Análisis y opinión

¿Qué peronismo vendrá después de éste que Cristina Kirchner tiene en un puño?

No hay a la vista peronistas renovadores que estén pidiendo representar a la clase media. Esa sería la forma de que el PJ volviera a ser representativo

El tantas veces declamado y nunca cumplido "fin de ciclo" de Cristina Kirchner no será, en el caso de que el peronismo pierda las próximas elecciones, tajante en términos de licuación política. Por el contrario, será lento y no exento de conflictos. Lo que el kirchnerismo vaya a dejar como decantación política no se conocerá ni tan rápido ni tan límpido

Pese a esas elucubraciones, aún no hay indicios sobre qué tipo de peronismo habrá en el país después de éste que Cristina tiene en un puño. El PJ quedó abroquelado mucho más en torno a ella luego del fallido atentado contra su vida y de la posibilidad de que sea condenada por los supuestos hechos de corrupción que investiga la denominada Causa Vialidad.

No hay, por ejemplo, renovadores justicialistas pidiendo representar a la clase media, que sería la única forma de que vuelvan a ser plenamente representativos y competitivos. Cómo olvidar que entre las cosas que influyeron para el triunfo de Alberto Fernández en 2019 estuvo la promesa de que iba a ser un peronista medido, centrista, tolerante. Y no el actual "odiador de odiadores".

Por más que el kirchnerismo pierda a nivel nacional el año que viene, en la Argentina habrá "Estado" para rato.

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El culto al pobrismo

Nos referimos a "ese Estado" deficitario, que gasta mucho más de lo que recauda, ese "Estado" que es el gran generador de inflación, y que tanto admiran los kirchneristas. Los verdaderos países liberales también defienden al Estado. Pero a un Estado eficiente, no elefantiásico. Un Estado que defienda la división de poderes, esencia del republicanismo, y no que cuestione a diario ese precepto fundante. Un Estado que se ocupe de educación, salud, seguridad y justicia.

Un Estado moderno no puede dudar todo el tiempo de la actividad privada, siendo que ese sector es el verdadero motor de la creación de empleo genuino.

Ideas tales como que el Estado es éticamente superior a cualquier actividad privada, es uno de los "logros" de la cultura populista, como también lo es el concepto de que todo lo nacional es superior a lo foráneo, o de que el pobrismo es moralmente superior a las ideas de superación y progreso de los sectores medios. esa clase media que es descalificada y atacada con el mote de "clase mierda". Y después hablan de odio.

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Varias veces se ha pronosticado

Varias veces se ha pronosticado "el fin del ciclo" de Cristina Kirchner y sin embargo tiene al PJ en un puño.

¿Y la oposición?

Tanto en el PRO como en la UCR hay algunos dirigentes que -pareciera- han entendido que antes que elegir una cara, lo que hay que tener es un programa muy claro de acción política, con reglas precisas, para luego definir el candidato. Alfredo Cornejo, por caso, sostiene que la oposición debe consolidar su propio "relato", no una narrativa de encantamientos, sino una de datos duros, precisos, comprobables.

Ese relato -afirma el mendocino- es el que permitirá a los ciudadanos tener claro con qué se van a encontrar en un supuesto gobierno de Juntos por el Cambio, o cuáles serán sus líneas directrices, y cuál el plan económico a presentar a los argentinos. Dicho programa deberá tener el mejor equipo para gerenciar la crisis. Ni "amigos de" ni entenados. sino los mejores en cada especialidad.

Conociendo el entramado político, muchos allegados a los dos principales partidos de Juntos afirman sobre esta última parte: "difícil que el chancho chifle".

Veintiún años después de esa bisagra llamada 2001, en la que, barrido por la debacle de Fernando de la Rúa, desapareció el radicalismo como uno de los actores principales de la política argentina, en el 2023 se podría dar la posibilidad de que los radicales recuperen plenamente, a nivel nacional, una presencia más protagónica, pero siempre siempre desde Juntos para el Cambio.

No hay torazos

Así como el kirchnerismo no puede ganar en soledad ninguna elección importante porque el núcleo duro de sus votantes fluctúa entre el 20 y el 25% de los votos en una elección presidencial (por lo cual debe acudir a todos los otros sectores más republicanos o tradicionales del PJ), de la misma manera el PRO y el radicalismo están impedidos de cortarse solos y obligados a consolidar una coalición de gobierno y no meramente electoral.

Sin embargo, en lo que respecta a los radicales, está cada vez más verde la idea de que la UCR pueda ganarle una interna al PRO. El neurólogo Facundo Manes no despierta aún las adhesiones presidenciales que suponían el año pasado, y a los otros posibles precandidatos a la Casa Rosada, como Gerardo Morales o Alfredo Cornejo, no les dan todavía los números. De allí que el mendocino Cornejo juegue con la idea de ser el candidato a vicepresidente de Patricia Bullrich.

En el PRO han decidido hacer correr la interna a todo vapor: los halcones, con Patricia Bullrich al frente, y las palomas encarnadas por Horacio Rodríguez Larreta y su "armador" Omar De Marchi, están encendidos para llevar agua a sus molinos.

Hoy por hoy, a todas luces la UCR va a la zaga del PRO. La Bullrich es al PRO lo que Tadeo García Salazar a Cornejo. Ambos tienen sus precandidaturas supeditadas a los humores de sus jefes, Mauticio Macri y Alfredo Cornejo quienes decidirán su futuro político entrado el 2023

En resumen

Ya es hora de que el peronismo comience a replantearse muchas cosas. El mercado no es esencialmente malo. El mercado es uno los más antiguos inventos de la sociedad humana. Es algo inherente a todas los pueblos. Lo usan los países de derecha, de centro y de izquierda. ¿De dónde saldría hoy la riqueza de la China comunista si no exisitera en esa nación el capitalismo de mercado?

Cuando el peronismo insiste, con argumentos apolillados, vivir en medio de una lucha constante contra el campo, quizás el sector productivo más dinámico que tiene la economía argentina, está desconociendo una realidad palpable. Las divisas que el campo traslada al Estado en forma de retenciones a las exportaciones ha salvado a los gobierno peronistas de caer en verdaderas debacles.

Cuando el peronismo desecha la importancia del equilibrio fiscal de una nación está desconociendo uno de los basamentos inherentes a todas las economías saneadas. No se puede gastar más de lo que se recauda. Lo mismo ocurre cuando el peronismo niega que los malos gobiernos populistas son generadores de ese cáncer que es la inflación en la Argentina.

Podremos comenzar a hablar de "fin de ciclo" kirchnerista en la Argentina solamente cuando estas medidas simples, básicas, empiecen a ser puestas en práctica en la economía argentina, no como fruto de una imposición, sino como resultado de haber comprendido "algo natural", como le gustaba decir a Perón cuando estaba frente a una verdad incontrastable.

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