"La inflación destruye, hay viñedos en ruinas, empresas que no seguirán trabajando, consumidores que no volverán, productores que desaparecerán. Y así se destruye el tejido social". Con esta cruda descripción abrió el desayuno de COVIAR, su presidente Ángel Leotta. Nadie salió al cruce directamente de su diagnóstico. Todos tienen en claro esa realidad de parte de la vitivinicultura, pero también hay coincidencias de que hay que apuntar a detener la caída del consumo en un mercado interno que significa el 75 por ciento de la salida de vino y, fundamentalmente, a incrementar las exportaciones.
Ahí está la oportunidad de terminar con el sobrestock que hoy está aquejando principalmente a los productores primarios. A contramano de lo que se necesita, las retenciones al sector, la baja de reintegros de impuestos y los aranceles que se le aplican a los productos argentinos, están funcionando como barreras a las exportaciones.
El secretario de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, avisó que este año seguirán vigentes las retenciones, porque las cuentas fiscales así lo requieren. Y no se privó de destacar las ayudas que se dan al sector, como la suba del mínimo no imponible en las cargas patronales o la lucha contra la lobesia botrana. Claro que los mayores aportes han sido otorgados por el gobierno provincial de Alfredo Cornejo mediante múltiples acciones y herramientas, acentuando el esfuerzo fiscal con el reciente fondo anticíclico. Por eso sacó pecho a la hora de arengar a la dirigencia empresaria, política y sindical para solucionar los problemas estructurales de la industria. De paso, retó a los actores vitivinícolas a que dejen de echarle la culpa de sus deficiencias a los demás porque no logran un consenso sobre las causas de la crisis de la vitivinicultura.
A levantar la mirada
Todos coinciden en que es necesario trabajar en un producto que atienda a las nuevas tendencias del consumo, y que se promuevan decididamente las exportaciones. Ésta es la única salida para toda la cadena de valor, sobre todo para los eslabones más desprotegidos. Complementariamente, hay que seguir apostando al enoturismo, que en Mendoza se ha acentuado como una marca identitaria.
Walter Bressia, presidente de Bodegas de Argentina, destaca que los privados han hecho 30 años de inversión, pero invita a revisar las relaciones entre todos los actores, incluido el Estado, y además señala a los problemas de competividad emanados de las políticas económicas. Y remarca que la expansión vendrá de la mano de los mercados internacionales.La vitivinicultura está en crisis, pero tiene grandes perspectivas y desafíos para diseñar nuevas estrategias trabajando institucionalmente a través de COVIAR, que trazará un plan a 2030 con apoyo del INTA.}
El gobernador habla de la necesidad de tener una economía sana y reconoce "sangre, sudor y lágrimas". Es que la Provincia ya ordenó sus cuentas y hasta con algunos alivios fiscales. El problema viene de la Nación con sus políticas inestables. Las perspectivas favorables para la vitivinicultura están a la vista, porque se han logrado productos que se valoran positivamente en muchos países. Pero para ganar el mundo los privados deben hacer su tarea y la macroeconomía debe dejar de conspirar contra la competitividad. Allí reside la gran llave de la solución.
