A los 17 años, mientras muchos adolescentes todavía intentan descubrir qué les gusta hacer o qué camino quieren seguir, Coral Di Silvestre ya encontró una pasión que ocupa buena parte de sus días, de sus esfuerzos y también de sus sueños. La joven mendocina acaba de consagrarse campeona nacional de lanzamiento de martillo en la categoría Sub 20 y este año tuvo la posibilidad de representar a la Argentina en los Juegos Odesur de la Juventud disputados en Panamá.
Cambió el baile por el lanzamiento de martillo y a los 17 años ya es campeona argentina
Coral Di Silvestre tiene 17 años, es campeona nacional de lanzamiento de martillo y acaba de representar al país en los Juegos Odesur de la Juventud

Aunque todavía es muy joven, Coral ya conoce las dificultades que enfrenta un atleta argentino. Pero ella sigue adelante.
Fotos: gentilezaSin embargo, detrás de las medallas, los viajes y las competencias internacionales hay una historia mucho más simple y cercana: la de una chica que un día se cansó de bailar y salió a buscar algo diferente sin imaginar que encontraría una disciplina que terminaría cambiándole la vida.
Recomendadas
"Me había cansado de hacer baile y empecé a buscar otros deportes", recuerda. Fue entonces cuando apareció el atletismo como una posibilidad y su mamá la llevó a conocer ese mundo que hasta entonces le resultaba completamente desconocido.
Lanzamiento, un deporte pura adrenalina y concentración
Al principio, como ocurre con muchos chicos que se acercan a esta disciplina, tuvo que probar distintas especialidades. El atletismo ofrece múltiples caminos: correr, saltar o lanzar. Coral rápidamente descubrió que algunos de ellos no estaban hechos para ella.
"Correr me costaba mucho y no me gustaba. Saltar tampoco. Soy malísima saltando", confiesa, y se ríe.
Sin embargo, cuando llegó el momento de probar las disciplinas de lanzamiento ocurrió algo que todavía hoy recuerda con claridad. Primero fue la jabalina. Bastó un lanzamiento para que apareciera una sensación nueva.
"Quedé totalmente enamorada de lo que sentí. Me encantó lanzar cosas", resume.
Durante más de un año se dedicó principalmente a la jabalina, hasta que una competencia le abrió una puerta inesperada. Fueron los Juegos Evita, uno de los semilleros deportivos más importantes del país. Para participar tuvo que probar las cuatro disciplinas de lanzamiento: bala, disco, jabalina y martillo. Y fue justamente ahí donde apareció el amor definitivo.
"Probé martillo y me encantó. Me gustó muchísimo desde el principio", recuerda.
En aquel momento tuvo que elegir una especialidad para competir y decidió inclinarse por el disco. Ganó la instancia departamental, después la provincial y logró clasificarse a los Juegos Nacionales Evita en Mar del Plata. Allí, con apenas 14 años, consiguió el segundo puesto nacional. Pero más allá del resultado, aquel torneo le dejó algo mucho más importante: la convicción de que el lanzamiento de martillo era el deporte que quería practicar.
Un enamoramiento con el lanzamiento de martillo
"Fue realmente probar y amar. El martillo tiene algo muy especial porque todo pasa muy rápido. Son apenas unos segundos de muchísima adrenalina y concentración. Esa sensación me atrapó por completo", explica.
Desde entonces no dejó de entrenar ni de crecer. Lo que comenzó como una curiosidad terminó transformándose en un proyecto deportivo serio que hoy ocupa gran parte de su vida. Su rutina está lejos de parecerse a la de una adolescente común. Entrena diez turnos semanales de dos horas cada uno, lo que significa alrededor de 20 horas de práctica por semana. A eso se suman las sesiones de kinesiología, las exigencias de la escuela secundaria y las clases en un instituto de inglés.
"Es complicado organizar todo. Tengo una libreta donde anoto horarios, actividades y todo lo que tengo que hacer porque si no sería imposible", cuenta.
Esa capacidad para administrar cada minuto se volvió una herramienta indispensable para sostener un ritmo que exige disciplina, esfuerzo y una gran capacidad de organización. Sin embargo, Coral tiene claro que nada de eso sería posible sin el apoyo de quienes la acompañan.
"No podría hacerlo sin mis papás, mi familia, mis amigos y toda la gente que está alrededor mío. Cuando uno hace deporte de alto rendimiento necesita muchísimo acompañamiento", asegura.
Ese respaldo fue clave para llegar a uno de los momentos más importantes de su carrera deportiva: la clasificación a los Juegos Sudamericanos de la Juventud realizados este año en Panamá. La posibilidad de competir internacionalmente era un objetivo que perseguían desde hacía tiempo junto a su entrenador, Nahuel Bua.
La clasificación no llegó fácilmente. El año anterior había quedado muy cerca de conseguirla, pero no alcanzó. Lejos de frustrarse, decidió seguir trabajando.
"Fue un proceso largo. Veníamos buscando una clasificación internacional desde hacía bastante tiempo y el año pasado nos quedamos muy cerca. Por eso cuando finalmente llegó este año fue algo hermoso", recuerda.
Entrenamiento intenso y enorme expectativa por este deporte
La preparación incluyó meses de entrenamiento intenso, competencias clasificatorias y una enorme expectativa. Después llegaron los viajes, la concentración en el Cenard y la posibilidad de compartir experiencias con atletas de distintas disciplinas y de diferentes países.
Para Coral, todo fue una experiencia inolvidable. Sin embargo, hay un instante que guarda por encima de todos los demás.
"Ponerme la camiseta argentina fue una sensación inexplicable", dice.
La emoción todavía aparece cuando habla de aquel momento.
"Sentí muchísimo orgullo. También mucha responsabilidad porque representar a tu país es algo enorme. Sabés que no estás compitiendo solamente por vos", señala.
En Panamá terminó en el cuarto puesto, un resultado que la dejó muy cerca del podio continental. Pero más allá de la posición final, lo que más valora son los aprendizajes que le dejó esa experiencia.
Entre ellos menciona uno que la sorprendió especialmente: la humildad.
"Conocí deportistas increíbles, algunos de un nivel impresionante, y la mayoría eran personas muy humildes. Eso me enseñó mucho. A veces uno imagina otra cosa cuando llega a esos lugares y la verdad es que encontré gente muy sencilla y muy comprometida con lo que hace".
También aprendió el valor de la perseverancia.
"Hubo veces que no clasificamos, competencias que no salieron como esperábamos y momentos difíciles. Pero seguir fue lo que nos permitió llegar a Panamá. Si nos hubiéramos quedado en las frustraciones no habríamos vivido nada de todo esto".
Aunque todavía es muy joven, Coral ya conoce las dificultades que enfrenta un atleta argentino. Habla con naturalidad de los costos que implica sostener una carrera deportiva, de los viajes, de los suplementos, de la preparación física y de la necesidad permanente de buscar recursos para continuar creciendo.
"Muchas veces es difícil porque se necesita ayuda económica para sostener el desarrollo deportivo. Por suerte tengo una familia que me apoya muchísimo, un entrenador que siempre está y un equipo que me acompaña", explica agradecida.
Un deporte de alto rendimiento y todo lo que conlleva
Por estos días, mientras intenta equilibrar entrenamientos, estudios y proyectos personales, también empieza a pensar en el futuro. Como cualquier chica de su edad, debe decidir qué carrera quiere estudiar y cómo compatibilizar esa nueva etapa con el deporte de alto rendimiento.
No tiene todas las respuestas, pero sí algunas certezas. La principal es que quiere seguir creciendo como atleta.
"Si le preguntás a cualquier deportista, todos sueñan con llegar a un Mundial, a unos Juegos Panamericanos o a unos Juegos Olímpicos", reconoce.
Sabe que son metas enormes y que el camino es largo. También sabe que para alcanzarlas hará falta mucho trabajo y mucho apoyo. Pero quienes la conocen aseguran que la perseverancia nunca fue un problema para ella.
Mientras tanto, sus próximos objetivos están más cerca. La Copa Nacional U18, el Campeonato Nacional U18 y la posibilidad de clasificar a un Sudamericano aparecen en el horizonte inmediato.
Coral los mira con la misma ilusión que tenía aquella tarde en la que llegó por primera vez a una pista de atletismo buscando simplemente algo distinto para hacer después de dejar el baile.
Lo que encontró fue mucho más que un deporte. Encontró una pasión capaz de organizar sus días, de llevarla a otros países, de enseñarle disciplina, humildad y perseverancia. Y encontró, sobre todo, un sueño que sigue creciendo cada vez que entra al círculo de lanzamiento, gira sobre sí misma y deja volar el martillo imaginando hasta dónde podrá llegar.