Este lunes se cumplieron 18 años de la desaparición de toda una familia en Entre Ríos. Seis integrantes de la familia Gill se "esfumaron" sin dejar rastros el 13 de enero de 2002 en lo que todos recuerdan como el misterio más grande de esa provincia.
Te puede interesar ANSES: ordenaron devolver los descuentos hechos a jubilados y beneficiarios de la AUH
A mediados de agosto del 2019 se realizaron nuevas excavaciones en el campo de Crucecitas Séptima, donde vivían y trabajaban los seis integrantes de la familia Gill. Las esperanzas de saber la verdad se diluyeron más aún, sin lograr ninguna pista nueva.
Esa medida contó con la colaboración de los expertos del Equipo Argentino de Antropología Forense había generado expectativas moderadas; sin embargo, después de esto la situación fue peor, ya que ni siquiera hay pistas nuevas por donde seguir.
Así se cumplió un nuevo aniversario del misterio más grande que tiene la provincia de Entre Ríos. "Demuestra un fracaso para la Justicia y la Policía, con una investigación que en los primeros años tuvo varios aspectos erráticos", destacó el Diario UNO de Entre Ríos en una editorial.
Según el mismo medio, varias teorías giran alrededor de la desaparición pero hay una con más fuerza que todas. Algunos creen que el dueño de la estancia La Candelaria se llevó a la tumba el secreto del destino de la familia cuando falleció en un accidente. Nunca hubo pruebas concretas de ello. El dueño del campo donde vivían y trabajaban, Alfonso Goette, siempre estuvo en la mira de la investigación como posible responsable, pero nunca se halló una prueba en su contra.
Ante la sospecha de que los mataron y los enterraron en ese lugar, allí fueron las excavaciones que comenzaron durante una semana en febrero de 2018, y se retomaron en 2019. El resultado en ambos casos fue negativo.
La familia Gill, en Paraná, se enteró por los medios de las tareas realizadas en 2019. Intentaron constituirse como querellantes en la causa, pero les piden constancia del vínculo a los hermanos de Rubén "Mencho" Gill, y se complica conseguir partidas de nacimiento. Hasta en esto se les ha complicado y el tiempo les juega en contra.
“Mi tío Otto hace nueve años que falleció, entonces hace nueve años que no hay querellante de parte de mi familia, no sé dónde quedó estancada la causa”, dijo Carina.
“En las excavaciones anteriores estuvimos hablando con el juez (Gustavo Acosta) y nos dejó conformes, en su medida. Uno como familia no está conforme con lo que te dicen porque no aparece la familia”, sostuvo.
Ella está como sostén de su madre y tíos, quienes envejecen sin saber dónde están o qué les pasó a su hermano, cuñada y sobrinos: “Pasan los años y se hace muy difícil para una ser el pilar de los hermanos, como hija y sobrina se hace una carga muy pesada, mis tíos, mi mamá, son grandes, hace poco mi tío cumplió 75 años, como toda persona mayor tiene sus achaques y lamentablemente les va a pasar lo mismo que a mi tío Otto, se va a morir sin saber qué le pasó a su hermano. Yo los veo con esa mirada de dudas, como pasaba con mi tío Otto, en su mente está eso, es muy complicado”, expresó Carina al Diario UNO de Entre Ríos.
El juez Acosta, tras la finalización de las tareas de búsqueda en el campo, afirmó en 2019 que la causa no se cierra: “El Equipo de Antropología Forense seguirá trabajando con nosotros y en ese sentido vamos a continuar el desarrollo del expediente, entrevistando gente como se venía haciendo y buscando información o datos que nos puedan servir para orientar la causa”, dijo a Radio de la Plaza.
Aunque pase el tiempo, para las familias Gill y Gallegos el dolor no pasa: sufren día a día, en Paraná y en Nogoyá, la ausencia de la pareja y sus cuatro hijos que fueron vistos por última vez el 13 de enero de 2002.
Rubén "Mencho" Gill (55 años), su esposa Norma Margarita Gallegos (26 años), y sus chicos María Ofelia (12 años), Osvaldo José (9), Sofía Margarita (6) y Carlos Daniel (2), son los nombres que la sociedad entrerriana nunca olvida.
Fuente: Diario UNO de Entre Ríos.
