Llevaba dos horas hablando. Al llegar a la Legislatura dijo, entre risas, que estaba nervioso. Incluso al bajarse del auto se olvidó el bastón gubernamental. Pero tras dos horas de discurso, finalmente llegó el quiebre de Alfredo Cornejo.
Con un discurso con muy poca autocrítica y varios ataques a la gestión anterior, el gobernador dio su último discurso ante la Asamblea Legislativa.
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Pasó por varios temas, siguiendo por momentos al pie de la letra lo que tenía escrito, pero sobre el final no aguantó.
Quiso decir que estaba honrado de haber representado a los mendocinos, pero la voz entrecortada mostró que algunas lágrimas se le escaparon. Lo volvió a intentar y falló nuevamente. Recién a la tercera oportunidad pudo hacerlo pero fue tanta la energía que puso que casi se olvida de declarar abiertas las sesiones ordinarias de la Legislatura.
