A Guillermo Domingo Dindorf todos le dicen “Don Guille” en Junín. El “Don” es casi un título nobiliario, un galardón, un reconocimiento, y está completamente justificado. Cumplió 100 años el 9 de marzo y tiene toda una vida de trabajo en la tierra.
Tiene sangre alemana y austríaca. Sus padres lo eran y él nació en Mendoza. Fueron 14 hermanos, 8 mujeres y 6 varones, pero sólo uno de ellos tuvo hijos y dejó descendencia. “Después la sangre alemana y austríaca se mezcló con la de franceses, españoles, italianos… ¡somos una enorme mezcla!”, dice Delia Lila Dindorf, sobrina de Don Guille, una de los dos únicos dos hijos que nacieron de los 6 hermanos varones.
Tiene buena salud, aunque los años le han disminuido la vista y el oído. “Hace poco fue al médico y contó: ´Fui a cambiarme el marcapasos, pero había uno solo y había un viejito al que no se lo habían cambiado nunca y se lo dejé a él. A mí ya me lo cambiaron tres veces´”, dice su sobrina.
Vive en su casa, en el centro de Junín, pero se ha pasado casi toda la vida en fincas. “Sus padres, mis nonos (opa y oma serían, por sus orígenes alemán y austríaco) tenían una finca en la calle Benegas, en Algarrobo Grande (Junín). Había vacas, cerdos, verduras, de todo… Cada uno de los 14 hermanos tenía una función allí. Y a todos los mandaron a la escuela”, dice Lila.
Ya de grandes Don Guille y un hermano compraron una propiedad al este de Philipps y plantaron viñedos. “trabajaron toda la vida”.
Don Guille se casó con Blanca Leroux. No tuvieron hijos, per adoptaron a un niño.
Blanca enfermó gravemente “y él la cuidó durante más de 10 años. La bañaba, le daba de comer en la boca…, la adoraba”, dice su sobrina.
Blanca murió hace unos 25 años. “Mi tío dice la soledad es lo que más lo afecta”. Don Guille intentó mitigarla después de la muerte de Blanca e hizo un intento de formar una nueva pareja, pero duró poco ese segundo amor.
En los años 90 vendió su parte de la finca y se jubiló. “Siembre ha tenido una vida de excelente, de honestidad, de pureza”.
Hace unos 10 días murió una de sus hermanas, a los 96 años. Casi todos los Dindorf han sido longevos, salvo un varón que falleció en un accidente.
“Ahora él vive en su casa y una señora le va a limpiar. Pero él mismo se hace su comidita y hace todo su ritual para comer, con la mesa tendida, con mantel, con todos los chiches”.
La sobrina y los hijos de ella lo visitan casi diariamente. Pero, además, los vecinos de Don Guille están muy atentos a sus necesidades. “Son sus ángeles. Lo llevan al médico, le ayudan a hacer los trámites, a comprar los remedios,… lo adoran”.
Don Guillermo Dindorf es parte de la historia. Y sigue escribiéndola.




