El actual régimen talibán asumió el poder en Afganistán en 2021, cuando tomaron el control de la capital, Kabul, tras la retirada de las fuerzas internacionales y la huida del entonces presidente Ashraf Ghani. Desde ese entonces, se privó a las mujeres y las niñas de casi todos sus derechos fundamentales.
Afganistán atraviesa la peor crisis de derechos para las mujeres en el mundo
La mayoría de las mujeres afganas ha perdido la capacidad de tomar decisiones dentro de sus propios hogares

Según ONUMujeres: " Afganistán está más cerca que nunca de consolidar una visión de sociedad que borra por completo a las mujeres de la vida pública". Las niñas tienen prohibido ir a la escuela a partir de los 13 años, no pueden tener un empleo fuera del hogar, dañando las economías familiares, están vetadas de la vida política, y en múltiples regiones no pueden salir a la calle sin la compañía de un mahram (familiar varón).
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Afganistán: un infierno para las mujeres
La mayoría de las mujeres ha perdido la capacidad de tomar decisiones dentro de sus propios hogares. Además, las prohibiciones para que las mujeres estudien medicina y la restricción de recibir atención médica de doctores varones, sumadas a recortes de ayuda internacional, han provocado una crisis sanitaria para las mujeres.
Por otro lado, el código de vestimenta de las mujeres ha sido sometido a una normativa extrema. En Afganistán las mujeres deben estar cubiertas desde la cabeza hasta los pies. Aquellas que se atreven a desafiar las reglas impuestas por los talibanes se enfrentan a castigos como azotes, palizas y abusos verbales.
Por otro lado, según la legislación, las voces de las mujeres también se consideran “vicio” cuando son escuchadas en público. Las restricciones respecto a estas establecen que “siempre que una mujer adulta salga de su casa por necesidad, está obligada a ocultar su voz, rostro y cuerpo”.
El nuevo código permite el matrimonio infantil
En mayo de 2026, el régimen Tlibán aprobó un nuevo decreto que, según Amnistía Internacional, facilita y normaliza el matrimonio infantil. Esto permite que los padres, abuelos e incluso otros familiares, puedan acordar el matrimonio de niñas menores de edad y dificulta que ellas puedan oponerse o poner fin a esas uniones.
Uno de los puntos más cuestionados es que el decreto considera que el silencio de una niña después de la pubertad puede interpretarse como un consentimiento para casarse. Para organizaciones de derechos humanos, esto aumenta el rieso de matrimonios forzados, ya que el consentimiento debe ser libre, claro y voluntario.
Las niñas que quieren impugnar el matrimonio enfrentan importantes obstáculos legales. En cambio, los hombres pueden divorciarse de forma unilateral y con muchos menos requisitos, lo que evidencia una profunda desigualdad entre mujeres y varones.