Cristina Elizabet Fernández de Kirchner (66) porta casi todos los elementos dramáticos que caracterizaron a las mujeres que han tenido fuerte preminencia en ese universo pantanoso que es el peronismo.
Su influencia fue magnificada porque no sólo fue dos veces seguidas presidenta argentina, sino también una especie de vicepresidenta de facto de Néstor, cuando ambos ninguneaban sin asco al vice oficial, Daniel Scioli.
Como Eva Duarte de Perón e Isabel Martìnez de Perón, también Cristina se ha mostrado siempre muy apegada a las convenciones de lo que antes en el ambiente teatral se denominaba "una actriz de carácter" o "una trágica".
Es y ha sido -como personaje- una operística prima donna, que no sería nada raro que termine como figura de un musical o de un drama con remedos shakesperianos.
Volvió en video
Todo eso lo ha ratificado en estos días con el video que preparó y difundió antes de viajar a Cuba para asistir a su hija Florencia Kirchner (29), la que, según la versión de la ex mandataria, se encuentra incapacitada por una enfermedad para volver a nuestro país, la que le habría sido provocado por "la persecuciòn judicial".
En la Argentina, Florencia debe ser enjuiciada junto a su madre y su hermano Máximo en una de las tantas causas que involucran a los Kirchner: la de los hoteles "pantalla" de la familia y la de los millonarios "ahorros" en dólares que le detectaron a Florencia.
El Estado soy yo
Pero no es Florencia el nudo de nuestra columna. Es su madre, la mujer que entre 2007 y 2015 buscó desesperadamente moldear las instituciones del país a su arbitrio, como antes, pero de manera más "almacenera", lo había encarado su marido.
Cristina no tuvo dudas: había "que ir por todo" y colonizar la Justicia, convertir al parlamento en una escribanía que certificara sus decisiones, y atacar a la prensa que no seguía sus dictados retirándole los fondos destinados a la pauta publicitaria oficial que, por el contrario iba a raudales al conglomerado de medios oficialistas creados desde la Casa Rosada.
Esos fueron sólo algunos de sus arrolladores gestos políticos que, sin embargo, no lograron aniquilar la actitud crítica de buena parte de argentinos.
Culminó su segunda presidencia con 30% de pobres, con el país alejado del mundo globalizado, con una inflación escondida por un payasesco secretario de Comercio, y con una economía que fue víctima de las alocadas decisiones de una causa" nacional y popular", causa que ya había mandado al país al precipicio en la década del '70.
Nada de lo que hace la viuda de Néstor Kirchner es casual o fruto del azar. Pese a que uno puede comprender su dolor de madre, porque cualquier hijo enfermo nos altera, su reacción tiene un alto y estudiado componente político-teatral.
¿Quién gana?
¿Cómo es posible que ahora Cristina reaccione así y antes no se haya alarmado por las consecuencias que las trapisondas de los hoteles "fantasmas" le iban a significar a sus hijos, en particular a Florencia que no tiene fueros como Ella y Máximo?
Florencia, su hermano, y su madre firmaban papeles y transferencias sobre los hoteles asesorados por una corte de abogados del poder. ¿Ninguno le advirtió a la poderosa madre de los peligros a los que exponía a la hija, siendo que ya por entonces eran famosas las denuncias que hablaban de un pavoroso lavado de dinero?
En la misma semana en que Cristina parecía tomar dimensión real de cómo su gran tragedia política (la corrupción) afectaría a su hija, quien podría quedar presa en los próximos meses, la usina de campaña de la ex presidenta embadurnaba las ciudades con un afiche contra Macri que rezaba, con elegante poder de síntesis: "Ella le gana".
La vida real y concreta, la de sus afectos, se le retobaba fiero. Y para eso no había eslóganes inteligentes.
