Análisis y opinión

La epidermis de Cambia Mendoza, afectada por un prurito que deja ronchas

El remezón que generó Omar De Marchi en Cambia Mendoza no ha afectado las estructuras de ese edificio político, pero no debería ser tratado como un sismo más

A mediados del año pasado, cuando se empezó a hablar de la posible vuelta de Alfredo Cornejo como candidato a gobernador, se dijo que uno de los objetivos era que el sancarlino no sólo aglutinara al radicalismo, sino que también negociara mejor con aquellos socios de Cambia Mendoza que ya amenazaban con tomarse el piro por no sentirse contenidos.

Hacia adentro de la UCR mendocina se logró una aproximación a ese delicado equilibrio. Todos los precandidatos radicales que se habían anotado para el Sillón de San Martín se cuadraron ante Cornejo. Unos, convencidos. Otros, no tanto. El único contendiente interno que siguió en pie para pelearle las PASO a Cornejo fue Luis Petri. Este sanmartiniano sabe que lo suyo es testimonial o de posicionamiento, ya que no tiene ninguna chance de poner en un aprieto al ex gobernador.

En cambio, donde ha quedado un sonoro desparramo es entre varios de los socios de Cambia Mendoza. La salida más chirriante ha sido sin duda la de Omar De Marchi, referente del PRO en la provincia. Ese partido creado por Macri es el segundo grupo en importancia en esa sociedad que ya lleva casi 8 años gobernando en el Barrio Cívico.

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Los refucilos

Antes que Omar De Marchi lanzara su rayo, ya había producido tormenta eléctrica el portazo de Jorge Difonso, jefe de Unión Popular, una agrupación territorialista, antiminera, de vinculaciones con el peronismo massista, y de influencia en San Carlos, donde maneja la intendencia.

Precursores del éxodo desde Cambia Mendoza, ya habían sido el sector tradicionalista del Partido Demócrata, para irse con Javier Milei; y la Coalición Cívica de Lilita Carrió, que nunca pasó de una escasa gravitación.

Tanto De Marchi como Difonso acentuaron las críticas contra el personalismo de Cornejo y se dieron el gusto de "cuerear" sin anestesia las formas de gestión de Rodolfo Suarez. Para el lujanino, de tanto pelear contra Cristina, Cornejo ha terminado formateado por el kirchnerismo.

Todo señala que De Marchi y Difonso van a terminar enyuntados junto a algunos peronistas que se cansaron de la decadencia a la que el camporismo y el cristinismo condenaron al PJ provincial.

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Todos los precandidatos radicales que se habían anotado para el Sillón de San Martín se cuadraron ante Alfredo Cornejo.

Todos los precandidatos radicales que se habían anotado para el Sillón de San Martín se cuadraron ante Alfredo Cornejo.

Las ronchas

Lo concreto es que un molesto prurito afecta la epidermis política de Cambia Mendoza. Las ronchas así lo delatan. "Es algo estacional", dicen algunos dirigentes, como remedando a esos médicos que reiteran esa misma cantinela cuando no dan pie con bola para dar un diagnóstico.

Suele decirse que ese tipo de afecciones suele presentarse cuando un partido o coalición que lleva ocho años en el poder tiene la posibilidad de volver a ganar y de llevar esa gestión hasta los doce años. Los que sienten que han quedado rezagados en esos ocho años dicen: "es mi última oportunidad" y se lanzan desbocados a conseguir lo que buscan.

En 2007, tras ocho años de gobiernos de la UCR en Mendoza, encabezados por Roberto Iglesias y Julio Cobos, éste último cortó la racha al sumarse a una polémica sociedad política con el presidente Néstor Kirchner. Eso, que no le gustó al mendocino medio, le costó al radicalismo perder la Gobernación a manos de Celso Jaque quien basó su campaña en una marketinera lucha contra la inseguridad, rubro que había sido el lado flaco de Cleto.

Aquel peronismo

Una situación con tintes parecidos ya la había experimentado en su momento el exitoso peronismo del Equipo de los Mendocinos que gobernó entre 1987 y 1999 con Bordón, Gabrielli y Lafalla. En 1995 el ex gobernador José Octavio Bordón, mentor de la renovación peronista en esta provincia, decidió abrirse del PJ y fundó el partido PAIS para ser candidato presidencial y enfrentar a Carlos Menem, que iba por la reelección.

Tanto Gabrielli, que cursaba su último año de gestión, como Arturo Lafalla, que se aprestaba para ser gobernador, se quedaron en el PJ provincial, pese a tener diferencias con Menem. Decían que había que pelearla desde adentro.

Los memoriosos deben recordar unas declaraciones de Lallafa hechas por TV en las que le advertía a Bordón, mirando fijo a la cámara: "Pilo, dejate de joder". Era una dura contestación ante la insistencia de Bordón para que sus ex compañeros de ruta abandonaran el PJ y lo siguieran a él. Una perlita: entre 1987 y 1991, Bordón no mencionaba a Lafalla como su vicegobernador sino como "mi cogobernador".

Hacer foco

Si bien el remezón que está viviendo Cambia Mendoza no ha afectado los cimientos estructurales de esta coalición provincial, no debería ser minimizado por el radicalismo a la hora de cuidar un poco mejor a los socios.

En la Argentina no termina de afianzarse una verdadera cultura de los gobiernos de coalición, a pesar de que se tiene en claro que no hay otra forma de pelearle el poder a los movimientos de tendencia hegemónica. El peronismo, que se jacta de ser frentista a la hora electoral, es absolutamente unívoco a la hora de gobernar. El radicalismo tampoco suele privarse de esa tentación.

En Mendoza lo tradicional ha sido el partidismo de radicales, peronistas o demócratas cada uno por su lado. La irrupción en 2015 de Cambiemos en el país (hoy Juntos por el Cambio) sigue en etapa de consolidación, aunque a veces pareciera continuar vivo más por el enemigo a derrotar -el populismo kirchnerista- que por una verdadera idea de país republicano.

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