Fecha memorable

Hace 99 años una mujer cruzaba en avión los Andes por primera vez

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Mujeres empoderadas, que rompen barreras ideológicas y costumbres arcaicas no son un producto exclusivo de esta época. La historia está llena de esas hazañas donde la sociedad suponía que les estaban vedadas al sexo femenino. Una de ellas fue la francesa Adrienne Bolland, con 25 años, el 1° de abril de 1921, y contra todos los pronósticos se consagraba como la primera mujer en cruzar la cordillera de los Andes, por su parte más alta, por la ruta Mendoza- Santiago de Chile, en un pequeño y vetusto avión escuela de 80 HP de potencia, dejando callados a quienes dijeron "no se puede".

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Apenas casi tres antes años un avión había podido sortear la masa andina. Fue el capitán Luis Candelaria quien por una parte más baja -por Neuquén- había logrado unir a nuestro país con Chile, cumpliendo el sueño de Jorge Newbery y triunfando donde habían claudicado otros valientes pioneros de la aviación. El 13 de abril de 1918 el tucumano capitán Candelaria uniría Zapala con Cunco en un vuelo de 2 horas y media, volando a 4.000 metros de altura sobre el nivel del mar.

En diciembre de ese año 1919 el militar chileno Dagoberto Godoy elevaría la cinta de la dificultad, al realizar el cruce Santiago-Mendoza, o sea por la parte más alta, volando por encima de los 6.000 metros de altura en su Bristol con motor Le Rhone  de 110 HP.

Luego -al año siguiente- vendrían por la ruta "del Aconcagua" los intentos fallidos de Antonio Parodi, Pedro Zanni y Benjamín Matienzo, donde éste también tucumano perdería la vida el 28 de mayo.

Por eso, cuando apareció en tierras argentinas esta despreocupada e intrépida francesa de apenas 25 años con el plan de promocionar sus aviones, y decidió aquí redoblar la apuesta e intentar cruzar la cordillera. Esta loca idea provocó no pocas risas hirientes y despectivas.  Cómo antecedentes tenía sólo 40 horas de vuelo, desde que había obtenido su licencia 14 meses antes. Pero pocos sabían del carácter indómito de la pequeña Zizi, que un año antes había realizado el segundo cruce femenino del Canal de la Mancha y un récord femenino de altura de 4.500m.

-"Mire que esas montañas no son de chocolate", le dijeron no pocos a Adrienne, la que respondió: "Tampoco mi Caudrón es un barrilete. ¡Ya verán, ya verán!".

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Egresada de la Escuela Caudrón, fabrica que la tomaría como la primera mujer piloto, llegó a Buenos Aires el 23 de diciembre de 1920 en el barco Lutetia, y venía con cuatro aviones Caudrón G-3, de apenas 80 HP de potencia.

Pronto se ganó el cariño de los porteños, deleitándolos con sus acrobacias cada fin de semana en el hipódromo de Palermo, y en unas de esas exhibiciones donó lo recaudado para los mendocinos víctimas de un terremoto ocurrido el 17 de diciembre de 1920 a las 18.59, y que dejó cerca de 350 víctimas en el norteño departamento de Lavalle (afectó la Villa Tulumaya, Costa de Araujo y El Central).

A preparar la aventura en Mendoza

Por eso cuando se alojó en la capital mendocina, en el desaparecido Grand Hotel ya gozaba de los mimos de los mendocinos al bajar del tren de la línea Buenos Aires al Pacífico (BAP) junto a su mecánico Crochard.

Los anteriores triunfos sobre la cordillera habían sido realizados en aviones de mayor potencia que el suyo, pero al requerirlo a su patrón (y ex amante) René Caudrón, este prefirió guardar silencio y hacer como que nada había escuchado.

Zizi y su mecánico armaron en febrero el Caudrón G-3 sesquiplano (con dos planos de alas, uno de ellos más chicos) con motor Le Rhoné de 80 HP y comenzaron los ensayos, ya con esa alta línea azul que la desafiaba al Oeste como meta.

El 31 de marzo la arriesgada francesa, sabiendo que no podría volar a los 6.000 metros requeridos, y que tendría que gambetear cumbres a poco más de 3.000 metros de techo, se largó a la aventura. Pero los constantes vientos del Pacífico, que amargaron inicialmente a los primeros intentos de los pilotos argentinos, al tener que viajar con corrientes en contra, hicieron que la valiente Adrienne tuviera que aterrizar de emergencia en Uspallata y desistir.

El vuelo a la gloria

El 1 de abril, y tras dos noche sin dormir por la ansiedad, su mecánico la llamó, cerca de las 4 de la mañana, y le indicó que el tiempo estaba despejado y bueno. ¡A volar! dijo entonces Bollard, que se vistió con un grueso mameluco de algodón, un no menos contundente pullover, varias capas de papel de diario en el pecho, y el toque femenino: un bellísimo quimono rosado, obsequio de su hermano mayor, marino en China, para completar el "sofisticado equipo".

Allí partió a las 6 desde Los Tamarindos (cerca del actual aeropuerto mendocino de El Plumerillo, y luego de cuatro largas horas, el sueño se cumplió y la sorna quedó congelada en la boca de los escépticos. Adrienne se posaba como un pluma en la pista de la Escuela Militar de Aviación de Santiago de Chile. 

Luego todo fueron festejos y condecoraciones. Pero el mayor premio fue el orgullo de saber que una mujer puede.

No hubo colorín colorado para esta inquieta hembra bravía. Se casó con otro piloto, Ernest Vinchon en 1930. Trabajó en forma encubierta contra el Franquismo enla Guerra Civil  Española (Francia se había declarado oficialmente neutral, aunque apoyaba al bando republicano).

Durante La Segunda Guerra Mundial, se quedó en la región del Loiret (a 1 hora de París) para luchar contra los nazis y se retiró con el grado de capitana de la aviación francesa.

Falleció el 18 de marzo de 1975. Está enterrada en el cementerio de Donnery en el departamento de Loiret. Su país emitió en su homenaje a su hazaña cumplida en nuestras tierras un sello postal, y varias calles galas llevan su nombre, al igual que una de Chile.