En el despacho del vicegobernador Mario Abed hay mucho para ver. Desde el balcón del octavo piso del anexo a la Legislatura se destaca una postal en vivo y en directo, plena de mendocinidad. Veamos juntos: la montaña, el sol, el cerro de la Gloria, edificios que salpican el desierto, el escudo de Mendoza, la plaza Independencia y la calle Sarmiento, que será Emilio Civit y finalmente los Portones del Parque General San Martín.
Mario Abed: "¿Si somos un país federal por qué Mendoza tiene que ir a pelear con la Nación?
Pero hay otra imagen tanto o más valiosa, porque sintetiza su forma de pensar a la hora de hacer política: una foto de 15x21 que lo eterniza junto con el gobernador Rodolfo Suarez, mirándose a los ojos, el abrazo reprimido, el rostro casi cubierto por el barbijo y los puños a punto de chocarse. Tiempos de Covid pero hay equipo. Fue el 1 de mayo de 2020, a punto de realizarse la primera sesión por el inicio del período legislativo. Aquel día, como en la foto, Suarez y Abed, juntos, solos en la inmensidad del recinto. Sin gente ni barras. Las bancas desiertas. Y frente a ellos, en una pantalla gigantesca, los diputados y senadores locales listos para verlos y escucharlos, a punto de hacer historia a través de la virtualidad.
- Esta foto -dice Abed- se la regalé al Rody para cuando cumplimos el segundo año de mandato. Es uno de los recuerdos más importantes que tengo en lo que va de la gestión.
- ¿Qué lectura hace de esa foto?
- Que él es el gobernador y yo estoy al lado suyo, para acompañarlo hasta el último minuto. El contexto era duro: no pudimos abrazarnos y estábamos solos. Tenemos un vínculo muy fuerte, de respeto mutuo. De dejar ser y hacer.
Hijo de maestra y empleado bancario
El que habla es el mismo Mario Abed que durante años gobernó Junín. El que se hizo radical por su padre y por Balbín. Basta con cerrar los ojos y escucharlo. Pasaron ya dos años desde que se calzó el traje de segunda autoridad de la provincia pero cuando habla y se conduce sigue siendo el mismo de siempre. Por eso conserva las costumbres de siempre: cada noche duerme en su casa y cada mañana comienza a la vieja usanza: el desayuno tipo 6, matizado con diarios y noticieros, muchas veces en familia, y la agenda a mano. Listo para arrancar. Como siempre.
A Abed le gusta, como siempre, recorrer, caminar, testear a la gente. Si trabajan, si van a la escuela, si les falta salud o educación. Y siente que el día en que no pueda hacerlo dejará de ser útil a la sociedad. Por ello, salta ciertos límites, ciertas convenciones, en nombre de su esencia: servicio. Siempre aggiornado: como cuando se hicieron, bajo su organización, más de un año de sesiones legislativas virtuales, algo impensado tiempo atrás.
Gobernador por diez días
El mate está listo: yerba, agua y el escudo de San Lorenzo de Almagro, que muestra orgulloso. El Ciclón, otra pasión compartida con Suarez, que en octubre, por su salud, le provocó un remezón.
- ¿Qué sintió cuando supo que iba a gobernar Mendoza por la cirugía de corazón del gobernador?
- Y... asustó un poco al comienzo pero rápidamente viví lo que es un buen equipo de trabajo con los ministros. Me asusté por él, porque esa operación estaba programada. Soy tan bueno que la vamos a hacer después del 10 de diciembre, me había dicho, pero se adelantó porque empezó a sentirse distinto por las arritmias, y cuando inauguramos la Fuesmen en Maipú me llamó aparte y me lo dijo: Me opero antes.
- ¿Cómo fueron esos días de gobernador?
- Totalmente distintos. Me tocaron situaciones que demandaban decidir, como lo de la cancha de Huracán Las Heras (el tiroteo durante un partido). Es un universo mucho más grande del que yo estaba acostumbrado a habitar. Ahí uno se entera de todo. Salté a otro plano sin abandonar mi función y responsabilidades. Fue como estar en la NBA. Pero después volví, tranquilo; además estuvo Juan Carlos (Jaliff), que me acompañó con su experiencia, templanza. Con Rody volvimos a comunicarnos por mensaje cuando avisó que todo estaba bien.
- ¿Cómo será este último tramo del mandato Suarez-Abed ya casi en carrera preelectoral?
- Con la adultez que debemos tener en Mendoza y en la Nación. Lo grave es lo que no pudimos proyectar ni aplicar por la pandemia. Al gobernador y a mí nos desvela que haya trabajo. Mendoza tiene todas las condiciones para ser la mejor provincia del país, porque somos ordenados y sin traer plata de afuera pudimos pagar los sueldos, equipar los hospitales, traer respiradores y mucho más. Todo, porque achicamos el Estado, como en las comunas. Acá no hay fórmulas mágicas. A mí me lo había dicho, años atrás, el ex intendente de Junín Dante Pellegrini: No entrés en la trampa política -evoca del caudillo peronista y antecesor-, no llenés el Estado de gente porque no vas a poder hacer nada. Y lo mismo aplicamos acá con continuidad.
- ¿Ese diálogo con el rival político es moneda corriente en Mendoza?
- Tenemos convivencia, lo bueno sería que actuácemos como adultos, en Mendoza y el país. Querría que desapareciera la palabra oposición. Como oficialismo, gastamos bien la plata y presentamos un Presupuesto ordenado; lo único que se está pidiendo es el roll over, que es normal, es como si a la gente le quitáramos el crédito con el Ahora12, o el Ahora 24 y no te lo doy más. Y se dijo, dénnos una propuesta superadora, y para lo mismo en la Nación. Si somos un país federal, hagamos una nueva ley de coparticipación. ¿Por qué los mendocinos tenemos que ir y quejarnos y gritar en la Nación que no coparticipamos como el resto? ¿Por qué los mendocinos valemos menos que los otros? La coparticipación debe ser justa. La oposición, sea del signo que sea, debe ser superadora.
- ¿Cómo es la oposición en Mendoza?
- Tengo un buen diálogo, lo saben todos, pero, a veces, en estos años no electorales, se esperan propuestas superadoras. No hay que alejarse de la realidad, yo por eso vuelvo todos los días a mi pueblo, a Junín, para estar cerca de la realidad, porque todo esto (gesticula como para abarcar la inmensidad de la gran ciudad y la política de altos cargos) realmente obnubila. Yo espero que en 2022 y 2023 hagamos cosas importantes.
Ser político y Tinelli
El árbol navideño, el cuadro de un Cristo crucificado y otro del General San Martín les dan color y sentimientos al entorno luminoso y de muebles sencillos. El calor humano lo aportan las fotos de la madre de Abed, una maestra que murió cuando él tenía 12 años y que le transmitió la importancia de la educación, otra de él con el padre -un empleado bancario que le inyectó la sangre balbinista- de cuando asumió la primera intendencia en 2003; y las típicas familiares: con Cristina, la esposa, la hija, el nieto y el yerno. Más indicios del mismo Mario Abed.
- En cada una de las reelecciones en mi pueblo, yo los pregunté: ¿Me bancan una más?
- Pero llegar a vicegobernador era otra cosa...
- Sí, y se notó. Hubo cierta oposición: no querían, les asustaba la lejanía, que durmiera afuera por las noches, el no verme; la exposición asustó. La jefa mayor (habla de la esposa) observó todo esto, le parecía difícil. Es mi familia desde hace 35 años. Con ella me casé siendo muy joven, a los 23.
- ¿Cómo hizo para torcer esa voluntad?
- Soy un buen político: la convencí, porque el binomio es clave. Mi hija me apoyó siempre, igual que mi yerno, que es como mi hijo. Somos muy amigos
- Hablemos de fútbol y de Marcelo Tinelli, mandamás en el club San Lorenzo pero en franco declive en ese metié y también con el espectáculo...
- Tinelli agotó a la gente, se equivocó. Por ejemplo, cuando recorrió las provincias y habló del hambre. Es muy difícil eso cuando no se conoce el hambre y cuando se desconocen la pobreza y la humildad. Viví en una familia de clase media y fui a la escuela pública -mi querida Blanco Encalada- siempre llevado por mi madre, pero cuando llegué a la intendencia me tocó ver la pobreza, olerla, tocarla... Muchas veces me sentaba a comer con mi familia pensando en todos los que no comían. Por eso hice, en Junín, los jardines para contener y dar de comer, y más tarde para educar en la universidad y así con muchas acciones concretas para cambiarle la vida a la gente. Porque para eso debemos hacer política: para transformar la realidad.




