Análisis y opinión

Milei zamarreó a la política y sorprendió al convocarla a un pacto refundacional

Hubo mensajes para todos y a la población le pidió paciencia y confianza

Javier Milei fue duro, durísimo, pero no dejó la impresión de un pendenciero de Twitter, sino que se posicionó por el lado de la sinceridad brutal, con datos, con un diagnóstico preciso de la tragedia argentina.

el-presidente-javier-mile_1049686.jpeg
Milei insistió con su personaje de

Milei insistió con su personaje de "outsider justiciero".

►TE PUEDE INTERESAR: Alfredo Cornejo valoró la convocatoria a un pacto nacional por parte de Milei

Los aludidos con nombre y apellido por las críticas del Presidente podrán desmentirlo respecto de cada uno de sus dardos envenenados. Lo que resulta irrebatible es la magnitud del drama del país que se hace elocuente con un solo dato: la pobreza en la que vive casi el 60 por ciento de los argentinos.

Para que no quedara en la vagueza de los pareceres, arrancó con un diagnóstico de situación con indicadores numéricos dramáticos, como legado del kirchnerismo.

Con ese clima y con la euforia incontinente de sus acólitos, no tuvo contemplaciones para los privilegios que la política ha naturalizado al punto de estar a la vista de todos: vuelos privados, asesores, ñoquis, etc. Y lo peor: los casos de corrupción, como el que ahora envuelve a Alberto Fernández, o las coimas para autorizar importaciones, y los tantos fondos para asistencia que quedan en el camino de la intermediación, citados como ejemplos en el discurso.

Milei tiene la capacidad para decirlo de tal modo que logra ser convincente ante quienes necesitan expiar sus frustraciones acumuladas. En ese sentido, mantiene con eficacia su personaje de justiciero outsiderde la política.

►TE PUEDE INTERESAR: Los 10 lineamientos del Pacto de Mayo que propuso el Presidente ante el Congreso

Sus bases y omisiones

En su discurso, ratificó su política monetarista como un catecismo anti Estado, y citó frases de Milton Friedman, uno de los referentes de la Universidad de Chicago, que inspiró el neoliberalismo que estuvo en boga durante los noventa. Además de Juan Bautista Alberdi, su musa inspiradora, elogió a Carlos Menem, y prometió una ley penal para castigar a los futuros funcionarios que emitan moneda para financiar el Tesoro.

Dejó definiciones para el inventario de la polémica, inevitablemente, y entre la columna del malgasto puso otra vez a los gobernadores al ufanarse de haberles cortado el financiamiento.

Milei es portante en su ADN de la contradicción política al convocar a sus apaleados. Al tiempo que los denuesta, convoca a los gobernadores a un pacto refundacional. Y mientras habla de la pobreza, no expresa demasiada empatía con los afectados por el proceso actual. Así, pasó por alto las consecuencias del ajuste para, al menos, arengar en pos de una esperanza a los más postergados o la clase media que está soportando en su lomo las medidas que se están adoptando.

Quizás sea que su impronta como presidente, y a pesar de que navega en la actualidad de las redes, tenga características de desapego con la gestión cotidiana. A juzgar por los acontecimientos, es dable pensar que sienta un llamado de las fuerzas del cielo a refundar el país, un rol distante de la mera administración de las cosas cotidianas.

El hecho de que convoque también a expresidentes al Pacto del 25 de Mayo sigue la línea de sus contradicciones, que se solapan entre tantas iniciativas rimbombantes.

Con intenciones de promover reformas, ha llamado a diez ejes de cambios estructurales e insiste con los trazos de su malograda ley ómnibus. Pero fiel a su estilo, los convocados ya tienen la hoja escrita de lo que deberían rubricar.

Su decálogo, que conforma una agenda de fondo, entusiasma a varios sectores y espanta, por lógica, a los resistentes. La viabilidad dependerá de su pragmatismo político, lo que lo puede catapultar al nivel de los estadistas o a las páginas de la historia de los jinetes del fracaso.

►TE PUEDE INTERESAR: Las leyes "anticasta" propuestas para terminar con los privilegios de políticos y sindicalistas