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Sísifo no necesita llevar su mano al revólver

Editado por Manuel De Paz
mdepaz.2015@gmail.com

Ahora, con esto del trabajo desde la casa, algunos periodistas extrañamos jodidamente ese condimento singular que siempre aportaron las redacciones de los medios de difusión.

Me refiero a esos templos paganos donde grupos de escépticos insisten todas las mañanas en subir una enorme piedra a la cima del cerro, la misma que por la noche volverá a caer por la ladera, obligándolos, como en el mito de Sísifo, a subirla otra vez en la próxima mañana.

La interacción que siempre se ha dado en las redacciones posibilitan el intercambio constante de novedades, el planteo de polémicas cara a cara, el ver llegar exultantes a periodistas con alguna primicia sobre las tramoyas del poder, el manifestar las broncas por aquellos dirigentes de toda especie que sabemos que nos han mentido o nos han retaceado información pero no podemos probarlo, o de compadecerse por el estado del cronista de Policiales que viene de cubrir el asesinato de cuatro niños a manos de su padre.

Piensa mal

Pero además de eso, que puede sonar a romanticismo apolillado, las redacciones siempre fueron territorio apto para el humor ácido, la incorrección política (hoy tan sofocada por ciertos censores civiles del lenguaje), y la jactancia de la duda y la desconfianza como método, es decir, el famoso "piensa mal y acertarás".

A diario el periodista suele sentir rechazo por la realidad que debe abordar, pero tiene muy claro que no puede eludirla.

Cultura y pistola

"Escucho la palabra cultura y llevo la mano al revolver", solía repetir Joseph Goebbels, jefe de la propaganda nazi. En la Redacción solíamos degradar esa hipoputez mutándola al humor cínico.

Por ejemplo: siempre había algún jefe periodístico que decía, refiriéndose a, pongamos, los lenguajes inclusivos: "Siento que hablan de personas en situación de calle, en vez de gente sin techo, y llevo la mano al revolver". O si no: "veo que algún cronista escribe los involucrados se dieron a la fuga cuando podría haber suplantado todo eso por la palabra escaparon, y no puedo menos que llevar la mano al revolver".

Con eso del revolver de Goebbels intentábamos sacarle el veneno a aquella bazofia nazi y bajarle el copete a ese insoportable y vano palabrerío de algunos técnicos que hacen difícil y pavo lo que puede ser fácil, llano y querible.

¿Puede haber una palabra más entrañable que viejo o viejita. Pues ahora esos términos tienen sustitutos tan pretenciosos como "adultos mayores" o "personas en situación de vulnerabilidad cronológica". El cantante Piero, autor de la inolvidable canción "Mi viejo", un himno de los años ´70, hoy sería escrachado por los nuevos sacerdotes del supuesto buen decir quienes le exigirían que la retitulara como "Mi venerable progenitor".

La res pública

Por estas horas en que los periodistas escribimos en aislamiento, ha habido un hecho que me ha revuelto las tripas y que me ha tentado a expresar: "Escucho hablar de Mendoza convertida en república independiente y llevo la mano al revólver".

Una cosa son las reuniones de café de algunos diletantes vivarachos que hicieron rodar en las redes sociales la idea de que Mendoza tenía que empezar a batir el parche del separatismo por haber sido ninguneada y apabullada en sus intereses por la Nación.

Otra cosa, muy distinta, es que un ex gobernador de esta provincia, actual diputado nacional y presidente nacional de la UCR, Alfredo Cornejo, tome para sí esa posta de los aludidos cafeteadores cuando todo indica que es una propuesta que tiene más de inexperta estudiantina que de relato proveniente de la compleja realidad.

Loco escape

Los que en principio fogonearon esta iniciativa, y que la denominaron "Mendoexit", en un ejercicio de dudoso ingenio, son dueños y señores de hacer y de opinar lo que les plazca. La cuestión es que fue Cornejo quien le dio entidad a una trastornada propuesta que no tiene ninguna posibilidad de ser traducida pues carece de asidero en el magma social de esta provincia.

Es cierto que Cornejo ha aprovechado estos fuegos artificiales para exponer ante los reflectores porteños un panorama sensato sobre cómo la Nación nos viene afectando en la coparticipación, el reparto de otros fondos y ahora con el freno a la megaobra de Portezuelo del Viento. También es cierto que, tras el relumbrón, ha atemperado su secesionismo al señalar que es algo que la Constitución no admite y que sería imposible de cumplir.

Mendoza es un Estado federal de la República Argentina y es desde esa condición que debe exigirle a la Nación el respeto a sus derechos. Somos biológica, histórica y fatalmente argentinos, y si no hay más genes mendocinos en el spectrum de argentinidad, el error es nuestro y lo debemos subsanar. Sin escapar ni imaginar secesionismos políticos.

Pidamos lo imposible: ser sensatos y con coraje. Y sigamos cada día pechando la piedra hasta la cima sabiendo que los revólveres son sólo para hacer chistes ácidos.

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