San Juan es un mundo aparte. Ni mejor ni peor que el de sus vecinos y o el de otros argentinos. Distinto.
Los sanjuaninos son hiper terruñeros, lo que les ha conferido un tono de singularidad que ellos buscan conservar. Esa forma de ser los ha llevado a eludir, por ejemplo, los cambios en materia política.
Son cultores del "más vale un conocido con piojos" que un "supuesto bueno del que no se sabe si tiene liendres".
Presentan la paradoja de que el sanjuanino más famoso y valioso de todos los tiempos, Domingo Faustino Sarmiento, fue un hombre abierto al mundo y a todas las novedades sociales, en particular las del intelecto y las de la política.
Ese deseo de conservar lo suyo los había tornado a veces muy reconcentrados y a la defensiva. Hasta la llegada de Gioja a la gobernación, su dirigencia política no solía destacarse por insertar a San Juan como algo distintivo del país.
Gioja intentó dar vuelta como una media a esa provincia. Desarrolló la minería de gran performance para que fuera el motor que iba a sacar a San Juan del monocultivo, con todo lo bueno y lo malo que eso ha conllevado.
Ese apellido raro
¿Tiene algo que ver este brevísimo y parcial esbozo de sanjuanidad con la reelección del peronista Sergio Uñac como gobernador? A mí se me ocurre que sí.
Uñac, como antes José Luis Gioja, tienen marcada a fuego la sanjuanidad. Uñac, claro, todavía no ha hecho el magister de pícaro de la lengua, rubro en el que Gioja ya hizo doctorados.
Abogado, 49 años; esposa abogada, 3 hijos. Nacido y criado en Pocito, una comuna de unos 55.000 habitantes en el Valle del Tulum. Hijo de un dirigente peronista que fue intendente de ese departamento.
Como hijo criterioso, Uñac aprendió de su padre las artes políticas. Durante la presidencia de Néstor fue intendente pocitano por primera vez. Y en la primera presidencia de Cristina fue reelecto como jefe comunal.
En 2011 fue ungido vicegobernador de Gioja. Fue en la tercera gestión consecutiva lograda por El Flaco quien, engolosinado (mal) con el poder, hizo modificar a medida la Constitución de San Juan, que permitía una sola reelección.
Por mérito propio y por obra del fiero destino (recordar la caída del helicóptero) Gioja casi parte a mejor vida. La Constitución sanjuanina se salvó de otra modificación a medida. Y Uñac quedó en la pole position para ser gobernador en 2015.
Su primera gestión como mandatario lo mostró como un dirigente sin tan alto perfil como Gioja pero más centrado. El 56% de los votos del domingo pasado demuestra que, o hizo las cosas bien, o no hay oposición en San Juan. O ambas cosas.
Poco a poco, desde el 2015 Uñac se fue haciendo conocer en el país. Lo hizo con un libreto de dirigente previsible y sensato. Sin embargo, la reelección lo ha mostrado, en principio, con una mayor afinidad con el cristinismo en detrimento de los peronistas razonables.
Misterios sanjuaninos
De chico aprendí a conocer la singularidad de San Juan. Mi familia tenía parentela allá y solíamos ir seguido. Me llamaba la atención que siempre se hablaba del terremoto de 1944 o de cómo la ciudad se había hecho a nuevo.
Pero mucho más me sorprendía el hecho de que los sanjuaninos mayores siempre terminaban hablando de las diferencias entre San Juan y Mendoza. Del vino blanco de ellos que era mejor que el mendocino. Del Auditorio sanjuanino que no tenía un similar en Mendoza. Y así con varios ejemplos.
Con el tiempo comprendí que era parte de la tradicional "pica" entre provincias. Pero también creí entender que en el fondo había también una especie de resentimiento con los mendocinos.
O porque era una provincia con más habitantes y territorio. O con más ríos. O con más plata. O con más posibilidades de trabajo. O con más cines. O con más canales de TV. O con la famosa Fiesta de la Vendimia.
Recelo que, digno es decirlo, los mendocinos disfrutaban tontamente dándose dique de no sé qué, o mofándose de que los sanjuaninos les dijeran champion a las zapatillas o semitas a las tortitas.
