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Científicos de Singapur mezclan hojas de árbol de mango y magnesio para crear un metal resistente que amortigua vibraciones

El residuo de este árbol encuentra otra función esencial para mejorar un metal sumante utilizado

Editado por Valentina Araya
araya.valentina@diariouno.com.ar

En un laboratorio de Singapur, los residuos de un árbol frutal, sus hojas, no son basura, sino materia prima con potencial tecnológico. Estas se transforman en una herramienta para reinventar los materiales del futuro.

Lo que durante décadas se consideró “desecho agrícola” de este árbol acaba de entrar en escena en una de las fronteras más fascinantes de la ciencia de materiales. La creación de metales más resistentes, ligeros y ecológicos.

Mango árboles

Científicos de Singapur mezclan hojas de árbol de mango y magnesio para crear un metal resistente que amortigua vibraciones

En la Universidad Nacional de Singapur, un equipo de investigadores decidió pensar distinto: ¿qué pasaría si en lugar de descartar las hojas de mango secas se usaran como parte de una aleación metálica? La respuesta, publicada en la revista Metals, fue sorprendente. Al mezclar polvo de las hojas del árbol de mango con magnesio metálico, lograron un material compuesto con una capacidad aumentada para amortiguar vibraciones, sin perder la resistencia que este metal ligero ofrece.

Este avance no solo es interesante desde el punto de vista técnico, sino que abre una puerta hacia una ingeniería más sostenible, donde los residuos orgánicos de los árboles se convierten en aliados para mejorar las prestaciones de materiales utilizados en sectores de alta demanda como la industria automotriz y aeroespacial.

Mango arboles (1)

¿Cómo funciona la mezcla?

El proceso no es magia, pero sí una mezcla ingeniosa de tradición agrícola con ciencia de punta:

  • Materia prima vegetal: Hojas secas de Mangifera indica (el árbol de mango) se recolectan y trituran hasta convertirse en un polvo fino.
  • Combinación con magnesio: ese polvo vegetal se mezcla con magnesio metálico, que constituye alrededor del 5% de la mezcla total.
  • Sinterización y extrusión: Durante el calentamiento y prensado del material, el componente vegetal se vaporiza, creando microporos en la estructura metálica. Estos espacios diminutos, lejos de ser un defecto, ayudan a absorber mejor las vibraciones.

Este juego de poros y matriz metálica es lo que permite que la nueva aleación tenga una capacidad de amortiguación de vibraciones un 54% mayor que el magnesio puro, según los datos reportados por el estudio.

El magnesio ya se valora en ingeniería por ser uno de los metales estructurales más ligeros, con aplicaciones que van desde automóviles hasta componentes aeronáuticos. Su combinación con residuos orgánicos no solo apunta a mejorar su rendimiento frente a vibraciones y esfuerzos dinámicos, sino también a reducir la huella ambiental de los procesos productivos.

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