El imaginario colectivo, alimentado durante décadas por el cine y las series de televisión, nos ha enseñado a identificar un ataque al corazón de una sola manera: un hombre que se lleva la mano al pecho con gesto de dolor y cae al suelo. Sin embargo, en las mujeres, esto puede no ser así.
Sucede que, muchas veces, el infarto puede presentarse de una forma completamente diferente, manifestándose en un lugar totalmente inesperado.
Por qué el dolor de mandíbula debe ser una alerta para las mujeres
El fenómeno detrás de este síntoma se conoce en la medicina como dolor referido. El corazón no posee terminales nerviosas que le permitan enviar una señal de dolor directo y localizado al cerebro. Cuando el músculo cardíaco sufre por la falta de oxígeno (isquemia), las señales de alerta viajan por la misma autopista nerviosa.
De acuerdo con la Asociación Americana del Corazón (AHA), las mujeres tienen una probabilidad significativamente mayor que los hombres de experimentar síntomas de infarto que no están relacionados con el dolor de pecho, destacando de manera específica el malestar en la mandíbula, el cuello, y la parte superior de la espalda.
El factor tiempo es crucial ante un infarto. Debido a que estos síntomas atípicos suelen minimizarse, las mujeres tardan, en promedio, el doble de tiempo que los hombres en acudir a una guardia médica.
Las "banderas rojas" que no debes ignorar
Para evitar alarmarse ante cualquier molestia común, es fundamental aprender a diferenciar la tensión muscular o el dolor de muelas de un infarto en curso. Presta atención a estas señales de advertencia si eres mujer:
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Dolor sordo y opresivo: no es un pinchazo agudo en un diente. Se siente como una presión o un malestar pesado que se extiende por toda la mandíbula, el cuello o incluso la nuca.
Aparición repentina sin causa: el dolor aparece de la nada, sin haber comido algo duro ni tener antecedentes de problemas dentales.
Síntomas acompañantes: el malestar maxilar rara vez viene solo. Suele estar acompañado de un cansancio extremo y repentino, sudoración fría, mareos, náuseas o una molesta sensación de falta de aire.
No cede al movimiento: si abres o cierras la boca, te masajeas la zona o cambias de postura y el dolor no varía en lo absoluto, el problema no es de origen muscular.




