Personajes

A los 84 años, el Flaco Suárez reveló su fórmula para la resiliencia

Conmovido por la situación de violencia en Ecuador, adonde estuvo exiliado durante la dictadura, el artista mendocino viene de actuar y dar un taller en Lima, Perú. Se define como "laburante del arte"

El "Flaco" Ernesto Suárez es un libro abierto para la cultura mendocina. A los 84 años recién cumplidos, tiene una memoria privilegiada. Por eso ahora no puede hablar de otra cosa que no sea la situación de violencia en Ecuador, país que lo acogió durante la última dictadura militar argentina y al que abraza como a su propio país. Y por estos días sale con los tapones de punta a la calle ante un posible avasallamiento de los derechos humanos y culturales adquiridos que pueda arrebatar con sus medidas políticas el presidente Javier Milei.

El Flaco Suárez se define como "un laburante", lejos de creerse haber sido tocado por la varita mágica para alcanzar el reconocimiento y la popularidad en estos 60 años de carrera teatral que trasciende las fronteras de su provincia. "No creo que sea un tipo con suerte, no creo en esas cosas", manifiesta.

Y así de contundente también declara que "el arte es un alimento para el alma, por eso salimos a pedir que no nos quiten la comida por la que tanto luchamos". El artista se refiere al DNU y la Ley Ómnibus que propuso Milei y que pretenden, entre otras medidas, eliminar el Instituto Nacional del Teatro (INT) a través de la derogación de la Ley 24.800 creada en 1997.

Suárez formó parte del colectivo de artistas de todo el país que hace 27 años lucharon para la fundación del INT, organismo federal con representantes en cada provincia que tiene como objetivo garantizar la diversidad cultural y el acceso a los bienes y servicios teatrales a toda la población argentina mediante el fomento, desarrollo y protección de los trabajadores del arte escénico.

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Ernesto Suárez asistió al cacerolazo cultural contra las medidas que propone Milei. Fue el miércoles pasado en el kilómetro 0 de Ciudad.

Ernesto Suárez asistió al cacerolazo cultural contra las medidas que propone Milei. Fue el miércoles pasado en el kilómetro 0 de Ciudad.

"Me parece una locura que, después de años y años luchando, de golpe chau al INT", sostiene el Flaco y rememora 50 años de lucha en defensa del teatro independiente mendocino. "No se puede borrar tanto esfuerzo de un plumazo porque esta gente considere a la cultura como un gasto", afirma mientras apura el paso en las calles céntricas para llegar a tiempo al cacerolazo cultural, una de las manifestaciones de artistas locales contra ésta y otras propuestas de la Ley Ómnibus.

Su sensación de aniquilamiento de la cultura que para él intenta imponer el gobierno nacional la compara con los años oscuros del proceso cuando se detonaban bombas en los teatros. "Así se manifestaban los milicos, poniendo bombas en los espacios culturales para eliminarlos", recuerda el Flaco y todavía puede oler el humo denso que dejó aquella detonación en el TNT (Taller Nuestro Teatro), espacio cultural por excelencia en los años '70 que se redujo a cenizas, no tanto por sus instalaciones pero sí fue un derrumbe para la cultura local.

"El INT ha dado más de 400 salas teatrales en todo el país, Mendoza tiene lugares para el teatro gracias al Instituto, sin apoyo del Estado hubiera sido muy difícil subsistir. Las giras federales, las fiestas, las capacitaciones; siempre fomentando el teatro independiente como generador de miles de puestos de trabajo", declara. Y cuestiona: "¿Para qué se crearon universidades artísticas si ahora no queremos dejar trabajar a sus egresados? Los artistas terminan dando clases en las escuelas en lugar de actuar en un escenario".

Su consternación por la ola de violencia en Ecuador

Ernesto "el Flaco" Suárez, como tantos otros artistas mendocinos y del resto del país, vivió sus años de exilio durante la última dictadura militar argentina. Durante los años '70 viajó por países latinoamericanos como Colombia y Perú hasta que se radicó en Guayaquil, Ecuador.

En esa ciudad portuaria fundó el elenco de teatro El Juglar, en 1977, que hasta la actualidad es un emblema cultural para los ecuatorianos. Y el Flaco continúa su vínculo con aquellos compañeros así como con ese país que tanto significó para su vida.

"Es terrible lo que está pasando en Ecuador, infernal el nivel de violencia, me duele mucho", dice el actor mendocino y cuenta que se mantiene en permanente contacto con "mis hermanos de allá, muchos de El Juglar, muchos artistas, que me llaman llorando". Sus siete años en Ecuador lo marcaron para siempre. "Guayaquil es una ciudad que amo, que le agradezco siempre por haber recibido en un momento tan duro como es ser un exiliado", agrega.

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Suárez visitó su barrio de infancia y la plaza a la que iba a jugar de niño con sus vecinos, en la Cuarta Sección.

Suárez visitó su barrio de infancia y la plaza a la que iba a jugar de niño con sus vecinos, en la Cuarta Sección.

En medio de esta situación crítica para los ecuatorianos, Suárez prefiere recordar cuando hace dos años "15 compañeros del grupo que quedan vivos se cayeron a Mendoza de sorpresa, a visitarme; fue hermoso, me tocaron el timbre cantándome una canción nuestra de El Juglar que siempre cantábamos".

Un artista de barrio con fama mundial

Tiene experiencia de sobra en esto de unirse a sus colegas en espacios públicos abogando por la potestad cultural del pueblo. Él que es un verdadero exponente de la cultura popular, que desarrolló su vida artística en los barrios y que todavía hoy se mantiene en pie de lucha por los derechos adquiridos y el fortalecimiento de las bases para dejar un mejor futuro a las nuevas generaciones.

Por eso, para la producción fotográfica de esta entrevista, el Flaco elige la plaza de su barrio de infancia, en la Cuarta Sección. Y llega al volante de su amado Renault 12 modelo '94 que cuida como un hijo. "Con este auto llevamos 30 años juntos, cuando muera quiero que me entierren en él", expresa su deseo, y advierte que "no es broma".

La relación con su auto es conocida por la comunidad artística local y hasta Rodrigo de la Serna vivió la experiencia de viajar en ese vehículo. "Cuando viene a visitarme lo sigo yendo a buscar al aeropuerto en mi Renault 12, a veces tenemos que empujarlo, se empaca y no quiere arrancar", comenta entre risas quien supo entablar una amistad con el actor porteño tras protagonizar juntos la película Camino a La Paz (2015). "Siempre nos llamamos y yo le mando puteadas en ucraniano por Whatsapp ahora que está en Ucrania trabajando", dice con su característico humor.

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La relación del Flaco Suárez con su Renault 12 es tan profunda que cuando muera le gustaría ser enterrado en él.

La relación del Flaco Suárez con su Renault 12 es tan profunda que cuando muera le gustaría ser enterrado en él.

El Flaco Suárez recorre las calles de su niñez como quien ve atravesar sus días felices. Da largos pasos con sus lánguidas piernas y los detiene apenas se vienen a él vecinos para saludarlo. Pone el cachete con una amplia sonrisa para recibir los besos y hasta patea una pelota de fútbol para prenderse al partido improvisado de los chicos del barrio que le dan vida a la plaza como potrero.

"Mi vieja era sabia y me decía que el que se olvida de dónde viene no sabe adónde va", afirma el actor de Lágrimas y Risas y tantísimos otros éxitos teatrales. Fundador del elenco y la sala El Taller, Ernesto Suárez confiesa que con el tiempo ha aprendido a soltar. Por eso le dejó El Taller a sus compañeros del proyecto aunque, por supuesto, sigue conectado al grupo. "Hace como siete años decidí que ellos tomaran la posta, El Taller tiene como 300 alumnos, eso me pone muy contento", cuenta con orgullo. Lo mismo hizo con el elenco de teatro comunitario De Sol a Sol que dirigió durante una década y ahora siguen trabajando sin él al frente.

Críticas a la Vendimia y cómo volver a sus orígenes

Las charlas con el Flaco Suárez parecen resumir en él varias vidas a la vez. Porque además de sus 60 años de trayectoria teatral, el artista también fue vendimiador. De los 14 a los 18 años salía de la escuela a cosechar en distintas fincas y es voz autorizada para opinar sobre la fiesta mayor de los mendocinos.

"La Vendimia se ha transformado en show y turismo cuando su origen es de una fiesta popular", critica. Y rememora aquellas tardes entre viñedos bajo el radiante sol de los veranos de Mendoza, cuando disfrutaba tanto de los finales de cosechas. "Hacíamos la vendimia en las fincas, arriba de los tractores cosechadores; la reina era la que primero agarraba el racimo que arrojábamos desde los carros", cuenta Suárez. Y pide "volver a esos orígenes para saber por qué estamos celebrando la Vendimia".

Para el Flaco, los artistas trabajan en las fiestas departamentales o la nacional sobre todo "porque no tienen muchos lugares más adonde trabajar, es un trabajo al final, mal pago por supuesto".

No piensa ni cerca en el retiro de los escenarios

A sus 84 años, Ernesto Suárez, creador de clásicos como El Trámite o Hablemos de la Pareja, está muy lejos de retirarse de la actividad artística y cultural.

De hecho, el teatrista acaba de llegar de Lima, Perú, adonde fue convocado para dictar un taller de arte escénico y ofrecer una función de Lágrimas y Risas. "Este espectáculo mío contiene parte de un cuento de Draghi Lucero y los peruanos lloraban de emoción", narra orgulloso de llevar consigo, a través del teatro, las letras de uno de los autores fundamentales que ha dado Mendoza.

También es profundo su vínculo con las artes visuales mendocinas. "Tengo muchos cuadros que me han regalado amigos que tanto hicieron por la plástica en sus salones y en la Escuela de Arte también", afirma y enseguida se le vienen a la cabeza "gente que he querido y admiro un montón" como Alfredo Ceverino, José Bermúdez o Quino.

Así también, el año pasado llegó al cine Parque Central, una película del mendocino José Kemelmajer en la que Suárez asumió uno de los roles protagónicos. "Vino José con los chicos a ofrecerme actuar; me acuerdo que me reunieron en un café, era todo muy protocolar, no sé, los pavos creían que iba a negarme o a pedir un cachet", revela quien trabajó en el filme "cobrando lo que se podía, se hizo con un esfuerzo enorme de parte de todos".

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A sus 84 años, el Flaco acaba de venir de la capital peruana adonde ofreció un taller de teatro y dio una función de su unipersonal Lágrimas y Risas.

A sus 84 años, el Flaco acaba de venir de la capital peruana adonde ofreció un taller de teatro y dio una función de su unipersonal Lágrimas y Risas.

"Voy a seguir trabajando porque no me queda otra, tengo que comer", suelta intentando esquivar ese "fantasma" del retiro pese a haber superado ya los años para la jubilación. "No me gustan los homenajes porque eso se les hace a los muertos y yo estoy muy vivo", le advierte a cualquier desprevenido que se le haya ocurrido celebrar su carrera teatral.

Y, más allá de la crisis actual y de todas las que ha atravesado en su vida, Ernesto Suárez mantiene firme su consideración de que "el teatro mendocino fue y sigue siendo uno de los más importantes del interior del país".