comunidad para pagar sus buzos

Editado por Cecilia Corradetti
corradetticecilia@gmail.com

La ilusión estaba desde el primer día de clases. Los estudiantes de 7° grado de la Escuela 1-722 “La Fundición”, en Uspallata, habían elegido durante las vacaciones el diseño de sus buzos de egresados. Soñaban con ese símbolo que marca el cierre de una etapa. Pero había un problema concreto: cómo pagarlos sin que se convirtiera en una carga imposible para sus familias.

En un grupo pequeño, donde hay chicos de contextos humildes y hasta dos mellizos -lo que duplicaba el gasto en un mismo hogar-, la situación era clara. El deseo estaba, pero los recursos no alcanzaban. Entonces apareció una idea que lo cambió todo.

el kiosco de los egresados

El kiosco de los chicos de la escuela de Uspallata. Acompañados por sus padres y alentados por su maestra lograron el objetivo.

La propuesta fue de su maestra, que además es la directora de la escuela, Graciela Morales. En lugar de resignar el sueño, los invitó a construirlo. Les planteó organizarse, pensar estrategias y salir a generar sus propios fondos. No fue solo una solución práctica: fue, sin que ellos lo supieran del todo, una lección de vida.

La respuesta fue inmediata. Se entusiasmaron. Las familias acompañaron. Y así, en marzo, empezó a funcionar el pequeño “kiosco” escolar.

Golosinas, sanguchitos y mucho más para vender y pagar los buzos

Cada día, los chicos llevaban lo que podían: algunas golosinas, sanguchitos caseros, algo para compartir y vender. Recorrieron los grados, golpearon puertas, ofrecieron sus productos con timidez al principio y con confianza después. Peso a peso, fueron llenando una alcancía que se convirtió en símbolo del esfuerzo colectivo.

No se trataba solo de vender. Había un compromiso detrás. Cuidaban cada moneda, llevaban cuentas, celebraban cada avance. La emoción no estaba solo en el objetivo final, sino en el proceso.

La iniciativa también se transformó en una herramienta pedagógica. En cada jornada, sin darse cuenta, aprendían matemática y educación financiera. Calculaban costos, fijaban precios, analizaban ganancias, organizaban la recaudación. Lo que en el aula podía parecer abstracto, cobraba sentido en la práctica diaria.

Los viernes, la experiencia salía de la escuela. Acompañados por la seño y varias mamás, recorrían la Villa de Uspallata para vender. Era otra escena: los chicos ofreciendo sus productos a vecinos, turistas, comerciantes. Algunos compraban por necesidad, otros por empatía, muchos por admiración.

La comunidad respondió. Porque detrás de cada sanguchito había esfuerzo, compañerismo y un objetivo compartido.

los buzos de las chicas

Los buzos y la felicidad de las chicas de la escuela "La Fundición", de Uspallata.

Mientras tanto, una de las mamás se encargó de averiguar presupuestos, buscar opciones y gestionar la compra. Con lo recaudado, lograron pagar la seña. Después, con constancia, siguieron juntando hasta saldar la totalidad.

El sueño empezaba a tomar forma.

Este jueves 30 de abril fue el día esperado. La escuela había organizado el cierre del Mes de la Lectura en Voz Alta en el Hotel Uspallata. En ese contexto, se preparó también la sorpresa final: la entrega de los buzos y remeras de egresados.

La emoción fue inmediata. Difícil de describir, pero fácil de reconocer: piel de gallina, ojos brillosos, sonrisas que decían todo. Los chicos recibieron sus prendas y las mostraron con orgullo. Era el resultado de meses de esfuerzo, de trabajo en equipo, de compromiso.

La costurera de los buzos también hizo su aporte solidario

La mujer que los confeccionó también aportó su granito de arena: les hizo precio por ambas prendas, entendiendo el valor de la historia que había detrás.

Arturo, Cael, Uriel, Constanza, Eliel, Eluney, Emanuel, Mateo, Jeshia y Mateo cumplieron su objetivo. Pero, sobre todo, vivieron una experiencia que probablemente los acompañe toda la vida. Aprendieron que las cosas importantes no siempre llegan fácil, pero que con organización, constancia y ayuda mutua, se pueden lograr.

buzos

Ventas, compañerismo y esfuerzo. Todo dio sus frutos entre los futuros egresados de 7mo grado.

Para sus familias, fue un orgullo inmenso. Para la escuela, una confirmación de que educar también es enseñar a enfrentar desafíos reales. Y para la comunidad, una muestra de que, incluso en contextos difíciles, hay historias que iluminan.

Hay un detalle que también habla de coherencia y ejemplo. La señorita Graciela, quien impulsó toda la iniciativa, también tiene su buzo. Lo compró como todos, con su propio aporte, siendo parte de ese mismo esfuerzo colectivo que supo sembrar.

Sucedió una vez más una historia digna de contarse: en una escuela humilde de Uspallata, un grupo de chicos demostró que los sueños muchas veces se construyen.

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