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Análisis y opinión

Piñera, acorralado, no está para hacer "carretes"

Editado por Manuel De Paz
mdepaz.2015@gmail.com

El gobierno chileno no da pie con bola. Ahora el presidente  Sebastián Piñera ha fracasado con la tan mentada estrategia de instaurar “una nueva normalidad” que lanzó hace más de dos semanas “de manera ordenada”, según él,  para abrir comercios y comenzar la restauración de la vida que regía antes del coronavirus.

La ciudad de Santiago y toda la región metropolitana componen una urbe que agrupan a unos  8 millones de chilenos. Todos ellos deberán volver ahora a una cuarentena total al haberse desbocado el número de infectados, que en un solo día registró 2.660 casos, al igual que la ocupación de camas de las terapias intensivas que está llegando al 85%.

Quien viene rastreando las redes sociales de los medios chilenos habrá constatado cuán evidente es la animadversión contra el gobierno y, de manera particular, contra algunos miembros del  gabinete de Piñera, entre ellos su ministro de Salud, Jaime Mañalich.

Poco santa

Ha habido también coincidencias en señalar que la libertad de traslados de ciudadanos que permitió el Gobierno durante Semana Santa pudo haber influido en el crecimiento exponencial de los actuales infectados.

Los foristas de la web también acusan “a la gente porfiada que insiste en hacer vida social, hacer carretes (enfiestarse) y no respetar el distanciamiento social”.

 Entidades sociales y médicas  han pedido al presidente Piñera “un giro comunicacional que apunte a advertir a la población que hay un peligro real fuera de sus viviendas”.

Y los de la prensa trasandina, pesados como los nuestros, no se han privado de hacer comparaciones entre el manejo de la pandemia en la habitualmente imprevisible Argentina, y lo que se está viviendo ahora en la otrora previsible república de Chile.

El cascoteado ministro Malich, quien habitualmente utiliza giros grandilocuentes de tipo militar al hablar del coronavirus, dijo por estas horas, con un lenguaje apichonado: “Tenemos que suplicar, rogar, para que tomemos todas las medidas necesarias. Nos tenemos que tomar nosotros en serio. La ciudadanía debe tener el mejor espíritu de comprensión”.

Piñera venía resistiéndose desde el comienzo de la peste a decretar una cuarentena de tipo general, que sólo regía en algunas comunas santiaguinas y del área metropolitana. Sin embargo casi todos los alcaldes pedían el aislamiento completo.

Los distintos

Hasta hace unas semanas en la administración Piñera insistían en que iban por buen camino, ponían como ejemplo los logros alcanzados al contener la enfermedad en alguna ciudad del interior, y creían que iban a recuperar el prestigio de país distinto y previsible alcanzado alguna vez con su economía integrada al mundo, buena parte de lo cual fue puesto en cuestión en octubre del año pasado con  “la revolución de los alienígenas”.

Como pocas veces en su historia Chile está viviendo un remezón propinado al establishment por la creciente clase media que pide un reparto más equitativo de la riqueza consolidada con la democracia que se reconquistó en 1990.

Un lector del diario La Tercera, que dice pertenecer al sector de la Salud, escribió en la web tras conocerse lo de la cuarentena, que “Chile, el país real, es desigual, con carencias y díscolo. El chileno es porfiado (se refiere al poco respeto por las normas de aislamiento durante la pandemia) pero en ese caso el Gobierno debería tener claridad sobre las características de sus ciudadanos. Eso sería tener calle”.

Desde aquel “Estamos bien los 33” de los mineros atrapados, que marcó para bien su primera presidencia, hasta éste presente de desaciertos de gestión y de inéditos reclamos populares, Piñera parece ser un barco en medio de la tormenta perfecta.    

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