Análisis y opinión

Los desacuerdos políticos suelen ser jodidamente reaccionarios y costosos

Los 15 años de kirchnerismo pueden explicarse, en buena parte, por la desaparición política de la UCR a raíz de la debacle de 2001

El trajinar político enseña que la mayoría de las veces los desacuerdos son más conservadores (mejor dicho, más reaccionarios) que los acuerdos. No conceder, no ceder ni un milímetro o no pactar por tozudez suele ser producto, en muchos casos, de exacerbados orgullos ideológicos. Admitimos, empero, que hay asuntos en los no se puede transigir.

Es difícil que se produzcan cambios sociales si no hay algún tipo de cesión entre las partes del entramado político. Esos empeños en no moverse ni un ápice de un punto de vista suelen resultar muy costosos. Y ya sabemos que los costos los terminan pagando siempre los que sostienen el Estado con el pago de los impuestos. La ideología extrema nos suele salir un ojo de la cara.

¿Vio lector/a que cunde en el país un exagerado y lamentable uso de la chicana en la vida político-partidaria? Hablamos del creciente reino de la artimaña o de los procedimientos de mala fe que suele usar el que chicanea. Las redes sociales son las aguas perfectas para esos peces. Hay una segunda acepción de la palabra chicana que alude a una broma o chanza, pero no es ésta la variante a la que aludimos.

Para hacer una broma inteligente se necesita cierto ingenio y un habilidoso y medido sentido de la ironía. La artimaña, en cambio, requiere de importantes dosis de maldad, engaño y mala intención, todos ellos componentes fáciles de conseguir en la arena política.

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Esa desaparición

Los argentinos ya estamos en condiciones de hacer relecturas más profundas de lo que pasó en el 2001. No todas tienen que ver con las secuelas económicas por la debacle de Fernando De la Rúa. Por ejemplo: a fines de ese año en la Argentina se desplomó y desapareció la Unión Cívica Radical.

En ningún país sale barato -en términos de consecuencias políticas- que implosione alguno de los principales partidos, máxime si el que se cae ha sido durante un siglo el vehículo electoral de la clase media.

Los 15 años de kirchnerismo pueden explicarse, en buena parte, por esa ausencia política de la UCR.

La guerra

El 17 de febrero de este 2022 fue el día que el presidente Alberto Fernández fijó como la fecha de inicio de "la guerra contra la inflación". El mandatario esperó dos años y dos meses desde el inicio de su gestión (diciembre de 2019) para lanzar el ataque contra ese enemigo de los ciudadanos.

Fue, como se sabe, un combate de palabra, de "mentirita", porque la causa de ese problema está en los propios gobiernos que no atacan el malgasto del Estado. En febrero pasado el índice de inflación fue del 4,7%. Las marcas de los meses posteriores fueron 6,7% en marzo; 6% en abril, 5,1% en mayo, 5,3% en junio, 7,4% en julio y 7% en agosto. Nos van ganando la guerra a chicote alzado.

Se insiste ahora en que Cristina Kirchner tantea la posibilidad de un inicio de diálogo con su archienemigo Mauricio Macri. También se comenta que el objetivo de la Vice sería el de ayudar a que la crisis económica y política nacional no se salga de cauce y que se pueda llegar con un poco de oxígeno a las elecciones presidenciales del año que viene.

En la oposición recelan y refutan. Creen que una persona que no ha tenido empacho de volverse en contra de su Gobierno y de amonestar y ningunear en público al propio Presidente, no genera antecedentes de credulidad para la oposición. Así y todo, hay quienes se preguntan ¿y si probaran?

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Sergio Massa es un pragmático que, sin los pergaminos académicos de Martín Guzmán, posee cintura política.

Sergio Massa es un pragmático que, sin los pergaminos académicos de Martín Guzmán, posee cintura política.

El pragmático

Con la incorporación de Sergio Massa a Economía, la política ha empezado muy tenuemente a ganar espacios por una razón sencilla: se han acallado (¿por cuánto tiempo?) los gritos de la pelea pelea interna del propio gobierno.

Desde adentro de la administración nacional el batifondo político que salía era ensordecedor y ese merengue se trasladaba a diario a la ya desastrosa economía, con lo cual estábamos ante la tormenta perfecta. Para el Gobierno, era Massa o el abismo. Cristina decidió parar por un tiempo.

Las medidas que está probando Massa no difieren mucho de algunas que hubiera tomado Martín Guzmán, pero la diferencia es que a Guzmán le faltaba currículum político. Y muñeca. El tigrense es un pragmático que está desesperado por llevar algo de tranquilidad a los mercados para consolidar así su futuro proyecto presidencial. Y su estancia de dos semanas en Estados Unidos le ha permitido volver al país sacando pecho.

Respirador

¿Cuánto ha ayudado a este impasse de pequeña cordura el shock que produjo el atentado frustrado contra Cristina Kirchner? Falta tiempo para definirlo con seriedad, pero por lo pronto hoy tenemos un debate un poco más civilizado.

El hecho de que La Cámpora no esté batiendo el parche todos los días con sus críticas al Presidente y de que Cristina le haya bajado algunos cambios a eso que algunos han definido como "un constante espacio de emoción violenta" contra la oposición, los medios y la Justicia, ha ayudado bastante.

Cristina ha dicho que le debe "a Dios y a la Virgen" que las balas del Bersa calibre 32 que portaba Fernando Sabag Montiel no hayan salido. También le atribuye protección al rosario que lleva colgado en el cuello desde que su hija Florencia estuvo convaleciente en Cuba y que no se ha vuelto a sacar desde entonces.

Bastó el cese temporal del fuego interno para que la política pidiera el retiro momentáneo del respirador artificial, aunque deberá seguir en terapia. En términos de Eduardo Duhalde podríamos decir que "el que aporte odio, recibirá odio" y "el aporte algo de cordura, recibirá algo de cordura".

Es de cajón: todos los gestos y procederes de las principales figuras de la política generan una inferencia en la sociedad. Quien "revolea" ministros, lo quiera o no, produce desazón. El que se sirve de una épica ideológica inflamada, genera resquemores. Y el que desde la máxima función se contradice casi a diario, desconfianza.

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