Análisis y opinión

Hay Cristina Kirchner para un buen rato en la Argentina

No existen nuevos liderazgos en el peronismo que amenacen -por ahora- la hegemonía de Cristina. El peronismo republicano sigue hibernando

Por lo pronto, todavía le queda un año de su mandato popular como vicepresidenta, lo que en la Argentina es una eternidad. Y después de eso habrá bastante tiempo de influencia política. La militancia que banca a muerte a Cristina nunca aceptará que hubo corrupción kirchnerista. El militante político, como el religioso, no está para hacer ninguna introspección ni autocrítica.

Hace poco, en un acto de la UOM ella prometió, con ese tono autorreferencial que es su marca de fábrica, que iba a hacer todo lo que tuviera que hacer "para recuperar la felicidad del pueblo". ¿Por qué no lo hizo en estos tres años de vicepresidenta del Frente de Todos en los que tuvo un amplio poder de veto sobre las medidas que tomaba el presidente Fernández?

No hay nuevos liderazgos en el peronismo que amenacen -por ahora- la hegemonía de Cristina. El peronismo republicano sigue hibernando y en estado catatónico, incapaz de moverse con cierta autonomía. Y todo gira alrededor de ella. Le tienen miedo, por más que por lo bajo la cuestionen.

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Los mariscales

A las pocas horas de haber sido condenada a seis años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos, Cristina Kirchner rescató una frase de Napoleón y la adaptó al ideario siempre epopéyico y teatral del peronismo kirchnerista. La frase original dice "todo soldado francés lleva un bastón de mariscal en la mochila".

La versión actual es "todo militante peronista lleva un bastón de mariscal en la mochila". Fue dicha por ella en Ensenada, ante dirigentes bonaerenses que habían acudido a reivindicarla. Y sugiere, con trazos de inspiración evitista, que los militantes apasionados recogerán las enseñanzas de la lideresa y las llevarán a la victoria. por más que ella haya sido condenada. Eso del "bastón de mariscal" comenzó a ser repetido de inmediato por el gobernador Axel Kicillof, con ese énfasis forzado del que quiere aparecer como obediente.

De un día para otro habíamos pasado del "operativo clamor", tendiente a instalar a Cristina como precandidata presidencial en 2023, al "no soy candidata a nada, mi nombre no va a aparecer en ninguna lista en 2023". Pero no hay que confundirse. Tenemos Cristina Kirchner por un buen rato.

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La vicepresidenta Cristina Kirchner luego de conocerse el veredicto por el juicio por la obra pública.

La vicepresidenta Cristina Kirchner luego de conocerse el veredicto por el juicio por la obra pública.

El más alocado

Ella explicó que "no voy a someter al peronismo, que me dio el honor de ser dos veces presidenta y una vez vicepresidenta, a que lo maltraten por llevar en el próximo período electoral a una candidata condenada y con inhabilitación perpetua".

La Vice nunca admitirá en público que su vuelta a la Casa Rosada está descartada porque no le alcanzan los votos si se recuesta sólo en el kirchnerismo duro y porque nunca pasará una supuesta segunda vuelta. La otra razón de peso es que este cuarto gobierno kirchnerista ha sido lo más alocado que se recuerde por las improductivas peleas de Alberto Fernández y Cristina.

Ella tiene la responsabilidad de que el peronismo y sus aliados ganen otra vez las elecciones en 2023 como en 2019 "cuando votamos contra las políticas de Macri, no a favor ni en contra de nombres propios. Y eso es lo que tenemos que volver a hacer el año que viene", repite, como si los momentos políticos se pudieran calcar.

En realidad el "operativo clamor" tenía por finalidad desactivar cualquier idea del presidente Alberto Fernández o de algún otro "desubicado" del Frente de Todos de proponer que la dirigencia peronista tuviera la opción de ir a las PASO. Cristina no cree en eso. ¿Para qué está ella que es experta en digitar listas de candidatos y que tiene un visión estratégica de lo que hay que hacer?

Divino poder

¡Ah, nada como aquellos tiempos en que el kirchnerismo manejaba a varios jueces federales a discreción! Cómo olvidar cuando, por ejemplo, Norberto Oyarbide cerró la causa por enriquecimiento ilícito de Néstor y Cristina Kirchner, en 2007-2008, sin haberla estudiado. Años después, en 2018, Oyarbide reconocería, entre lágrimas, que lo había hecho bajo presión de ese matrimonio presidencial, a través de Jaime Stiuso, el tenebroso espía de los servicios de inteligencia del Estado.

El kirchnerismo se rasga las vestiduras contra "la mafia judicial". En algunos casos tiene razón. Los tribunales federales de la avenida Comodoro Py que tratan las causas de corrupción tienen una bajísima eficiencia productiva. Los casos que se resuelven son de un dígito. Y esa sede es un festín de influencias. Lo del viajecito canuto de jueces federales, funcionarios y empresarios de Clarín al paraíso de Lago Escondido, propiedad del multimillonario inglés Joe Lewis, es sólo una prueba.

Cristina dice que hoy la Justicia es un estado paralelo. Debería revisar las trapisondas que se cometieron con la Justicia en la presidencia de Néstor Kirchner y en las dos de Cristina, en todas las cuales se buscó colonizar de funcionarios afines los juzgados y las fiscalías. ¿En cuánto contribuyó el kirchnerismo a engordar ese supuesto "estado paralelo"?

La condena verdadera

A Cristina se le ha permitido traspasar muchos límites. Lo que no ha logrado es hacer realidad esa idealizada "felicidad del pueblo" que ya debería haber proporcionado el Frente de Todos.

En este cuarto gobierno kirchnerista no se ha saneado la economía, la inflación ha seguido desbocada, no hay generación de empleo genuino, la pobreza se enseñorea en el 40%, no se ha bajado el gasto estatal improductivo ni tampoco la informalidad laboral. Buena parte de los ímpetus de este Gobierno han estado en armar un escudo protector contra las causas judiciales que afectan a Cristina.

Cristina estará resguardada un año más por los fueros que le confiere su cargo de vicepresidenta. Pero luego no irá a prisión efectiva porque apelará el fallo ante la Corte Suprema y eso es un proceso que dura años. Como ella misma lo ha dejado traslucir, su resquemor va por el lado del impacto político que esto pueda tener. Ella misma lo tradujo así: "La verdadera condena es la inhabilitación".

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