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Dónde estamos parados

Editado por Carlos Hernández
hernandez.carlos@grupoamerica.com.ar

"Dígame usted a quién vamos a votar…" Encontrarse frente a la góndola de un supermercado al cliente desconcertado ayuda a entender lo delicado del momento político y económico que estamos atravesando.

En unas pocas frases sueltas lanzadas con expresión resignada se resume la angustia del hombre que sobrelleva la dificultad para sostener la economía del hogar. Su aspecto físico denota unas cuantas décadas vividas a puro sacrificio y sus palabras demuestran la preocupación de tener que decidir una vez más en su larga experiencia cívica por una opción sin entusiasmo: "uno de los candidatos es inútil y tira para los ricos, otra es corrupta y ya rifó al país, y los que se presentan como alternativa son una bolsa de gatos oportunistas". Así de lapidario.

Luego, el cuasi monólogo improvisado derivó hacia el tema de la inflación y la incredulidad sobre la eficacia de la canasta de precios congelados: "Es que los empresarios también son avivados y nadie los controla, van por el capital y no por el país. Son amigos o socios de la política. Manejan el poder", remató el hombre con seguridad antes de despedirse de este ocasional interlocutor periodista.

El escepticismo del ciudadano de a pie no es casual. La desconfianza en las medidas que se van a poner en marcha es un síntoma de la falta de credibilidad del Gobierno, y la pérdida de expectativa por lo que vendría refleja lo mediocre de las opciones que se esbozan en el horizonte.

La tabla de salvación

A fuerza de necesidad, Mauricio Macri entendió que con la ortodoxia económica no podía bajar la inflación, ni ahogando la actividad con tasas exhorbitantes lograría la recaudación para cumplir con las metas fiscales.

Tampoco la inestabilidad cambiaria daba la calma esperada para que el dólar no siguiera impactanto sobre los precios. Macri ya no podía seguir contemplando cómo el mercado resolvía las cosas, ni esperando resultados con las recetas del Fondo, porque su gobierno se hundía en las encuestas al ritmo de la crisis y con ello la chance de reelección.

Aún sin convicción, el Estado debía intervenir para aliviar la angustia de los consumidores, tirar una soga a las pymes y tonificar la actividad económica.

Complementando el congelamiento de las bandas cambiarias adoptadas por el Central, los créditos disponibles ayudarán en esa dirección, los planes de pagos para las empresas al borde del colapso servirán para que no cierren, las medidas sobre las retenciones promoverán exportaciones, y la postergación de más tarifazos morigerarán los costos residenciales y de las pymes. Aún con sacrificios fiscales, la movida valdrá la pena si se planifica al detalle el día después sin que todo se convierta en una gran olla a presión.

Respecto de los "precios esenciales" habrá que observar la voluntad de cumplimiento de las empresas y la eficacia de control y sanción de los organismos del Estado.

Si bien todo forma parte de un paliativo de corto plazo que tiende una módica malla de contención a la población ante la crisis que ya cumple un año, y al mismo tiempo sirve a los fines electorales de Cambiemos, al menos las medidas pueden dar un alivio para el comercio minorista y para franjas sociales que tiene dificultades para comer. Así será siempre y cuando los "mercados" no las boicoteen. Una obviedad.

Salgamos del fondo

Está claro que no se está atancando la estructura del mal endémico de la inflación ni se está avanzando en un sendero de crecimiento sustentable.
Para eso será necesario un plan económico integral, y más que eso, un proyecto de desarrollo de un país que cuenta con recursos y capital humano.

El diseño de un proyecto creíble, que sea acompañado por un gran acuerdo nacional, ya no será posible en este período de gobierno. La economía y la política van de la mano, y ambas necesitan la confianza y el consenso de la sociedad y de los factores de poder.

Como dijo el señor del supermercado, las opciones electorales a la vista no contribuyen demasiado. Sin embargo, como la política es cambiante, alguna vez los planetas pueden alinearse. La esperanza es lo último que se pierde.

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