Análisis y opinión

Las ensoñaciones de Cristina Kirchner, en "primera persona"

Cristina nos enseña que lo importante es seguir en el candelero, ser el centro y ver cómo los demás actores giran en torno de uno

Aquí estoy. Pongan atención a mi sonrisa. ¿Doy canchera, no? Miren mi camisa, inmaculada. El blanco, garpa. ¿Y el jean, qué tul? Después de dos meses sin salir a escena tras el atentado, debía esmerarme para el acto en la UOM, en Pilar. Es conurbano, pero paquete.

Estuve analizando los videos y las fotos del acto. Parezco serena. El pelo me quedó muy bien y el maquillaje tuvo el tono justo. Traté de no estar pintada en "modo puerta" como otras veces.

Es bueno verse así, tranquila, pacífica. Hablé 40 minutos, se me fueron volando. Alcancé a ver a Amado Boudou sentado en las primeras filas. ¿Quién lo invitó? Se esmeraron los compañeros de la UOM con la estética del escenario. Bien ahí. Todo azul con letras blancas. Nada de brocha gorda. Además, los dos dirigentes que me acompañaron en la mesa central del escenario no desentonaron con su look. No eran los típicos gordos.

Hubo buen pique entre los comentaristas de la actualidad. Dejaron en claro que había un cambio en mi estrategia discursiva. Me gustó la contundencia de algunas frases que dije, sobre todo: "voy a hacer lo que tenga que hacer para recuperar la alegría del pueblo". La primera parte de la frase parece de una mandona, pero el remate la endulza. Tiene ecos de Evita.

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¡Y se va la tercera!

No puedo negar que alguna fibra íntima se me movió cuando escuché los cánticos de "Cristina Presidenta". Todo suma. Qué bueno que estuvo el domingo pasado poder ver a Lula festejar su triunfo con una gorra que decía CFK 2023. Se la llevó mi gente que fue a celebrar al búnker de Lula el mismo domingo, un día antes de que fuera Alberto. ¿No quedó medio atolondrado para la investidura del presidente argentino eso de salir corriendo a Brasil?

Yo estoy convencida de que en los doce años de kirchnerismo fuimos un pueblo feliz, sobre todo en mi segunda presidencia donde recuperamos el salario, hasta que llegó Macri. Me gustó cómo quedó esa idea en mi discurso en la UOM. También lo que dije de Massa. Se los recuerdo: "el ministro de Economía está haciendo un gran esfuerzo administrando las consecuencias de lo que pasó". Yo quiero ser absolutamente sincera. Nunca miento.

¿Vieron que en el acto de Pilar traté de no hacer mención a Alberto Fernández? Algunos me dicen: fue una decisión genial. Si lo critico, se enojan. Si lo ignoro, también. Preferí llamar a la concordia, pero con mis formas. Yo te suelto un poco la piola, pero detrás viene el llamado de atención. No es ni bueno ni malo. Es estilo.

A decir verdad, sí lo mencioné una vez a Alberto. Fue para justificar mi decisión de llevarlo como candidato a presidente en 2019. En aquel momento yo tenía una responsabilidad vital: que el peronismo ganara las elecciones. Había que decidir en un escenario internacional complejo. Y ganamos. Que después haya salido mal es otro cantar.

La acusada

No iba a privarme en el acto gremial de darle con un caño al Partido Judicial. Para los jueces y fiscales, yo sólo puedo ser la acusada, nunca la víctima. Varios de los involucrados en la operación que intentó matarme ya están sueltos. No eran indignados, era gente pagada por empresarios que se identificaron con el macrismo que endeudó a la Argentina.

También aproveché para ponerle un poco de miel a la pelea dentro de la UOM. Abel Furlán es titular del gremio desde marzo pasado. Le ganó las elecciones al histórico Antonio Caló. Ahora, en este acto estuvieron los dos. Cuando algunos furlanistas empezaron a abuchear a Caló, los mandé a callar. Y les dije que tanto en los gremios como en el Frente de Todos debemos estar más juntos que nunca.

Vi con agrado que los periodistas, tanto los de la prensa hegemónica como los nuestros, coincidieron en rescatar que dejé una puerta abierta para volver a la presidencia del país. Ni yo sé si eso será posible o si me conviene. Lo importante es seguir en el candelero, ser el centro y ver cómo los demás actores giran en torno de uno. Y claro, tener la última palabra.

Conmovidos

También me parece que quedó bárbaro cuando dije que la sociedad debe organizarse tras un proyecto de país que recupera la ilusión, la fuerza y la alegría de nuestra gente. Los liberales y los contras de variado pelaje se ponen como locos cuando decimos cosas como esas. Lo ven como palabrería berreta. Me encantó cuando en Página 12 uno de los editores de Política, Felipe Yapur, escribió que al finalizar mi discurso "nadie pudo evitar conmoverse" en el miniestadio de Pilar.

Creo que estuve bien cuando señalé que no me arrepiento de haber puesto a Alberto como candidato a Presidente. Joder, yo tenía la responsabilidad de que el peronismo ganara las elecciones. Votamos contra las políticas de Macri no a favor ni en contra de nombres.Y eso es lo que tenemos que volver a hacer el año que viene.

Lo esperaba, cómo que no, pero no pude menos que hacerme la sorprendida por las reacciones de los que me quieren ver como presidenta por tercera vez. Hugo Yasky, de la CTA, dijo que es un sentimiento que crece de manera abrumadora y ya es imposible de ocultar. ¿Nada mal, no?En cambio el pelotaris de Parrilli lo quiso minimizar diciendo que aún no era momento de hablar de candidaturas.

Algunos pavos dicen que no termino de encontrar mi hoja de ruta. ¿De qué hablan? Esto no es Suiza. En Argentina, a la tranquera te la corren todos los días. Dicen que sigo usando los gráficos nostalgiosos de cómo recuperamos el salario en mi segunda presidencia.

¿Por qué creen que apelo a frases fuertes, como "haré todo lo que tenga que hacer para que vuelva la alegría?". Para algunos serán conceptos sentenciosos. Para mí son tan necesarios como respirar. Abro la boca y les doy a los editores de los diarios los títulos principales del día.

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