A 50 años del golpe militar de 1976, el colectivo Mujeres por la Memoria -una agrupación que busca mantener vivo el recuerdo de los años más duros que vivió el país- destacó los testimonios de mujeres que pasaron por centros clandestinos de detención en Mendoza. Historias que durante años costó contar, y que todavía hoy interpelan como el primer día.
A 50 años del golpe militar de 1976: el relato de una ex presa política sobre las violaciones en el D2
El colectivo Mujeres por la Memoria rescató testimonios de la represión en Mendoza. Silvia Ontivero contó que las violaciones eran sistemáticas

Silvia Ontivero, un testimonio duro sobre la Mendoza de la dictadura.
Uno de esos relatos es el de Silvia Ontivero, quien declaró en los juicios de lesa humanidad y describió con crudeza lo que vivió durante su cautiverio. Aseguró que, además de las torturas físicas, las mujeres detenidas eran sometidas a violencia sexual de manera sistemática.
Ontivero habló de un “doble castigo”: las torturas y las violaciones. También recordó que eran humilladas, tratadas de prostitutas o malas madres, y que en muchos casos les arrebataron a sus hijos. “Me hubiera gustado que en mi juventud hubiera tenido los argumentos que los jóvenes de hoy tienen”, dijo, y llamó a las nuevas generaciones a comprometerse para cambiar la realidad.
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El terrible paso por el D2: 18 días de violaciones
Silvia Ontivero fue detenida el 9 de febrero de 1976, cuando tenía 29 años. La llevaron al D2, donde permaneció casi 20 días en condiciones extremas. Allí, según su testimonio, fue sometida a golpes, patadas y largas sesiones de picana eléctrica.
Pero lo que más la marcó, según dijo,fueron las violaciones. Relató que fue violada en reiteradas ocasiones. En el testimonio que dio durante los juicios a represores mendocinos, Silvia contó que la violaron todos los días que pasó en el D2.
Tan bestiales fueron sus verdugos, que lastimaron sus órganos reproductores hasta el punto de dejarla estéril. Silvia explicó que, aunque las mantenían vendadas, podían reconocer que no se trataba siempre de los mismos agresores por detalles como la respiración, los olores o la forma de insultar.
Su relato dejó en claro que no se trataba de hechos aislados, sino de una práctica extendida contra las mujeres detenidas en ese centro clandestino.
Seis años detenida y sin condena en la cárcel de Devoto
Tras su paso por el D2, Ontivero fue trasladada a la penitenciaría de Mendoza y luego a la cárcel de Devoto (CABA). En total, pasó seis años privada de la libertad.
“Sin ningún motivo”, dijo durante su declaración, en la que también apuntó contra el ex juez Damián Carrizo, a quien señaló como una de las personas que la visitaron durante su cautiverio.
Un mensaje duro pero esperanzador para los jóvenes
Además de las torturas físicas y sexuales, Ontivero recordó el componente de humillación constante. Las mujeres eran descalificadas por su condición de militantes, pero también por su género.
Las humillaciones a las que eran sometidas, según manifestó, tenían un claro objetivo: disciplinar y castigar no solo la militancia política, sino también cualquier forma de autonomía.
Silvia Ontivero es, lo que se dice, una mujer sobreviviente. No solo de la dictadura y sus vejámenes, sino de la pérdida de su único hijo, Alejo Hunau, que fue asesinado en noviembre del 2004. Alejo era un comunicador mendocino que murió en su domicilio, en manos de Diego Arduino, quien permanece preso.
Ontivero es la imagen viva de la resiliencia, alguien capaz de afrontar situaciones de dolor -algunas inimaginables-, y hoy tener la entereza de dar un mensaje esperanzador a los jóvenes.
La mujer se refirió a las nuevas generaciones y dijo que le hubiera gustado contar, en aquel momento, con las herramientas y los argumentos que hoy tienen los jóvenes.
Por eso, los convocó a involucrarse, a no ser indiferentes y a comprometerse con la realidad del país. Su testimonio, como el de tantas otras mujeres, vuelve a circular -a medio siglo del golpe- como una forma de memoria activa.