Análisis y opinión

Los gansos new age del Peluca, la mancha de los radichetas y las lecturas de la cumbre de Anabel

Los demócratas están encendidos con un Milei cada vez más desorbitado, los radicales se cuidan como si fueran carmelitas, y los peronistas aún discuten sobre que pasó en la "cumbre" del Bustelo

Ahora los radicales mendocinos se tienen que cuidar como de orinarse en la cama. El acuerdo para subsidiar generosamente al pastor y socio político Héctor Bonarrico fue un golpazo que dejará marcas. Tienen, por suerte, el contrapeso que siempre les proporciona, generoso, el peronismo. Por ejemplo, lo de Luis Lobos y Sergio Salgado, los dos ex intendentes peronistas condenados por corrupción. El asunto es que Suarez ya no está impoluto. Lo del evangélico ha generado sospechas que está obligado a deshacer.

La mancha se ha corrido incluso a dos de los intendentes con pretensiones de Barrio Cívico: el de Godoy Cruz, Tadeo García Salazar, quien es además presidente de la UCR provincial, y Ulpiano Suarez, factótum de la Ciudad de Mendoza. Se los sindica desde la oposición como parte de quienes propiciaron el hoy famoso subsidio de $9 millones anuales que iba a recibir el evangélico y cuyo decreto fue anulado por Suarez de un plumazo cuando el propio Bonarrico salió a decir que esa platita era parte de un arreglo político entre socios.

El religioso, que había concluido una olvidable gestión en la Legislatura (donde llegó a pedir que fuese censurada la miniserie El Reino, sobre un pastor corrupto) pretendía que le crearan un cargo en el gobierno provincial para conducir una Dirección de Cultos. Como eso no fue posible, "compensaron" (según afirma Roberto Ajo, titular del PD) al socio con un bonito subsidio para una fundación que regentea Bonarrico.

Ajo ha acusado públicamente al gobierno de Suarez de "estar actuando con la lógica de los barra bravas para mantener el poder a cualquier precio" y ha hablado del intento en algunos municipios de comprar a militantes demócratas con contratos de locación.

Por su parte "el Tadeo y el Ulpiano", como los mentan sus contertulios en lenguaje inclusivo mendocino, deben estar arrepentidos de haber asistido, como veedores invitados, a una de las ceremonias religiosas del pastor en la que estuvieron en primera fila recibiendo las bendiciones del Señor. Esas imágenes sirvieron para que en las redes ambos fueran bardeados a placer.

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Héctor Bonarrico pretendía que le crearan un cargo en el gobierno provincial para conducir una Dirección de Cultos. 

Héctor Bonarrico pretendía que le crearan un cargo en el gobierno provincial para conducir una Dirección de Cultos.

Bajá de ahí

Sigue dando "frutos", en este caso amargos, la cumbre kirchnerista de Anabel Fernández Sagasti en Mendoza. Quien ahora está en un brete es el exgobernador de Salta Juan Manuel Urtubey, a quien han cuestionado con bríos desde el Peronismo Federal por participar de esa reunión y haberse fotografiado al lado de dos kirchneristas blasonados, como la senadora Sagasti y el ministro Wado de Pedro.

Los más encabritados son los peronistas cordobeses con el propio Juan Schiaretti a la cabeza. El "Gringo", como le dicen, bramó contra la decisión de Urtubey de haber ido a hacer de aplaudidor en un acto kirchnerista al que, precavidos, no asistieron muchos dirigentes del peronismo mendocino que tienen aspiraciones para 2023 y que prefirieron no quedar pegados a nada que suene a cristinismo.

Es notable como "la cumbre" kirchnerista realizada en el Auditorio Bustelo el sábado 21 de mayo, ha servido para lecturas tan disímiles.

El kirchnerismo cree que sirvió para recuperar terreno perdido en Mendoza y en otras plazas que son, al decir de Alberto Fernández, "territorio hostil". Los albertistas lo vieron como otra plataforma para cuestionar al Presidente. Una parte del peronismo local observó intenciones poco claras en Sagasti y se negó a ser comparsa de ideas generadas en el Instituto Patria. Hubo de todo. Pero no se puede decir que la "cumbre" haya pasado desapercibida.

Salvavidas de plomo

Los que están encendidos en Mendoza son varios fieles del Partido Demócrata, en particular aquellos que en su momento se escindieron de Cambia Mendoza porque no los tenían en cuenta. La legisladora provincial, Mercedes Llano, de ese partido centenario, dijo que es posible que lo de Bonarrico sea el hecho de corrupción más delicado de los últimos tiempos, pronosticó que "se ha destapado una olla", y aseguró que "la Legislatura está llena de Bonarricos".

Bastante parecido a lo que sostiene la cristinista Fernández Sagasti para quien, finalmente, la política mendocina ha encontrado la punta de un ovillo del que a partir de ahora ellos seguirán tirando para sacar a la luz una supuesta madeja maloliente.

Buena parte de esos militantes demócratas son los que ahora celebran la decisión partidaria de haber adherido con un año de anticipación a la postulación presidencial del libertario Javier Milei. Lástima que ese acople haya coincidido con el lanzamiento de algunas de las ideas más locas, populistas y ultraderechistas del Peluca.

Hablamos de la propuesta de un libre mercado para comprar y vender órganos del cuerpo humano o para portar armas libremente, sin contar, claro, la "poética" colocación de bombas para hacer volar el Banco Central o la promesa de "cagar a patadas en el culo a la casta política, en especial a ese izquierdista asqueroso de Rodríguez Larreta".

Es raro que los gansos, para quienes la previsibilidad ha sido tradicionalmente un valor a respetar, se acoplen tan livianamente a tanta chifladura como la de Milei, que en lugar de plantear un liberalismo serio, democrático y republicano, opta en cambio por uno desbocado, excluyente y extremista.

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