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El "larretismo", o las rarezas de la política

Editado por Manuel De Paz
mdepaz.2015@gmail.com

El coso éste sigue siendo una rareza. Nunca se le han negado dones para la gestión, pero el lugar común y el humor político solían situarlo con insistencia como "el pollerudo" de Macri, un Che Pibe del trompa.

Lo concreto es que el "gobernador" porteño Horacio Rodríguez Larreta se parece a casi nadie en su forma de trabajar en el día a día. No sigue los libretos clásicos de los políticos argentinos. No es bocón, por ejemplo. Ni compadrito sin farol. Y ahí lo tenés, reelegido Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos con el 55,9% de los votos, y ya mentado  como uno de los números puestos para el 2023.

El Pelado Style

El tipo ha generado un estilo. No es opinólogo. Calla mucho más de lo que dice. Y detesta eso de patear tableros para demostrar que tiene carácter.

En los cuatro años presidenciales de Macri ha sido un Buda que a pesar de sus fuertes discrepancias con el jefe de Gabinete Marcos Peña (el que era "los ojos, la boca y los oídos de Macri"), nunca hizo un show con eso, algo que hubiera sido lo usual en un politicastro del montón.

Por estas horas este macrista "en revisión" estuvo en Mendoza y se reunió con otro "raro" político, el radical Rodolfo Suarez. Ambos ya han dado señales de que comparten varias ideas sobre el nuevo papel opositor que les cabe a macristas y radicales frente al gobierno nacional de Alberto Fernández y de su valor agregado, Cristina Kirchner.

¿Por qué se creen que Cristina ha salido tan temprano y como un refucilo a pegarle a Larreta reclamándole a Alberto que le recorte fondos de la coparticipación?

Simple. Porque tiene claro que ante la devaluación política que han sufrido Macri y María Eugenia Vidal, el "dolape" Larreta es la figura del PRO que asoma en el firmamento 2023.

Mauricio frizado

Este Larreta es el que no duda en asegurar que "Cambiemos está hoy funcionando como equipo mejor que nunca". Sí leyó bien: hace alusión a un Cambiemos 2020 donde Macri prácticamente no ha metido la cuchara y donde el radicalismo ha adquirido un protagonismo que la debe tener a Lilita Carrió al borde de un ataque de nervios.

Larreta no lo niega a Macri. Ni una ni tres veces. Pero da a entender que es mejor para esta transición que el líder del PRO guarde una prudente distancia.

Eso es bueno para Macri y muy bueno para la coalición opositora, que está tratando de armar eso que pedía Alfredo Cornejo (y que Larreta apoyaba sin hacer alharaca), de una conducción opositora horizontal sin protagonismos excluyentes.

El constructor

El dato clave que se repite entre los que opinan acerca de Larreta es que es un constructor político que se ha especializado "en sumar distintos actores alrededor de una misma mesa para discutir políticas y llevarlas adelante", según la definición que acaba de dar Graciela Ocaña en Perfil.

En estos días hasta Margarita Stolbizer ha dicho que está dispuesta a integrar un espacio común con Horacio Rodríguez Larreta.

La fibra política la heredó de su padre, un empresario petroquímico que fue además un reconocido dirigente del presidente desarrollista Arturo Frondizi.

Y sus dos apellidos, del que ahora sólo le está quedando uno (el más corto para titular en los diarios) los tomó del padre. Su madre era Díaz Alberdi. Cuatro apellidos hubiera sido para la joda.

Sin embargo no tiene (o los disimula) esa retahíla de tics de la clase media alta. Y aunque su mujer, Barbara Diez, es una conocida influencer y organizadora de bodas rumbosas y eventos, Larreta está lejos de encajar en el concheto de manual.



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