Como si se fuera a casar otra vez, Alfredo Cornejo ha dicho "sí, quiero". El metejón es con la gobernación, un viejo amor. La parentela política y los amigos han salido a mostrarle su apoyo con modales ora sentidos, ora aspaventosos. Y a saludarlo como quien vitorea a un futuro cónsul de la Roma antigua. Sólo les faltó decir ¡Ave, César!
Alfredo Cornejo vuelve: ¡Ave, César! los que van a bancarte te saludan
Lo alaban, le mandan mensajes. Algunos adherentes son sobrios, otros melosos. Hay cierto exceso. Pero es que son muchos meses sin poder definirse entre un destino nacional que aún le es esquivo (nuestro personaje tiene entre ceja y ceja ser presidente de la Nación) o el oasis de Mendoza. Y sus acólitos lo quieren ver otra vez en el Barrio "Cívicus".
Los pretores y tribunos provinciales que se habían anotado en busca del mismo objetivo que Cornejo, bajan la cabeza, colocan rodilla en tierra, deponen sus intenciones y se las ofrecen en actitud de respeto. No hay con qué darle, murmuran. Algunos son sinceros. Cornejo, magnánimo, coloca su espada sobre el hombro derecho de estos hombres y les impone el blasón del reconocimiento.
Y allá van los Livio Tadeo, los Pompeyo Ulpiano, los Cayo Orozco a buscar un nuevo destino bajo el sol cornejista. El Tiberio Petri se resiste y dice que irá a competir en las "PASUS" con el César Cornejo.
Queda por ver cómo reaccionará Escipión De Marchi, que busca romper en Mendoza la sociedad que tiene con Cornejo y Suarez, e ir él también por la apetitosa gobernación. Escipión dice que sus socios radicales tienen estancada esta provincia, mientras las galias de San Juan y Neuquén siguen creciendo.
A la republicana Mendoza que no ha reelegido ningún gobernador desde el retorno a la democracia hace 40 años, todo este mambo le hace surgir algunas dudas.
Cierta plebe local se pregunta si a este actual procónsul no se le irán a subir los humos y querrá hacerse el emperador. Noooo, rebaten desde el ágora que rodea al consulado cornejista. Esas son cosas de populistas que sueñan con "ir por todo", contestan a coro (algunos socarronamente, otros serios).
El hombre del momento cree haber exhibido las credenciales necesarias: liberal actualizado, republicano, con el toque social de un radical argentino, anti populista, adversario férreo del kirchnerismo.
El tribuno peronista Augusto Stevanato ha definido al radical Cornejo como un hombre "con un halo de maldad". Cornejo sabe que la política es uno de los rubros en los que se acepta que ciertas maldades son necesarias.
Viene ahora una etapa de 10 meses en los que el procónsul deberá hacer malabares para no opacar al cónsul en ejercicio, Rodolfo Suarez, quien ha cumplido a rajatabla su rol de gran elector de su sucesor. En esta etapa Suarez necesita no perder autoridad hasta el 10 de diciembre.
Lo de estos dos dirigentes deberá ser un cuidadoso ejercicio de equilibrio político partidario. Habrá que alquilar balcones para ver cómo Cornejo modera su lengua y su hiperactividad para no dejar pagando al más sobrio Suarez.
Un rompecabezas
Dejemos a Roma atrás. El 20 de marzo de este año Cornejo cumplirá 61 años. Ya es abuelo de una beba, de la que si es reelecto gobernador podrá ver más seguido. Está convencido de que esta etapa de su vida política hubiese sido la mejor para ser mandatario nacional. Ni a él ni a los restantes challengers radicales (Facundo Manes, Gerardo Morales) les salieron las cosas como esperaban. La coalición Juntos por el Cambio va a tener otra vez un candidato presidencial del PRO.
Todavía no es la hora para que un radical encabece la fórmula presidencial de JxC. Y en el caso de Cornejo, ni siquiera para ser vicepresidente de Patricia Bullrich. Es que el desacople entre las presidenciales y los comicios provinciales, más el desenganche entre el gobierno local y las intendencias mendocinas, obligaron a todos a adelantar las decisiones sobre candidaturas.
Cornejo se empeña en demostrar que vive a full por y para la política. Sospecha que esa actividad justifica todos los sacrificios. Desde que dejó la gobernación en diciembre de 2019 para asumir como senador nacional su frenesí ha sido puesto en cuidar la coalición opositora y en intentar que la UCR sea un partido liberal, moderno, en las antípodas del populismo kirchnerista.
Dice estar convencido de que el kirchnerismo no es de izquierda, sino un reservorio del peor conservadurismo. Y combate la idea de que el liberalismo sea de derecha. Por el contrario, asegura que el liberalismo es más progresista y transformador que cualquier experimento populista, sea de izquierda o de derecha.
Está ganado, además, por la lectura, no sólo de política, sociología o ensayos sino también de novelística. Hace tiempo que se propuso crear "una narrativa" para oponer al relato de los kirchneristas. Para algunos lo está logrando lentamente, para otros esa pulseada no ha hecho más que subirlo a la grieta que pretende desandar.
Dicen que le fascina que se diga de él que es un transformador, que reactiva la gestión, que toma decisiones, que mete mano en los vericuetos más tapados del entramado estatal. También que promueve mejoras en los otros poderes del Estado. Por esto último ha sido cuestionado de no haber tenido algunos frenos para no traspasar la independencia de los poderes. El peronismo y el demarchismo lo acusan de no dialogar y de querer imponer manu militari sus puntos de vista.
¿Lo tendremos en 2027 peleando otra vez por la presidencia del país o el guerrero se llamará a reposo? ¿Si los mendocinos le aprueban volver al Sillón de San Martín, qué tipo de gobernador tendremos? ¿Uno ejecutor a ultranza sin consultar a nadie? ¿O un hombre de Estado en la plenitud que deje enseñanzas y que no le tema al acuerdo y al pacto?



