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El exorcista: del infierno al cine

Estrenada hace más de 50 años, se basó en una historia de posesión demoníaca documentada en 1949. Fue nominada en la categoría de Mejor película, la primera vez que el Oscar incluía a un filme de terror

Editado por Marcela Furlano
furlano.marcela@grupoamerica.com.ar

Una extraña enfermedad parecía atacar al público en los cines: gritos, vómitos, desmayos e incluso se hablaba de ataques de epilepsia e infartos. Se extendía en las salas de todo el mundo y era una película la que provocaba todo esto: El exorcista, estrenada el 26 de diciembre (sí, el día después de navidad) de 1973 en Estados Unidos. En nuestro país se estrenó en agosto del año siguiente.

Ir a ver la película era una experiencia completamente diferente. Ya sea por necesidad o para causar impacto, los distribuidores del filme pedían que hubiese ambulancias y personal médico apostado en las entradas de los cines. Es decir que si ya tenías la entrada en mano, tenías que ver si pasabas la prueba y resistías hasta el final sin intervención médica. Un truco publicitario que sirvió para agigantar la leyenda de El exorcista, que se cristalizaría luego con su fama de “obra maldita” por las muertes que se dieron durante su rodaje.

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El origen

La cinta se basaba en la novela homónima de William Peter Blatty, cuando todavía estudiaba en la Universidad jesuítica de Georgetown y leyó en The Washington Post de un supuesto caso de posesión demoníaca que habría sufrido un adolescente de Maryland en 1949.

Se trataba de un niño de 13 años, identificado como Roland Doe (apellido genérico que se emplea en Estados Unidos para mantener el anonimato de las personas). Había conocido la tabla ouija a través de su tía, quien por este medio decía comunicarse con los muertos en sus sesiones espiritistas.

El joven tenía un estrecho vínculo emocional con su tía y tras su muerte, comenzó a usar la tabla ouija para intentar comunicarse con ella. Luego de estas prácticas, Roland comenzó a escuchar ruidos en su habitación y los padres atestiguaron que veían objetos que se movían solos en presencia de su hijo.

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"Un sacerdote libra a un joven de las garras del demonio", la nota en The Washington Post

El autor de esa nota en el Washington Post era el periodista Bill Brinkley y en ella relataba que los desesperados padres primero recurrieron a médicos y psicólogos, pero el niño empeoraba. Les contaron que su hijo incluso hablaba lenguas como el latín, que desconocía por completo. Agotada la respuesta científica, fueron a ver al pastor de la iglesia luterana a la cual pertenecían, luego identificado como Luther Miles Schulze, quien les habló de una posible posesión demoníaca y les recomendó acudir a la iglesia católica de Washington, porque ellos tenían más experiencia en tratar este tipo de casos.

Sucesos inexplicables

La identidad de Schulze se conoció mucho tiempo después, cuando salió a la luz una carta manuscrita que le escribió al Departamento de Parapsicología de la Universidad de Duke, donde contaba que él mismo había sido testigo de ciertos fenómenos inexplicables: “Las sillas se movían junto a él (refiriéndose a Ronald), y una lo lanzó lejos. Su cama se sacudía cada vez que estaba en ella”, explicaba el pastor en ese escrito.

El escritor logró contactarse con uno de los sacerdotes que había participado en el ritual de exorcismo del niño, que estaba convencido de haber estado en presencia de una posesión demoníaca, a pesar de que la Iglesia Católica declaró oficialmente que se trataba de un caso de esquizofrenia.

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Décadas más tarde fue otro periodista, Mark Opsasnik, quien reconstruyó la historia del joven poseído. No se llamaba Roland sino Ronald Edwin Hunkeler, nacido el 1 de junio de 1935 y fallecido el 10 de mayo de 2020. Según su investigación, Ronald tuvo una vida normal luego de su exorcismo y fue un destacado ingeniero de la NASA, organismo para el cual trabajó por más de 40 años.

Preservar la historia real

Cuando Blatty decidió volcar su investigación a un libro, hizo cambios para proteger la identidad del niño poseído, en primer lugar cambiando el género del protagonista y así nació Regan (Linda Blair) una niña de 12 años cuya personalidad ha tenido cambios abruptos en los últimos meses. Los estudios médicos no le daban una explicación clara a su madre, interpretada por Ellen Burstyn, quien finalmente recurrirá a dos sacerdotes, el padre Karras (Jason Miller) y el padre Merrin (Max von Sydow), convencida de que su hija es víctima de una posesión demoníaca.

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La maldición

Durante el rodaje tuvieron que enfrentar sucesos extraños que ayudaron a forjar la leyenda de que el filme estaba maldito.

El decorado principal de la película (la casa donde viven Regan y su madre) se incendió a poco de empezada la filmación, lo cual retrasó el rodaje con el consiguiente costo económico de tener que prolongar varias semanas la producción.

Linda Blair y Ellen Burstyn sufrieron serias lesiones en la espalda debido a los arneses que usaban en las escenas, sobre todo por la obsesión del director del filme, William Friedkin, de repetirlas demasiadas veces.

Mientras se rodaba, fallecieron el hermano de Max von Sydow y el abuelo de Linda Blair, además del vigilante nocturno de los sets y uno de los técnicos de efectos especiales. También murió el actor Jack McGowan (en la película interpreta a un director de cine) poco tiempo después de concluir su participación en El exorcista.

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Jack McGowan

También la actriz Vasiliki Maliaros tuvo su última actuación en El exorcista, en la que aparece en la escena en la que el padre Damien Karras sueña con ella vestida de negro. Era la madre del sacerdote y su personaje tenía más participación, pero su muerte fue repentina y sólo quedó esa pequeña intervención. William Friedkin llegó a llamar a un sacerdote para que diera su bendición a todo el equipo de producción del filme, por lo consternados que estaban ante estos sucesos, aunque algunos creían que era un truco más del director para llevarlos al límite emocional y reflejar eso en la cinta.

El director endemoniado

El perfeccionismo de William Friedkin lo llevaba a minimizar las quejas de algunos de sus actores cuando rodaban escenas que implicaban un impacto físico y como consecuencia varios se lesionaron.

Hizo instalar un gigantesco equipo de refrigeración para enfriar la habitación de Regan a 20 grados bajo cero. La refrigeración quedaba encendida toda la noche previa a la filmación, porque quería que se notara el aliento de los personajes al congelarse en el aire y transmitir ese aspecto a los espectadores. Los sacerdotes tiemblan del frío real al entrar en su habitación, pero en la película todo hace pensar que lo hacen por estar en presencia del maligno.

Friedkin solía llegar al set con un arma que disparaba balas de salva en cualquier momento, elevando el estrés de su equipo a los niveles que él quería reflejar en su obra.

Por último, Friedkin tiró a la basura (literalmente) las cintas que contenían la música original compuesta por Lalo Schifrin especialmente para el filme, porque no reflejaban el efecto estremecedor que él buscaba. Otra versión cuenta que fue Schifrin quien rechazó el proyecto, harto de las exigencias y malos modos del director. Finalmente Friedkin se inclinó por Tubular Bells (Campanas tubulares) del compositor y músico británico Mike Oldfield, quien no estaba muy contento con el uso de su música en este contexto, aunque le dio una popularidad impensada. Hasta el día de hoy la mayoría conoce su composición “como la música de El exorcista”, no con el nombre que le dio su creador.

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Trailer

Embed - El Exorcista 1973 Trailer original subtitulado en español

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