Contar con un árbol frutal en el jardín es una experiencia gratificante que aporta vitalidad al hogar y ofrece cosechas frescas para el consumo familiar. Sin embargo, estos ejemplares suelen ser el blanco predilecto de diversos agentes nocivos. La aparición de hormigas, pulgones y otros insectos en el tronco es un problema común que, de no ser atendido, puede comprometer seriamente la salud de la planta. Afortunadamente, un sencillo truco con ceniza nos permitirá ponerle fin a las plagas que atentan contra el ejemplar.
El truco de la ceniza para alejar las plagas del árbol frutal
El uso ecológico de la ceniza de madera actúa como una barrera física y química altamente efectiva para ponerle fin a las plagas que atentan contra el bienestar del árbol frutal. En consecuencia, con un desecho que siempre termina en la basura tras hacer un asado o prender la estufa a leña, lograremos terminar con un grave problema.
La clave de este remedio casero se encuentra en las propiedades de la ceniza. Al ser aplicada sobre la corteza del árbol frutal, este material altera el entorno inmediato de la planta, dificultando el tránsito de insectos rastreros y previniendo la proliferación de hongos y cochinillas.
Para el éxito de este truco de jardinería, es fundamental que la madera quemada sea limpia, es decir, que no contenga residuos de químicos, barnices o pinturas, ya que estas sustancias podrían resultar tóxicas para el cultivo.
Además, la ceniza solo debe utilizarse en ejemplares adultos, dado que los árboles frutales jóvenes poseen tejidos más delicados que podrían reaccionar negativamente ante el tratamiento.
Para realizar este truco, primero debemos buscar un colador y eliminar los fragmentos grandes de carbón o madera hasta obtener un polvo fino y homogéneo. Posteriormente, añadir agua de forma gradual mientras mezclamos constantemente hasta alcanzar una consistencia pastosa que sea lo suficientemente fluida para esparcir, pero densa para adherirse al tronco sin chorrear.
Para la aplicación utilizar una brocha para encalar el tronco del árbol frutal, comenzando desde la base y subiendo varios centímetros. Tenemos que evitar el contacto de la pasta con las hojas, flores o frutos, ya que esto podría interferir con procesos vitales como la fotosíntesis.
Una vez que la primera capa se haya secado por completo, podemos aplicar una segunda para reforzar la protección. Este sencillo mantenimiento, repetido cada dos meses, garantiza que el árbol frutal permanezca protegido de distintas plagas.





