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La abuela que aprende a leer y escribir para ayudar a sus nietas en la pandemia

Editado por Paola Alé
ale.paola@diariouno.com.ar

Se llama María del Rosario Puebla de Muñoz, pero a ella le gusta que le digan Charo porque así la llamaba su mamá. Tiene 51 años de una vida muy intensa. Se crío en una casa humilde de San Carlos junto a dieciséis hermanas y hermanos.

Sus padres enfermaron y ella tuvo que ayudar en su casa y abandonar la escuela, a poco de haber comenzado el primer grado.

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Pasó el tiempo y Charo tuvo el primero de sus seis hijos a los 18 años. La escuela y con ella el sueño de leer y escribir, quedaron muy lejanos. Luego se convirtió en abuela, pero casi volvió a ser madre, porque tiene a su cargo a cinco niñas y niños de distintas edades -desde una adolescente hasta un pequeño de 3 años-

Con la pandemia de coronavirus, también sobrevinieron otras responsabilidades, sobre todo el desafío de la educación virtual.

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Sin embargo, la escuela en casa también llegó para ella. Las maestras de la escuela Adolfo Tula, de la Consulta, al ver el rol tan importante que Charo tenía en la organización familiar, le preguntaron si también quería aprender y así fue.

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Graciela Álvarez, directora del establecimiento, contó a Diario UNO la emocionante aventura de asistir a Charo en su alfabetización, a la par del estudio de las nietas. Esta es una historia de amor, de las que las docentes son una parte fundamental.

El brillo de sus ojos

Las ganas de aprender de Charo se manifestaron al instante de comenzar a recibir el material escolar para que las niñas trabajaran.

"Estoy muy feliz y muy agradecida con las maestras de las chicas, que me están ayudando. Ya puedo leer sola, y también estoy aprendiendo a escribir. Antes me traían algún papel para firmar y yo no sabía leer, no sabía lo que decía" "Estoy muy feliz y muy agradecida con las maestras de las chicas, que me están ayudando. Ya puedo leer sola, y también estoy aprendiendo a escribir. Antes me traían algún papel para firmar y yo no sabía leer, no sabía lo que decía"

El agradecimiento es una de las frases recurrentes de la abuela sancarlina.

"Las maestras se preocupan en traernos en material y ayudarnos a resolver todas las dudas, estamos muy contentas" "Las maestras se preocupan en traernos en material y ayudarnos a resolver todas las dudas, estamos muy contentas"

Graciela relató cómo fue que llegaron por primera vez a la casa de Charo, para llevar las tareas de las alumnas que asisten a la Adolfo Tula y la conocieron.

"Conocerla es quererla; es una maestra de la vida que no aprendió a leer y a escribir pero que nos enseñó tantas cosas..." "Conocerla es quererla; es una maestra de la vida que no aprendió a leer y a escribir pero que nos enseñó tantas cosas..."

Graciela ÁlvarezDirectora de la escuela Adolfo Tula (La Consulta)

Las primeras veces fue sólo ella a llevarle los cuadernillos para que sus nietas estudiaran. Sin embargo, cuando conocieron la historia, las mismas docentes de las chicas le pidieron acompañarla y se conmovieron con el sacrificio.

"Cuando Charo nos recibió, le fuimos diciendo qué material llevábamos para cada niña y ella nos respondió que no sabía cómo, pero que haría todo lo posible para que sus nietas aprendieran, algo que ella no pudo hacer. Entonces le preguntamos si le gustaría aprender. "Me encantaría", nos respondió, y le brilló la mirada. "Cuando Charo nos recibió, le fuimos diciendo qué material llevábamos para cada niña y ella nos respondió que no sabía cómo, pero que haría todo lo posible para que sus nietas aprendieran, algo que ella no pudo hacer. Entonces le preguntamos si le gustaría aprender. "Me encantaría", nos respondió, y le brilló la mirada.

En la actualidad tienen internet porque uno de sus nietos mayores le ofreció pagar la conexión, ya que hasta hace algún tiempo no tenían. Desde que tienen conectividad, reciben la tarea en el teléfono.

"yo hice la publicación en mis redes sociales porque quiero conseguirles una computadora, para que todas puedan aprender, es un grandísimo esfuerzo el que están haciendo" "yo hice la publicación en mis redes sociales porque quiero conseguirles una computadora, para que todas puedan aprender, es un grandísimo esfuerzo el que están haciendo"

Las maestras valoraron cada uno de los sacrificios que la abuela Charo hace para aprender y poder ayudar a sus nietas, así es que decidieron brindarle apoyo en forma presencial.

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"Vamos con nuestra mesita móvil, nos instalamos afuera de la casa, tomamos todas las precauciones sanitarias, y apoyamos el aprendizaje que está haciendo. Charo ha demostrado maravillosos avances, ahora ya empezó a leer" "Vamos con nuestra mesita móvil, nos instalamos afuera de la casa, tomamos todas las precauciones sanitarias, y apoyamos el aprendizaje que está haciendo. Charo ha demostrado maravillosos avances, ahora ya empezó a leer"

Trabajadoras esenciales

Si bien las maestras siempre son personas fundamentales en la vida de los chicos, hay situaciones puntuales en las que lo son mucho más. Este es el caso del equipo con el que Graciela Álvarez trabaja.

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"Yo quiero hacer una mención muy especial para mis docentes. Carla Vega, que es la maestra de una de las nietas de Charo en primer grado, se comprometió a mandarle el material para que ambas se alfabetizaran" "Yo quiero hacer una mención muy especial para mis docentes. Carla Vega, que es la maestra de una de las nietas de Charo en primer grado, se comprometió a mandarle el material para que ambas se alfabetizaran"

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Graciela manifestó que así como Carla, Marisa Zani, la vicedirectora de la escuela, y muchas maestras más, salen a buscar a los chicos que no tienen conectividad, o que les cuesta mucho hacer las tareas solos.

"Es el momento de felicidad de la semana, las chicas llegan hasta lugares sumamente alejados, van en sus propios vehículos, les llevan las tareas y alguna golosina, lo hacen para escuchar la voz de sus alumnos, para estar presentes" "Es el momento de felicidad de la semana, las chicas llegan hasta lugares sumamente alejados, van en sus propios vehículos, les llevan las tareas y alguna golosina, lo hacen para escuchar la voz de sus alumnos, para estar presentes"

Graciela destacó que así trabajan con los 548 alumnos y alumnas de la escuela Tula y en miles de escuelas alejadas de las grandes ciudades, que son la conexión con el mundo de los niños y niñas.


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