Silvia Caba tiene cuarenta años. Hace dos que viene luchando contra un cáncer de colon, con metástasis en el hígado y en los pulmones. su pelea ha sido incesante y ardua, pero los resultados venían siendo muy buenos.
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Sin embargo, la pandemia de coronavirus modificó su situación: en febrero debió comenzar su segundo tratamiento de quimioterapia y día a día fue complicándose la entrega de los remedios.
Actualmente, Silvia necesita, para terminar su proceso de quimioterapia, dos drogas que su obra social, Ocsep, a través de Fide Salud, no le está proveyendo. Por esto, pide ser escuchada y tenida en cuenta, no sólo por ella, sino por los cientos de personas que están en situaciones similares y no encuentran una respuesta urgente. La enfermedad no sabe de esperas, ni de complicaciones, avanza. y las respuestas tienen que ser inmediatas.
Una odisea
Según contó a Diario UNO, cuando le descubrieron el cáncer, hace exactamente dos años, la operaron de urgencia y dos meses después comenzó la quimio. Fueron cuarenta sesiones, que luego se extendieron a algunas más. Pero el resultado fue muy bueno: los tumores se redujeron considerablemente y la metástasis se detuvo.
Así pasó dos años, con la enfermedad como un animal dormido en su interior. El cáncer y ella habían hecho una tregua: él no avanzaba, porque ella lo mantenía a raya, a pura fuerza de voluntad, de soportar los tratamientos y de querer vivir.
"En febrero de este año, los estudios me salieron mal. El cáncer había avanzado y tenía que empezar de nuevo el tratamiento, esta vez con drogas más fuertes". "En febrero de este año, los estudios me salieron mal. El cáncer había avanzado y tenía que empezar de nuevo el tratamiento, esta vez con drogas más fuertes".
Silvia CabaPaciente oncológica
El punto es que, al mismo tiempo, el Covid -19 sumió al mundo en una especie de burbuja monotemática: nada salía o entraba que no tuviera que ver con esta enfermedad.
Orien, el laboratorio que debía proveer a la obra social de las 24 ampollas de leucovorina cálcica y de las 5 cajas de fluorouracilo, cerró por la pandemia. De repente, Silvia vio que iba a perder los turnos que le habían dado en el Coir para comenzar el tratamiento y no vaciló: se lanzó a conseguir las drogas que le faltaban por su cuenta.
"Es una droga que no venden en todos lados, es difícil de conseguir si no es a través de una obra social. Así es que yo las conseguí y los inescrupulosos que me la vendieron, me cobraron 10.000 cada una de las cuatro ampollas de leucovorina, que me faltaban. El costo real era de 1400 pesos cada una". "Es una droga que no venden en todos lados, es difícil de conseguir si no es a través de una obra social. Así es que yo las conseguí y los inescrupulosos que me la vendieron, me cobraron 10.000 cada una de las cuatro ampollas de leucovorina, que me faltaban. El costo real era de 1400 pesos cada una".
si bien era una pequeña fortuna, no dudó en conseguir el dinero y pagarlas. Sin embargo, el problema con la obra social no se normalizó, sino que continúa, esta vez para conseguir el segundo fármaco: fluorouracilo. Este cuesta 4200 pesos cada caja, y necesita cuatro.
"Estamos pidiendo dinero a nuestros familiares, no lo dudamos porque si fuera por la obra social, yo estaría en mi casa, con cuidados paliativos, esperando a morirme". "Estamos pidiendo dinero a nuestros familiares, no lo dudamos porque si fuera por la obra social, yo estaría en mi casa, con cuidados paliativos, esperando a morirme".
Sin respuesta
Según manifestó Silvia, en la obra social le explican que el convenio con Orien les impide comprar el medicamento en otro laboratorio.
Para que le solucionen el problema, su abogado, Edgardo Valles, interpuso un recurso de amparo, del que en este momento están esperando respuesta.
"Yo he averiguado en otros laboratorios y farmacias de Mendoza y sí tienen el medicamento, entonces, es cuestión de que la obra social me solucione el problema sin que yo tenga que estar haciéndome problema por esto". "Yo he averiguado en otros laboratorios y farmacias de Mendoza y sí tienen el medicamento, entonces, es cuestión de que la obra social me solucione el problema sin que yo tenga que estar haciéndome problema por esto".
Según contó, lo que le pasa a ella le está ocurriendo a cientos de personas que están en situaciones similares, y que además de todo lo que tienen que pasar con las enfermedades, deben padecer las esperas y la falta de respuesta de las obras sociales.
"La principal recomendación sanitaria cuando comenzó la pandemia fue que la gente incluida en los grupos de riesgo, como yo, no saliéramos en ningún momento de nuestras casas. En cambio a mi directamente me mandaron a la calle, a arreglármelas como pudiera con mi medicación. Yo tengo muchas ganas de vivir, por esto he luchado tanto y lo seguiré haciendo". "La principal recomendación sanitaria cuando comenzó la pandemia fue que la gente incluida en los grupos de riesgo, como yo, no saliéramos en ningún momento de nuestras casas. En cambio a mi directamente me mandaron a la calle, a arreglármelas como pudiera con mi medicación. Yo tengo muchas ganas de vivir, por esto he luchado tanto y lo seguiré haciendo".