¡Guarda abajo con los vice! El que venga, sea Cristina, Pichetto o Urtubey va a hacer ruido y va a generar ríos de tinta con sus idas y vueltas en relación a su presidente.
Veamos caso por caso. Cristina podrá llegar a tener su título de segunda autoridad del país, pero nunca se bajará de su rol de presidenta "eterna" (como la querían sus alcahuetes más cercanos) ya que, como todos sabemos ella no entregó nunca los atributos de mando a nadie. Será una vice testimonial, ese invento kirchnerista que en su momento cumplieron al pie de la letra supuestos esclarecidos como Nacha Guevara, a la postre una chanta como cualquiera.
¿Usted se lo imagina al ínclito Alberto Fernández bajándole órdenes políticas en su calidad de presidente de la Argentina a su jefa natural y espiritual, la primera actriz de la Nación Cristina Elizabet? ¿Lo ve factible? (Aquí deberían colocarse varios de esos emojis de caritas socarronas y sonrientes de la web).
¿Y si es él?
Si en cambio es Pichetto el que se convierte en número 2 del país, asistiremos a un movido minué de trastadas con su presidente Mauricio Macri, pero con música tipo chill out para guardar las formas.
Pese a ese galanteo republicano, se harán zancadillas versallescas para demostrarse entre sí que los dos son varones de carácter. Pichetto tiene un doctorado en eso de hacer como que se amolda a lo que venga. Todos sus diplomas los ha obtenido en las salitas y aulas del peronismo, donde se aprende del poder antes que a leer y escribir.
Convendrá conmigo, lector, que no debe haber sido fácil ser jefe de los senadores oficialistas durante las tres gestiones presidenciales del kirchnerismo y estar aún vivo y con las ganas de joder la pava.
La tercera diva...digo tercera vía
Si en cambio usted cree que existe algún tipo de milagro y el próximo vice resulta ser el salteño Juan Manuel Urtubey, habrá una permanente puja generacional con el presidente Roberto Lavagna para demostrar que las ideas del vice tienen más testosterona que las de un adulto mayor que se mofa de la elegancia y que se pone sandalias con medias tres cuartos.
Una de las cosas buenas que tendría el triunfo de esta tercera vía es la de que vamos a ver brillar a Isabel Macedo como segunda dama, aunque en realidad y debido a que la buena y respetable señora de Lavagna no podrá competir en glamour con Macedo por una cuestión de edad, la actriz de telenovelas, aquella que fue fajada por Pampita en un boliche rumboso por hacerse la viva con Vicuña, pasará a ser la first lady del país.
En enero pasado y cuando todavía decía que él iba ser el candidato presidencial de Alternativa Federal, el salteño Urtubey le dijo a Perfil: “Creo que vamos a tener la primera dama más divertida que hayamos tenido jamás, porque Isabel tiene un sentido del humor formidable y permanente, incluso en las situaciones más difíciles”.
Y escuchen este remate: “Nosotros nos reímos del tema del boato y el poder". Sí, Juan Manuel, ponele.
Hagamos nombres
La historia de los vice en las últimas décadas está repleta de casos entre grotescos y aleccionadores. Quizás el más chirriante sea el de Amado Boudou, un atorrante obsesionado por hacer plata malhabida al punto de que estuvo al frente de una opereta para quedarse con la imprenta que oficiaba de Casa de la Moneda, es decir con la máquina de hacer billetes.
Daniel Scioli fue el vicepresidente más maltratado por su presidente y el que respondió con las formas más obsecuentes de las que se tenga memoria como si fuera un perrito de Néstor y de Cristina.
Chacho Álvarez, vice de Fernando De la Rúa, tuvo una actitud digna al negarse a tapar un caso de corrupción en el Senado de la Nación, pero en lugar de ponerse al frente de esa limpieza, prefirió deprimirse y dar un portazo.
Eduardo Duhalde, vice de Menem, consideró que él era mucho más que el riojano y escapó a territorio bonaerense a los dos años de asumir.
Carlos Ruckauf, también duhaldista, siempre creyó que estaba para las grandes ligas pero nunca pudo desembarazarse de su porte de "paquete".
Gabriela Michetti quizá sea la que resultó más predispuesta a adecuarse a los márgenes que le fijaba el cargo.
Carita de...Cobos
Un capítulo aparte merece el mendocino Julio César Cleto Cobos quien llegó a ser vicepresidente de Cristina Kirchner gracias a una de esas operaciones políticas que Néstor Kirchner vendió como brillantes, pero que terminaron en mentiras chirriantes.
Con el radicalismo nacional en la lona tras las crisis de 2001, Cobos aceptó con demasiada ingenuidad una sociedad política con los Kirchner que se suponía iba a ser transversal pero que terminó siendo más verticalista, conservadora y ladina que nunca.
Todos sabíamos que Cristina lo iba a ningunear sin asco a Cobos y que no le iba a aceptar que abriera la boca. Ella y Néstor creyeron que podían tener otro perrito faldero como Scioli. Les salió mal.
A poco de andar, los propios Kirchner le sirvieron en bandeja la ocasión para que Cobos explotara: la guerra del campo. Fue la raya que él no podía cruzar y terminó, como jefe del Senado, laudando en contra de la resolución antisojera que prometía hacer arder el país.
Rota la sociedad, la mayoría creyó que Cobos iba a hacer "la gran Chacho Alvarez " y que iba a renunciar asustado por la que se le venía. Pero Cobos fue inflexible: "A mi me votaron tanto como a Cristina". Y se quedó hasta el final de su mandato en medio de un vendaval de maldades y patrañas con las que Néstor y Cristina trataron de sacarlo a patadas. Pero como el susodicho no tenía el culo sucio, no pudieron tirarle ningún carpetazo por la cabeza.
"Con esa carita de huevón, nos la puso a todos", fue la histórica definición del sanjuanino Jose Luis Gioja.
