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La marca Cornejo

Editado por Carlos Hernández
hernandez.carlos@grupoamerica.com.ar

Con un pormenorizado detalle, y apelando a datos y cifras de los principales logros, el gobernador brindó los fundamentos de su gestión en el último discurso ante la asamblea legislativa.

En su larga exposición, seguida la mayor parte del tiempo con atención por los propios y extraños presentes en la Legislatura, omitió buenas y malas. Como prueba de su balance positivo, dejó los números, las estadísticas, los datos duros. 

Lo que no dijo es todo lo que explica la pérdida del poder adquisitivo, la pobreza y la desocupación, producto del gobierno de un Mauricio Macri que no logra dar pie con bola. Salvo una mención a los "estragos" que ocasiona la suba del dólar, eligió desmarcarse de quien es un piantavotos en este tiempo electoral. 

Antes de asumir el cargo, Cornejo se quejaba de que no existían debates de calidad sobre las políticas públicas porque tampoco había buena información ni indicadores confiables. Cumplió: su discurso fue un compendio de datos significativos contrastables. 

De ese modo, le dio contundencia a su alocución al comparar su gestión con el malogrado gobierno de Francisco Pérez, hasta abarcando períodos de sus correligionarios radicales. "Escuchen esto", fue su apelativo reiterado para rematar con la información disponible.

Debe y haber

Quizás se queda corto cuando machaca con el "orden" como la impronta que define su gobierno. Pues la gestión ordenada, la definición de prioridades, la asignación eficiente de los recursos escasos hablan mucho más de inversión social y promoción económica que una mera planilla de excel con números austeros. Lo meritorio de haber alcanzado las metas en varias materias es hacerlo en un país en  franca decadencia. Otro contraste de su gobierno con el de la nación que evitó resaltar.  

Tampoco entró en su discurso lo que no supo, no quiso, o no pudo: el desarrollo de la minería sustentable, el banco oficial, la reforma constitucional, entre otras cuestiones que quedarán para el próximo gobierno. 

Cornejo, un animal político que ha sabido ser operador  de muñeca aceitada, aun ocupando segundas o terceras líneas, hoy es un gestor sin abjurar de la política. Desde ese lugar no dejó de agradecer los apoyos y colaboración que recibió su gobierno. Pero a la hora de justificar muchas de sus medidas controvertidas,  fustigó sin reparos la "politiquería", la "ideología vacía", las "explicaciones simplonas", el "populismo", apuntando a dirigentes y militantes opositores. La corrección política no es  parte de su acervo.

Dejar la posta

A poco de entregar su mandato, el gobernador aconsejó el promover un modelo de Estado productivo y moderno, que sepa entrelazarse con el sector privado para crecer, apuntalar a la clase media y beneficiar a los sectores más vulnerables como destinatarios de servicios esenciales. Fue cuando pidió que haya continuidad de su legado, dado que por impedimiento constitucional el patriarca del radicalismo no tuvo la chance de intentar la reelección para avanzar en "la revolución de lo sencillo" que se propuso. 

Pese a las críticas de la oposición, que lo ha acusado de dar la espalda a la realidad social y de negar la deuda pública, Alfredo Cornejo es consciente de que aun en estos tiempos de decadencia argentina, podrá dejar una marca en su paso por la gobernación de Mendoza.

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