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Análisis y opinión

El gato de Laura Alonso y otras tonterías soñadas

Editado por Manuel De Paz
mdepaz.2015@gmail.com

Ha empezado a meter miedo la enorme cantidad de pavadas disfrazadas de noticias que hay que sortear a diario en muchas redes sociales para cumplir con la tarea cotidiana de estar informados.

Son como los daños colaterales de una guerra. Esos con los que matan a civiles y los asesinos aducen que no hubo más remedio.

Nadie puede creer que sea una noticia el siguiente título con el que me topé por estas horas en  un sitio específico de temas políticos: "Laura Alonso encontró un gato perdido en la Oficina Anticorrupción".

Tal estupidez estaba presentada con un gran despliegue como si estuvieran anunciando al ganador de las recientes elecciones presidenciales. Y con dos fotos. Una del gato y otra de la funcionaria. ¿Y el criterio? ¿Lo rifaron?

Laura Alonso, que debería usar Twitter para anunciarnos la detección de choreos y otras desprolijidades de los políticos, había dedicado su precioso tiempo laboral no solo para anunciar al país que en su Oficina había un gato perdido, sino para aleccionarnos sobre las virtudes de los mishi, y en una segunda entrega para darnos la alegría de que el gato era de la panadería de la esquina y ya estaba con sus dueños.

Por el piso

¿Sabe qué? Estoy esgunfio con que me vendan gato por liebre. Que me pongan de título "Mirtha Legrand sufrió una brutal caída" y que en realidad sea uno el que caiga como un reverendo pelotudo. 

La Legrand no fue víctima de ningún golpe. La "brutal caída" fue que otra vez perdió en el rating contra Andy Kusnetzoff.

Las convenciones señalaban hasta no hace mucho tiempo que había un "contrato" no escrito de respeto intelectual entre editores y lectores.

Ese chiste de la Legrand nos lo podían hacer en una revista satírica o en una de humor, o en la sección light de un diario serio. Carlos Reymundo Roberts, en La Nación, o Alejandro Boresztein, en Clarín, hacen humor político y muchas veces es lo mejor del día en esos medios. La primera de esas columnas se llama "De no creer" y la del hijo de Tato Bores "Humor Político". Todo claro y respetuoso.

En el viejo diario Crónica, el que creó y dirigió Héctor Ricardo García, había una sección en la contratapa, con un título magistral: "La Pavada". En esa sección se descargaban todos los chismes que rondaban por los canales de televisión, las radios y los diarios sobre la fauna artística. Y la mayoría de esas pavadas solían ser primicias. Era un gusto leerlas. La Pavada no engañaba.

Quedate y mentimos juntos

También podría sumarse a la lista de daños colaterales al periodismo lo que hacen algunos sitios con el sólo objeto de que los lectores permanezcan más tiempo dentro de una noticia y eso quede registrado.

Para ello se basan en un nuevo axioma denominado "me cago en el periodismo" que consiste en hacer todo lo contrario de lo que los periodistas han burilado desde el comienzo de esta actividad: esto es, la de resumir en los primeros párrafos de una noticia los datos esenciales, para luego ejercer con  habilidad narrativa todo lo complementario.

Así es como nos presentan, por ejemplo, una noticia "bomba" sobre alguien muy popular (El secreto oculto de Pepe Honguito) y en lugar de ir al grano, se van por las ramas contándonos primero quién es Pepe Honguito y cómo ha sido su carrera (como si no lo supiéramos) y recién en el décimo párrafo nos largan la supuesta primicia que no es otra cosa que una fenomenal pedorrada.

Que no se quejen los editores de algunos sitios web poco serios si en un futuro no lejano sus lectores les hacen un "parate" como el de los chilenos al presidente Piñera. Ello ocurrirá si los siguen agarrando para el churrete.

 

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