“Te agradezco tu amistad”, le dijo, y se fue. Había vivido 98 intensos años y ya era tiempo de descansar. “Fue una luz que brillaba, que se apagó y se convirtió en otra luz”, dice su último interlocutor. Así el doctor Mario Tuseddu recuerda a su colega, el doctor Oscar Alfonso Martínez, que fue “mi padre intelectual”, dice.
El doctor Martínez, símbolo de la medicina en San Martín y en todo Mendoza, murió el pasado lunes 29 de julio. Primer cardiólogo en la zona, director del hospital de San Martín, fundador del Círculo Médico del Este, intervino en la formación de la Federación Médica de Mendoza, fue miembro del Consejo Deontológico de la provincia por elección, recordado profesor en el Colegio Nacional, Ciudadano Ilustre de la ciudad de San Martín, distinción José de San Martín de la Legislatura Provincial, y así, tantas distinciones más.
Diario UNO lo entrevistó el año pasado. En ese momento él contó que había nacido en Colón, provincia de Buenos Aires. Que se recibió de médico cirujano en la Universidad Nacional del Litoral, en 1950. “Vivimos con mi familia de visita a Mendoza a principios de ese año. Yo tenía pensado instalarme y ejercer cerca de mi lugar de origen, pero en mi estadía acá me empezaron a insistir para que me quedara”, recordó en ese momento.
Martínez comenzó a trabajar en el Hospital Regional de San Martín, cuando todavía estaba en la manzana céntrica donde hoy están las unidades fiscales, la comisaría y las escuelas Butera y Técnica, entre otras dependencias. “Comencé como médico de Guardia y después me hice cargo de la Sala Clínica de Hombres, que estaba a cargo del doctor Alfredo Perrupato”, contó.
Fue nombrado director del hospital en los 70s y sacado del cargo por la Dictadura, por considerarlo “potencialmente peligroso”. El doctor Tuseddu recuerda que el primer gobernador de la democracia Santiago Felipe Llaver logró que le quitaran ese peso, pero no consiguió que lo restituyeran en el puesto.
Todavía en los últimos tiempos, y a pesar que hacía tiempo que no ejercía, había muchos pacientes que lo buscaban para que confirmara diagnósticos y recetas, esperando que el emblemático médico diera su visto bueno.
La historia del doctor y el militante
Oscar Martínez acumulaba cientos de historias. Una es la que comenzó la madrugada del 29 de mayo de 1975, cuando un ómnibus de la empresa Colta y un camión cargado de aceite comestible chocaron de frente sobre la ruta 7, en esos años todavía angosta y oscura, a la altura del pueblo mendocino de La Paz. Murieron 18 personas, según la cifra oficial.
El doctor Martínez viajaba hacia San Luis y fue uno de los primeros en llegar al lugar y asistir a los heridos. Suspendió el viaje y regresó al hospital de San Martín.
Entre los heridos que quedaron internados, estaba Zenón Amadeo Sánchez Andía, un estudiante de periodismo y militante del ERP. Martínez, en las horas que estuvo atendiéndolo, trabó una relación de confianza con Amadeo y este le confesó que “tenía miedo de que lo vinieran a secuestrar”.
El paciente se refería a la Alianza Anticomunista Argentina, más conocida como la Triple A. No se equivocó. Sin que Martínez ni ningún médico del hospital pudieran hacer nada, dos hombres armados ingresaron a la sala y se lo llevaron. El cadáver de Amadeo pareció unos días después en Canota, en el piedemonte de Mendoza. El cuerpo tenía varios disparos e indudables huellas de haber sido torturado.
La historia del doctor y el niño
Hay pocos que recuerdan la historia de Marito Gaspar, el niño sin familia que vivió en el hospital de San Martín.
El caso de Mario Gaspar ocurrió alrededor de 1973.
El niño, que se estima rondaba entre los 10 y 12 años, ingresó al hospital con un cuadro cardíaco complejo. La pareja de trabajadores golondrinas que lo llevó, no eran sus padres. “El niño se había colado en algún grupo de trabajadores que había viajado hacia Mendoza, desde Salta. No hubo forma de saber quiénes eran sus padres y de dónde venía exactamente. Era un NN, sin documentos”, contó el doctor Oscar Martínez, en una charla con este periodista hace exactamente un año atrás, en agosto de 2018.
El estado de salud del niño, que dijo llamarse Mario Gaspar y que se dio por válido ese nombre para llamarlo, y su falta de familia hizo que se quedara alojado indefinidamente en el Hospital. “En este tiempo todavía estaban las monjas y ellas se encargaban de él”, recuerdó Martínez, quien agregó que “era un niño muy simpático, muy agradable, inteligente, que se hacía querer”.
Marito, como le decían todos, usaba los recipientes de suero descartados para hacer juguetes. “En los horarios de visita se dedicaba a vender esas artesanías”. Además recibía instrucción escolar y demostraba que tenía una gran capacidad para adquirir conocimientos.
“Marito tenía una cardiopatía reumática y en un momento se hizo imperioso trasladarlo a Buenos Aires”, contó el doctor.
Fue así que, “con gestión de dos médicos que eran peronistas y que tenían contactos en Nación, se logró que un avión sanitario lo llevara a Buenos Aires”.
El niño estuvo varios meses internado allá. “Una mujer que lo cuidaba, nos contó después que Marito decía que su único deseo era regresar al hospital de San Martín y argumentaba que ahí era el único lugar donde lo habían querido y trabado como si fuera parte de una familia”, recordó Martínez.
Pero la cardiopatía “resultó ser inoperable y un día me llamaron de Buenos Aires para avisarme que el niño había fallecido”. Fue un 15 de septiembre y eso en un hecho, pero el año es difuso. Quizás haya sido 1975.
Sin padres ni tutores, sin documentos y sin hogar domicilio formal, lo normal y legal hubiera sido que el cuerpo de Marito se quedara en Buenos Aires. “Pero una de las monjas me dijo: ´Él quería volver con nosotros y lo tenemos que traer`, y lo logramos”. Un furgón y una comitiva improvisada y curiosa trajo a Marito.
Fue velado en el Hospital “y todos dijimos algunas palabras. Fue muy fuerte, muy conmovedor para todos. El niño se había hecho querer muchísimo”.
La Municipalidad le donó al hospital una parcela en el cementerio de Buen Orden y allí fue enterrado, acompañado por una multitud.
“Fui durante algunos años y siempre encontré la tumba muy bien cuidada y con flores. Evidentemente iba gente a verlo”, recordó el doctor Oscar Martínez.
Memorias de un colega
En agosto de 2018 el Hospital de San Martín, ahora Hospital Perrupato, cumplió 100 años. En ese momento uno de los homenajeados fue el doctor Oscar Martínez. En esa oportunidad, su colega y amigo Mario Tuseddu, dijo de él:
“Gestor de muchas camadas de profesionales a quienes asoció al conocimiento, la investigación, la ética y la práctica diaria”.
“Sus bagajes eran saber, práctica y ejercicio hospitalarios junto a un carácter y disciplina con base humanística y social. El cambio fue duro pero su decisión férrea y gestacional. Así de reemplazar al Dr. Alfredo I. Perrupato de sus actividades en el Servicio de Clínica Médica, llamadas entonces Sala de Hombres y Sala de Mujeres fue fortaleciendo y complejizando la primera. Muchas veces cubría guardias de más de un día y ayudaba a los pocos cirujanos de esos años”.
“Fue el primer Cardiólogo, con su electrocardiógrafo de válvulas, hacía los trazados aún para los pacientes hospitalarios”.
“Médico integro, solidario y capaz, síntesis decana del Espíritu Hospitalario”.
