Mendoza tiene comercios emblemáticos -pocos- que en el país de la incertidumbre y los descalabros políticos-económicos supieron abrir cada día sus puertas y ofrecer algo más que mercancía. Este es el caso de Alonso Calzados, donde Carlos Alfredo cuenta la historia del lugar que pone el arte a los pies de las mendocinas.

Usar la palabra arte y asociarla con la zapatería más elegante y antigua de Mendoza no es ocioso ni pura retórica, ya que en este representante de la familia Alonso, emprendedores mendocinos, donde se reparten improntas científicas y artísticas, se mezcló la sensibilidad por lo estético con la pasión por el comercio.

En la búsqueda de la excelencia, hace poco estuvo en la Feria del calzado, realizada entre el 26 y 28 de junio en Costa Salguero, Buenos Aires, donde eligió lo más destacado para sus clientes. "Ya compré la colección del verano. Ahora va a ser un lío con los pagos, por la suba del dólar, pero vamos a ir viendo", comentó Carlos, que encabeza uno de los históricos comercios de Mendoza.

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Carlos y su mirada artística para el rubro del calzado, donde se cotejan factores como la elegancia, la audacia y la combinación de colores.

Carlos y su mirada artística para el rubro del calzado, donde se cotejan factores como la elegancia, la audacia y la combinación de colores.

Cuando habla de zapatos, se produce una metamorfosis, y el tranquilo hombre, papá de Facundo, anestesiólogo de 28 años; el abogado de 24 años Tomás; y la estudiante de segundo año de Ciencias Económicas Carla, se transforma en un apasionado y verborrágico anfitrión.

Habla de calidades, texturas, fabricantes, pero por sobre todo, mete el arte. "Este zapato viene en color negro, así sólo. Entonces me gustó, pero así no decía nada. Le dije al fabricante que agregara apliques en blanco en determinados lugares, y mirá cómo quedó", muestra orgulloso una finísima pieza que dará status a la mendocina que lo luzca.

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Vidriera del negocio abierto en 1978 en calle Espejo, parte de una cadena de zapaterías iniciada en 1972 por Carlos Alfredo Alonso padre, quien legó la pasión a su hijo, actual conductor.

Vidriera del negocio abierto en 1978 en calle Espejo, parte de una cadena de zapaterías iniciada en 1972 por Carlos Alfredo Alonso padre, quien legó la pasión a su hijo, actual conductor.

Los inicios de un negocio familiar

La zapatería de Carlos, en la primera cuadra de calle Espejo 32, en pleno centro, fue abierta en 1978, pero formó parte de una cadena de siete sucursales, y la empresa comenzó en 1972, de forma casi casual y con una historia particular.

Carlos, de 54 años, heredó de su papá el segundo nombre, y de su abuelo, inmigrante español, el amor por emprender comercios. El abuelo inició la saga cuando luego de años de trabajar muchos años en el Plaza Hotel, en manos de empresarios europeos, creyó merecer "algo más por sus esfuerzos", pero sus patrones no tenían intenciones de hacerlo. Allí se largó a emprender su propio camino y se metió en la hotelería, alquilando al principio un inmueble de calle Las Heras 145, para transformarlo luego de pensión en el recordado hotel Royal.

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"Mi papá se fue de joven a vivir a Suecia, pero volvió porque mi abuelo necesitaba ayuda en el hotel, volvió, se casó con mi mamá, y ya se metió en el comercio poniendo una heladería. Yo viví hasta los 10 años en el hotel. Primero fue una heladería, y después derivó en zapatería. En la época fuerte de ventas ayudaba a mi papá en la zapatería", recordó el empresario mendocino.

Carlos estudió Farmacia hasta tercer año, arrancó en 1986, pero la diabetes declarada a sus 11 años, le jugaba en contra y no le permitía estar sentado largas horas estudiando, y además, ya le había picado el bichito de la zapatería.

La historia de las zapaterías de los Alonso

Carlos no estuvo sólo para continuar con la tradición de su papá, que tuvo como socios a sus hermanos, Jorge, ingeniero; y Fernando, médico, aunque estos amaban sus profesiones y sólo apoyaban como socios capitalistas.

"Mi papá, que se llama también Alfredo, tenía una heladería en calle 9 de Julio 1550, debajo del hotel, y un día vino un representante de una fábrica de zapatos, y le dijo a mi papá que pidiera lo que fuera necesario para abrir ahí una zapatería", después de mucho negociar, se asociaron y así nació la "primera criatura", la primera zapatería.

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"Un día cayó un chiflado de Buenos Aires, y le dijo a mi papá en la heladería que quería poner una zapatería en su local. Mi papá le dijo que la heladería andaba muy bien, y que no lo lo iba dejar. El hombre insistió, le dijo que pusiera el valor que quisiera para alquilarlo. "Yo soy fabricante de zapatos, y quiero abrir en este punto", le dijo a mi papá", rememoró Carlos.

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Alfredo Alonso -padre de Carlos-, le explicó al fabricante porteño que él, además de la heladería -y venta de café en invierno-, trabajaba también en el hotel de su padre (el local estaba debajo), y que no le interesaba otra cosa. Pero el visitante estaba obsesionado con el lugar. "Mi papá disparó una cifra altísima, como para desalentarlo, y ¡el hombre aceptó!".

Luego de un año, al fabricante de Buenos Aires no le fue bien, y le propuso a Carlos padre pagarle la deuda de alquiler con zapatos, y tuvo que aceptar. No conocía el tema, y allí se asoció con el dueño de Felipe Deportes, Jorge De Genaro, y cuando comenzaron a crecer -fueron los primeros en traer botas de caña alta a Mendoza-. "Era otra época, se traían los zapatos de Buenos Aires, dos días de viaje, en esos autos, con otras rutas, y había que estar muy atento en las fábricas para traerse lo mejor", explicó el hijo de aquel emprendedor, que hoy sigue con el negocio familiar en calle Espejo.

La empresa llegó a tener siete sucursales además de Alonso Calzados: la ya mencionada y pionera Sissy Geisha, Exas, Marianella, en la entrada de Galería Piazza; Shoes & Shoes, enfrente de Sissy; Kiss, en calle San Martín 1346; y American Store. Actualmente está de lleno en su ingreso al mercado digital, trabajando con la tienda online.

"Yo ya compré el verano "colección" y se vendrán los colores rosa, celeste o pasteles al comienzo. Después vendrán los colores fuertes: fucsia, naranja, rojo y mucho metalizado" "Yo ya compré el verano "colección" y se vendrán los colores rosa, celeste o pasteles al comienzo. Después vendrán los colores fuertes: fucsia, naranja, rojo y mucho metalizado"

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Un "ojo joven" y de buen gusto para el calzado

"Cuando dejé los estudios en 1989, me metí de lleno a trabajar con mi padre, y descubrí que tenía buen ojo para elegir zapatos. le puse el "ojo joven" al negocio. Trabajé hasta el '99 con papá y mi tío, el ingeniero, al que le compré su parte, el 50%, y le dije a mi papá que me asociaba", detalló Carlos sobre su idea de independizarse y dejar de ser "empleado".

"Mi papá me dijo que no, que él me vendía el otro 50%. Pagámelo como puedas, no quiero terminar peleándome con tu señora. Me llevo muy bien así, así que me quedé con el negocio junto a mi esposa Alicia (La Fata), que es mi motor", agregó Alonso para completar la historia.

"A mis hijos no les interesa el negocio. Me gustaría que Carla me diera una mano en lo que es la administración, ya que lo mío es más artístico. Siempre estoy buscando cosas que combinen, buscar novedades en el mercado, y gracias a dios salen bien los productos. También es importante la tarea de los fabricantes, que puedan plasmar la idea con el producto final, eso te saca la mitad del trabajo", confesó Carlos.

Explicó que se busca mucho en nuestro país, que tiene excelente productos básicos, buenos cueros, y luego en Italia los transforman en excelentes productos. También se hacer buenas cosas en Brasil, que está apuntando al mercado mundial. "Soy muy exigente, ya que nuestros clientes lo son. Les pido que mantengan la calidad en todo el zapato, que no abaraten en detalles porque se nota", explicó Alonso.

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Tan profundo es el amor al arte y el diseño, que Alonso busca crear con el calzado. "Nosotros seguimos más a los diseñadores como Prada, Dolce Gabbana, Salvatore Ferragamo, Miu Miu, y otros. Entonces vamos a los fabricantes y le exigimos. Mi tío Carlos Alonso, el pintor, hizo una muestra que llamo algo así como “ El pintor caminante “ en honor a Vincent Van Gogh. Fue una de las más bonitas y hay un cuadro de Vincent que estudiándolo me gustó, se llama Pilas del trigo con el segador, que está en un campos de trigo, y fue en ese cuadro que me inspire para hacer la botita Van Gogh, con esos colores celestes, marrones y dorados", detalló.

Pandemia, presente y futuro

En la pandemia la pasaron mal, pero buscaron la forma de no cerrar. "Tuvimos el apoyo de los ATP, nos apoyaron los dueños del local, ya que aquí alquilamos, desde hace casi 50 años, y también los proveedores, que comprendieron la situación. Pero tras tres meses abrimos, gracias a que aquí en Mendoza hubo más aperturas que en Buenos Aires y se pudo trabajar", destacó el comerciante.

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Respecto al presente, analizó que "Ahora es difícil, hay muchos subsidios, y beneficios para ente que no trabaja. Al final les conviene no trabajar. Sostengo que Argentina hay mucho trabajo".

"Hay que ampliar más los horarios, para que la gente tenga tiempo de poder buscar, probarse, y entonces está bueno el horario corrido. Se está vendiendo mucho online, aunque en esto es raro. hay una botas de $50.000 pesos que es raro que no te la vayas a probar", reflexionó Carlos Alfredo.

Respecto al futuro el empresario comentó que "quisiera ampliarme, quedarme en Argentina, porque creo que en cuanto entendamos que hay que trabajar un poco más, y que cada uno pueda aportar, independientemente de la ideología, trabajando todos juntos y parejo, ya que hay muchos que no aportan, el país sale adelante", finalizando.