Durante siglos, la literatura universal contó con un autor conocido como Anónimo. En la actualidad sabemos que detrás de ese pseudónimo se escondía la voz de una mujer.
6 escritoras que no pudieron firmar con sus libros
Muchos de los libros que hoy son considerados como clásicos de la literatura universal fueron escritos por mujeres pero no estaban firmados por ellas

¿Qué escritoras no pudieron firmar sus libros con su verdadero nombre?
Para que sus novelas e historias pudieran ver la luz, muchas mujeres tuvieron que renunciar a su nombre y utilizar el de un hombre, o simplemente firmar con Anónimo.
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¿Qué escritoras no pudieron firmar con su verdadero nombre?
Las hermanas Brontë
Anne, Emily y Charlotte Brontë firmaron sus novelas con otros nombres. Anne firmó como Acton Bell, Emily como Ellis Bell y Charlotte como Currer Bell o Charles Townshend (su seudónimo y alter ego en su juventud).
Jane Austen
La autora de Orgullo y Prejuicio, Persuación, Emma y muchos otros éxitos firmaba como "By a Lady" para evitar la oposición de su familia, que estaba a favor de que Jane inventara relatos para entretener a sus sobrinos, pero no de que su «afición» fuera de dominio público.
Mary Shelley
La autora de Frankenstein firmaba como Anónimo. Se cree que esto ocurrió porque la autora tenía apenas 18 años cuando la escribió, lo que habría restado credibilidad a la obra ante los severos críticos de la época.
Además, la novela de Shelley desafiaba dogmas religiosos y morales muy arraigados, por lo que el anonimato actuaba como una medida de protección social para evitar el escándalo.
Louisa May Alcott
La autora de Mujercitas firmaba algunas de sus historias como A.M. Barnard. Alcott nunca reveló su vida paralela como escritor de novela gótica y romántica, y la verdad no salió a la luz hasta 1942, cuando la historiadora Leona Rostenberg resolvió el misterio al investigar la correspondencia de la autora con su editor.
Algunos historiadores aseguran que A.M. Barnard tenía historias más oscuras y con influencias del romanticismo, con una gran libertad estética y una mayor subjetividad.