En el 2008 un empresario de esta provincia me dijo, al hablar sobre las características del gobernador Celso Jaque, que los malargüinos son una mezcla singular de mendocino con patagónico, y que ese componente hace que si uno va a tratar con ellos deba tener muy en claro ese detalle. "No es que sean raros, es que son distintos. No entran totalmente dentro del mendocino típico", agregó.
Si hubiera un hashtag para definir la pasión de Malargüe, ese sería #somosdistintos
El periodismo me ha permitido recorrer toda la provincia. Aún recuerdo el asombro cuando a comienzos de los ´80 conocí Malargüe. Esa sensación se repitió en cada ocasión en que volví a ese departamento. Malargüe no se parece a ninguna otra comuna. Existe una palabra hermosa, "arrobamiento", para definir ese estado que se experimenta ante un lugar o situación inusual.
El paisaje malargüino, con esas inmensidades, es de una belleza profunda, no aparatosa. Una belleza que nos va ganando de a poco y de la cual uno queda prendado. Cualquier cineasta norteamericano especialista en westerns se haría un festín filmando los espacios abiertos de los malargüinos.
Volví varias veces a esos lugares gracias a este oficio. Fui a Las Leñas cuando estaban construyendo ese centro invernal y regresé cuando hubo allí una cumbre de presidentes del Mercosur. Recorrí el río Grande con sus aguas cristalinas viendo cómo los peces saltaban fuera del agua. Estuve en esa planicie subyugante que es La Payunia. Hice notas en pozos de petróleo. Comí con puesteros dedicados a la crianza de los famosos chivos malargüinos. Pasé a Chile por El Pehuenche cuando todavía no había asfalto, Fui a la Fiesta del Chivo y al observatorio de rayos cósmicos Pierre Auger.
►TE PUEDE INTERESAR: Sin apoyo del Gobierno, Juan Manuel Ojeda ingresó su proyecto para hacer minería en Malargüe
Riqueza, mala palabra
Da pena que Malargüe esté hoy sin la debida suerte. Mejor dicho, que no tenga un mejor destino. Es un municipio distinto y eso, que debería ser un plus, le trae problemas. Malargüe es un departamento esencialmente minero, petrolero y turístico. No tiene viñedos ni produce vinos. Todo lo agrario es escaso.
Sin embargo posee una portentosa riqueza minera que está sin explotar porque la han encorsetado por todos lados. Ni con gobernantes provinciales de diferentes colores políticos pudo avanzar todo lo que se merece. Tampoco con gobernantes nacionales kirchneristas que dicen favorecer la minería.
No se logran concretar excepciones para Malargüe. Y ese municipio las pide a gritos. El intendente Juan Manuel Ojeda dio hace un tiempo un dato muy descriptivo: la riqueza minera y petrolera de ese municipio ha servido en épocas de esplendor productivo para pagar más de la mitad de los sueldos de los empleados públicos provinciales.
Una visión tal vez simplista suele asegurar que a ese municipio lo suelen tirar al bombo. Le denegaron la construcción de Portezuelo del Viento, la "obra del siglo". No le dejan explotar la minería porque la Ley Provincial 7.722 es una norma antiminera pensada para departamentos agrarios. Desde el Gobierno nacional atacan al nuevo centro invernal El Azufre que tuvo este año una gran temporada de prueba. Malargüe todavía no tiene un gasoducto.
Respiración artificial
Cada vez que el departamento quiere levantar cabeza, es como si le anularan el oxígeno. En Malargüe afirman que el problema es el de estar muy lejos de los despachos oficiales. Si hubiera un hashtag para definir todo esto debería ser #somosdistintos.
Cuando en 1975 se produjo el boom de los pozos petroleros de Puesto Rojas, Malargüe ubicó a Mendoza al tope de las provincias productoras de petróleo y ese departamento tuvo una explosión de puestos de trabajo como pocas veces se ha visto. De ser un pueblo, Malargüe pasó a ser una ciudad que creció de golpe.
Llegaron empresas y obreros especializados de todos lados, creció el comercio, se abrieron hoteles y sitios de diversión. Antes había tenido el boom de las minas metalíferas, pero el cierre de varios de esos yacimientos a fines de los años 60 produjo una de las protestas más resonantes, que se conoció como "el malargüinazo".
En diciembre de 2019, con Rodolfo Suarez recién asumido, la Legislatura anuló la Ley 7.722 con el voto mayoritario de Cambia Mendoza y del Frente de Todos, al tiempo que aprobó -quizás en tiempo exprés y sin la debida información a la sociedad- una nueva norma (la 9209) para reabrir la minería introduciendo estándares y controles que pusiera a Mendoza a tono con los cuidados ambientales que tienen los países más adelantados, donde se aúnan economía agraria con explotación minera sustentable
Esa falta de información clara, concisa, con datos y números en condiciones de enfrentar criteriosamente los eslóganes vacíos de los grupos ambientalistas más ultras, generó la sensación de un caos social que hizo entrar en pánico a la clase política. El Gobierno radical dijo que decidía privilegiar la paz social y el peronismo, que había votado la derogación de la 7.722, asumió el de "yo no fui".
A fuego
Ese episodio, que marcó a fuego la administración Suarez, fue la "consagración" en Mendoza de lo que la sociología política llama el accionar de las "minorías intensas", es decir sectores que tienen el ejercicio de atrincherarse, ganar la calle y ejercer el poder de veto contra las mayorías. Conclusión: se dio marcha atrás con la nueva Ley 2.209, se la borró de un plumazo y se repuso la 7.722.
Desde entonces Malargüe viene bregando para que ese departamento esencialmente minero sea beneficiado con una modificación de la 7.722 que permita, exclusivamente en ese municipio y en en zonas delimitadas, la actividad minera debidamente monitoreada.
La pandemia logró amortiguar durante casi dos años definiciones sobre el particular, pero en este 2022 se intensificaron los contactos entre el intendente Ojeda y el gobernador Suarez para debatir la posible excepción. Finalmente la semana pasada el mandatario dio por terminada las tratativas, que debían quedar plasmadas en un proyecto de ley modificatorio de la 7.722. El mandatario consideró que no había aval social y político para tal cosa. Año electoral mata galán político.
La posición del Poder Ejecutivo es que hay muchas cosas que se pueden hacer en minería sin modificar la 7.722 y el caballito de batalla de Suarez es lo que viene haciendo para hacer renacer en Malargüe, con un nuevo inversor internacional, la planta de sales de potasio para fertilizantes Río Colorado.
El martes pasado (11/10) Ojeda llegó en soledad a la Legislatura y presentó el proyecto de zonificación minera para Malargüe. Fue un acto simbólico, que quizás haya ayudado a la difusión del tema, pero que no tiene posibilidad alguna de que sea tratado por los legisladores oficialistas.
Toda esta larga historia podría ser definida como "la pasión, según Malargüe". Dicen los diccionarios que "la pasión es un sentimiento tan profundo que desborda el dolor físico o psicológico". Pasión deriva del latín "passio" (sufrir) pero la raíz etimológica también es común a "paciencia", que es precisamente la virtud que vienen practicando los malargüinos, esos mendocinos con toques patagónicos que han tenido la "desgracia" de ser distintos.
►TE PUEDE INTERESAR: Rodolfo Suarez, sobre minería: "Entiendo a Ojeda pero las cuestiones en política hay que medirlas"




