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Jardinería

Cómo cuidar la planta de lavanda en otoño: guía práctica para que no se seque

Si bien es una planta que no requiere demasiados cuidados, en otoño es mejor adaptar los cuidados para que se mantenga sana

Por Paula García

La lavanda es una de las plantas aromáticas por excelencia, perfecta para tener en el jardín casa. Sus cuidados no son demasiado complicados, y no solo nos proporcionan el placer de disfrutar de la belleza natural de esta planta sino que nos dejan disfrutar de su irresistible perfume.

Es importante saber que esta planta es incluso capaz de crecer en zonas rocosas y a pleno sol, por lo que esto nos da una buena pista de sus pocas necesidades. Sin embargo, cuando llega el otoño, con temperaturas más bajas y menos horas de sol, la planta comienza a entrar en un período de reposo. Por eso, adaptar los cuidados es fundamental para mantenerla sana y asegurar una buena floración en la próxima temporada.

Cuidados de la lavanda en otoño

Uno de los puntos más importantes es el riego. Durante el otoño, la lavanda necesita mucha menos agua que en verano. El exceso de humedad puede provocar la pudrición de las raíces, uno de los problemas más frecuentes. Lo ideal es regar solo cuando el sustrato esté completamente seco y asegurarse de que la maceta tenga un buen drenaje.

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En otoño hay que reducir la frecuencia de riego.

La poda también cumple un rol clave en esta época. Se recomienda realizar una poda ligera, eliminando flores secas y ramas dañadas. Esto no solo mejora el aspecto de la planta, sino que también favorece un crecimiento más compacto y saludable. Es importante no podar en exceso, ya que la lavanda necesita conservar estructura para resistir el frío.

Otro aspecto a tener en cuenta es la ubicación. Aunque es una planta resistente, la lavanda prefiere espacios con buena luz natural. En la temporada otoñal, conviene ubicarla en un lugar donde reciba varias horas de sol directo. Si está en exterior y hay riesgo de heladas, se puede proteger o trasladar a un sitio más resguardado.

El suelo es otro factor determinante. La lavanda se desarrolla mejor en sustratos livianos, arenosos y con excelente drenaje. Si está en maceta, se puede mejorar la tierra agregando perlita o arena gruesa, lo que ayudará a evitar el encharcamiento.

Por último, es recomendable suspender o reducir la fertilización. En otoño, la planta no necesita tantos nutrientes, ya que su crecimiento se ralentiza. Un exceso de abono puede afectar su equilibrio natural.

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Es fundamental que la planta reciba sol directo al menos durante seis horas diarias.

Con cuidados simples pero precisos, esta planta aromática puede atravesar el otoño sin inconvenientes y prepararse para volver a florecer con fuerza en primavera.

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