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Conflicto en Venezuela

La tercera posición argentina sobre la situación en Venezuela

El presidente argentino Alberto Fernández decidió tomar una tercera posición con respecto a los hechos  sucedidos en Venezuela. En el comunicado que difundió el gobierno se decidió no hablar de un “golpe” de Nicolás Maduro pero tampoco se plegó al comunicado del Grupo Lima en una decisión que fue muy estudiada.

La estrategia del Presidente marcó desde este domingo un primer distanciamiento del kirchnerismo duro que buscaba ratificar su alianza con el régimen de Nicolás Maduro y, al mismo tiempo, evitó quedar atado a las posiciones rígidas de Estados Unidos o el Grupo Lima ante Caracas.

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Este domingo, cuando la crisis de Venezuela se salía de cauce y los militares chavistas impedían el ingreso de Juan Guaidó a la Asamblea Nacional para ratificarlo como presidente de ese cuerpo, en Buenos Aires el presidente Fernández tomaba una decisión que lo ubicó por primera vez en una posición ajena a la histórica postura de Cristina Kirchner de apoyo irrestricto al chavismo. En un comunicado de Cancillería se sostuvo que la Argentina lamentó “profundamente” los episodios de Venezuela y calificó los bochornosos hechos como “un nuevo obstáculo para el pleno funcionamiento del Estado de Derecho”.

Pero también evitó hablar de “un golpe” de Maduro. Pero fue tajante en un punto: calificó de “inadmisibles para la convivencia democrática los actos de hostigamiento padecidos por diputados, periodistas y miembros del cuerpo diplomático al momento de procurar ingresar al recinto de la Asamblea Nacional para elegir a las nuevas autoridades de su junta directiva”.

En este engranaje de gestualidades de la diplomacia Alberto Fernández no quiere hacerle el juego a la oposición interna. Desechó por ahora la idea de Juntos por el Cambio que ayer le pidió al Presidente convocar a todos los países de la región para analizar el caso Venezuela. “No vamos a prestarnos a un circo”, dijo tajante un hombre que conoce bien al Presidente.

Esa “posición distante” de Alberto Fernández ante la crisis venezolana no implicará abrazar las duras posiciones de Estados Unidos o el Grupo Lima ni mucho menos seguir la línea crítica del secretario general de la OEA Luis Almagro en sus cuestionamientos a Maduro. De hecho, en la cumbre de la CELAC que se inicia mañana en México el canciller Solá se alineará con la administración de Manuel López Obrador para enfrentar a Almagro en la pulseada por la OEA y promover la postulación de la ecuatoriana Fernanda Espinosa.

En este nuevo contexto, el comunicado de la Cancillería se ocupó por dejar en claro que el gobierno argentino haría “un llamado a las democracias del mundo a que ayuden a facilitar ese proceso de diálogo para que Venezuela pueda recuperar a la brevedad la normalidad democrática que históricamente ha caracterizado a ese país”.

Esta mención perseguía un objetivo concreto de parte del Presidente: dejar explicitada su posición ajena al Grupo Lima que condenó “el uso de la fuerza por el régimen dictatorial de Maduro”. El propio Fernández coordinó con el presidente de México no firmar ese comunicado a pesar de que ambos forman parte del Grupo Lima.

Así, la Argentina se diferenció de los gobiernos de Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú, Santa Lucía y Venezuela, países del Grupo de Lima. Todos estos países avalan la presidencia interina de Guaidó y denunciaron ante la ONU las graves violaciones a los derechos humanos por parte del régimen de Maduro. Alberto Fernández no comulgó nada de eso hasta ahora como decidió eludir el comunicado de ese tándem.

El Presidente cree que el Grupo Lima tiene una fuerte influencia de Washington y cree que la salida de Venezuela debe darse en el ámbito regional y no por mandato de Estados Unidos. Pero hay un dato clave: la Argentina no abandonará por nada el Grupo Lima.

Para Alberto Fernández resulta relevante en estos momentos no enfurecer los ánimos de Donald Trump para conseguir un apoyo de Washington en la dura pulseada que se avecina con el FMI por la renegociación de la deuda. Después de todo, se trata de establecer un equilibrio mayor que resulte beneficioso para el futuro de los argentinos más allá de los costos que esto impliquen en términos de geopolítica global.

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